CSR-PCO: Declaración Sobre Ucrania

Corriente Socialista Revolucionaria – El Topo Obrero (Venezuela) y Partido de La Causa Obrera (Argentina), 12-05-2014, http://csr-eltopoobrero.org/?p=4784

 

Note of the RCIT: Below we publish a statement of two organizations – the Corriente Socialista Revolucionaria – El Topo Obrero (Venezuela) and the Partido de La Causa Obrera (Argentina). We see it in broad agreement with the line of the RCIT except that the comrades are discussing the issue if Russia can be considered an imperialist power (as the RCIT believes).

 

Antecedentes

Las manifestaciones en la Plaza Maidán, que comenzaron en noviembre del año pasado, reclamaban la firma de un tratado de libre comercio (llamado Acuerdo de Asociación) con la Unión Europea. Protagonizadas por sectores de las clases medias acomodadas de la capital (Kiev) reflejaban su ilusión de salvarse de la crisis apelando a esta relación con el imperialismo europeo occidental. La represión por parte de la policía del gobierno del proruso Yanukovich contra estas manifestaciones, contrariamente a lo buscado, provocó el repudio generalizado y la incorporación a las movilizaciones de miles de ucranianos, que rechazaban no solo los ataques a las libertades democráticas, sino también y sobre todo la desocupación y los padecimientos sociales consecuencia del hundimiento de la economía Ucraniana.

Efectivamente, la crisis económica mundial se cobraba en Ucrania una nueva víctima que como antes Grecia, España, etc., caía en el profundo pozo de la depresión, con un derrumbe de más del 15% de su PBI. Sin embargo, la espontaneidad de las masas populares y las expectativas de la clase media en encontrar la salvación arrojándose a los brazos del imperialismo europeo, le dieron la hegemonía política a los partidos de derecha (como el partido Patria de Yulia Timoshenko), a los que se sumaron los grupos fascistas que actuaron como grupos de choque contra el gobierno de Yanukovich. Así, el justo repudio al gobierno corrupto de Yanukovich que privilegiaba a la oligarquía vinculada a los capitales rusos, fue capitalizada por los partidos burgueses que pretenden entregar a los trabajadores y el pueblo ucraniano a la explotación del imperialismo europeo y norteamericano, actuando como sus agentes y socios menores en las ganancias.

Tras la caída de Yanukovich, el gobierno interino de Turchinov, al cual fueron incorporados varios ministros de los grupos fascistas Svoboda (Libertad) y Pravy Sektor (Sector de Derecha), comenzó la implementación del plan de ajuste que el FMI y el imperialismo europeo pusieron como condición para aportar unos 17 mil millones de dólares destinados al “salvataje” de la economía ucraniana. Una devaluación de la moneda del 50%, aumentos de las tarifas del gas y la electricidad, medicamentos, y de todos los productos esenciales del consumo popular.

Este nuevo golpe a la situación ya insoportable que vivían las masas ucranianas, así como el reemplazo de los gobiernos provinciales por conocidos y repudiados oligarcas, y la derogación de la ley que considera al idioma ruso como segunda lengua oficial, terminaron por detonar el repudio y la movilización de los trabajadores y el pueblo de las regiones del sudeste ucraniano. Este sector de la población que habla mayoritariamente la lengua rusa y cuyas tradiciones culturales y sus vínculos comerciales están más relacionados con Rusia, se sintieron avasallados por el nuevo gobierno al que no reconocen.

Crimea, antiguo e histórico territorio ruso, cedido en 1954 por Krushchov a Ucrania, que además contiene la principal base militar rusa en el Mar Negro, fue ocupada por Rusia, y con el apoyo popular manifestado por una muy amplia mayoría en un referéndum, fue incorporada a ese país.

Hasta allí las cosas parecían conformar a todas las potencias intervinientes. EE-UU y UE consiguieron un gobierno favorable a sus intereses que debería ser ratificado en una votación el 25 de mayo. Rusia lograba mantener su base militar. Alemania -que tiene grandes inversiones e intereses geopolíticos comunes con Rusia, además de depender de sus provisiones de gas como el resto de Europa-,  llegado a este punto actuó de mediador para lograr un status quo. La prueba del avance de las negociaciones en curso y del acuerdo que se estaba forjando la daban las “sanciones” que tanto Europa como Estados Unidos imponían con cuentagotas, no a Rusia en general sino a determinadas personas vinculadas al gobierno de Putin. Sin embargo la intervención de los trabajadores y el pueblo de la región oriental cambiaron radicalmente la situación.

La rebelión se extiende en el este y sur de Ucrania y proclama las repúblicas populares del Donbass (Lugansk y Donetsk)

Es poco conocido que en la zona minera del Donbass el año pasado los obreros tomaron las minas exigiendo mejores condiciones de trabajo, lo cual preanunciaba que la situación ya estaba al borde del estallido. El alza generalizada de los precios fue el principal detonante.

El pueblo del sudeste ucraniano se levantó contra el gobierno provisorio de Kiev. De las manifestaciones callejeras avanzaron a la ocupación de edificios gubernamentales y en Lugansk y Donetsk  anunciaron la creación de sus propias repúblicas populares.

De las tomas participaron tanto la población insurreccionada, como grupos armados formados por ex miembros de las fuerzas especiales de la policía (que habían sido dados de baja por el nuevo gobierno de Kiev) y tropas del ejército que desertaron. Así como la clase media de Kiev cree que su situación económica puede mejorar si Ucrania se subordina a la Unión Europea, la población del sur y el este de Ucrania cuyos lazos económicos y culturales son mucho más estrechos con Rusia, tienen la ilusión de que la relación con este país es la única que les puede permitir escapar al duro ajuste que promueven el FMI y la UE.

Pero el pueblo Ucraniano no debe confiar ni en las fuerzas pro imperialistas llámense Unión europea o los EEUU, o pro capitalistas rusas.

El gobierno de Putin no tiene ninguna intención de intervenir militarmente en apoyo de un movimiento que no controla. Se conforma con la anexión de Crimea y negocia con EE-UU y Alemania que -a lo sumo- le sea reconocida una cierta autonomía a las regiones rebeldes.

En todo caso prefiere sacrificar los intereses del sudeste ucraniano, para conservar su base militar en Crimea, como quedó demostrado con el acuerdo entre Rusia, el gobierno de Kiev y el imperialismo yanky y europeo en Ginebra el 17 de abril, en el cual llamaba al desarme de todas las organizaciones armadas “ilegales”, a la desmovilización del pueblo y a entregar los edificios gubernamentales ocupados a “sus legítimos dueños”, siendo que estos son los oligarcas odiados por el pueblo nombrados por la “junta de Kiev”, otra de las causas que dieron impulso a la revuelta. Y esta capitulación de Putin, hecha sin ningún tipo de consulta en nombre del pueblo sublevado del Donbass, solo tenía como contrapartida una vaga promesa de reforma constitucional que reconozca sus aspiraciones a la autonomía.

Apoyados en este acuerdo, el gobierno de Kiev lanzó una contraofensiva para recuperar el poder en la regiones del sudeste ucraniano.

Pero el acuerdo, en cuya discusión no participaron, fue rechazado por el pueblo de Donetsk y cuando fueron confrontados por la población enardecida, los tanques enviados por Kiev se negaron a reprimir.

El gobierno de Kiev, ante las muestras de debilidad de las fuerzas armadas por retomar rápidamente el control de las provincias rusófilas del sur y el este del país, ha mandado bandas de asalto fascistas para enfrentar la rebelión de las masas, las cuales incendiaron “La Casa de los Sindicatos” (en Odessa) asesinando a 43 e hiriendo a más de 170 personas que se habían refugiado en la misma, tras duros y desiguales enfrentamientos en las calles.

Ante el repudio mundial y en un intento de aproximación a los pueblos rebeldes del sudeste, ahora sale el gobierno norteamericano -quien ha tomado ventaja en su puja por el control del nuevo gobierno de Kiev ante sus pares de la Unión Europea- a pedir una investigación a fondo de los hechos, cuando fue el propio director de la CIA,  John O. Brennan quien viajó a Ucrania para instruir sobre esta ofensiva.

Por la unidad de la clase obrera europea y rusa contra la explotación y la opresión de las burguesías y el imperialismo

El gobierno de Kiev ya ha enviado al ejército y a sus bandas fascistas (ahora incorporadas a la Guardia Nacional) contra varias ciudades del sudeste (Slaviansk, Mariupol, Odessa). Las tropas siguen al acecho y volverán al ataque en cualquier momento, porque Kiev no está dispuesto a reconocer la voluntad separatista de estas regiones, por más masivamente que se haya expresado en el referéndum. La ofensiva contrarrevolucionaria sólo podrá ser derrotada si se centralizan  las milicias armadas constituidas por el pueblo en las ciudades insurrectas. Las primeras deserciones producidas en el ejército regular ucraniano hay que profundizarlas con la multiplicación de la propaganda y la agitación revolucionaria a las bases del ejército en toda Ucrania, a la par de demostrar con las milicias que se está dispuesto a combatir hasta la victoria total. También deben llamar a los trabajadores rusos a que formen comités de apoyo, se movilicen y le reclamen al gobierno de Putín que demuestre que realmente es solidario con el pueblo rebelde ucraniano y les entregue armamento y municiones suficientes para resistir y ganar la batalla al gobierno de Kiev; a los soldados rusos a pasar armamentos de todo tipo a los rebeldes ucranianos. Sin esperar a que esto ocurra deben llamar a los trabajadores rusos mismos a buscar las vías para hacerles llegar las armas que puedan conseguir.

Apoyamos decididamente el derecho de los pueblos del sudeste de Ucrania a su autodeterminación y a que decidan si quieren convivir como una república independiente o en Federación con Ucrania o con Rusia.

Pero la lucha por el derecho a la autodeterminación de las regiones del Donbass y el sur de Ucrania no está motivada solamente por causas étnicas o culturales, sino principalmente por la creciente miseria y desocupación a la que son sometidos para hacerles pagar con una mayor explotación la crisis del capitalismo ucraniano y del imperialismo europeo y mundial. Con la separación y la federación con Rusia no escaparán a este problema porque el gobierno capitalista reaccionario de Putín aplicará contra el pueblo ucraniano la misma amarga medicina de opresión y explotación para sostener las ganancias de sus grandes burgueses. Para encontrar una salida a la crisis favorable a los intereses de los trabajadores ucranianos, la clase obrera del sudeste necesita crear sus propios organismos democráticos que les permitan centralizar la lucha y ocupar el lugar de vanguardia de todo el pueblo levantando un programa de medidas anticapitalistas que marquen el camino hacia el socialismo.

Un programa obrero y antiimperialista que incluya el no pago de la deuda externa adquirida con la banca imperialista de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional; la expropiación sin pago y bajo control obrero de la banca, la gran industria (apropiadas  por los ex burócratas del PC, transformados después de la restauración capitalista en la nueva oligarquía burguesa aliada a los capitalistas rusos ó a los imperialistas de la UE y de los EEUU) y todas las tierras cultivables (y entre ellas las tierras entregadas a la Monsanto y otras transnacionales).

La lucha de los trabajadores y los pueblos de Ucrania solo puede tener perspectiva de victoria si se vincula orgánicamente a la lucha de los trabajadores de la UE y da impulso a la lucha de los trabajadores rusos, contra sus gobiernos burgueses.

El pueblo ucraniano que está en la línea de Kiev ya está viviendo también el paquetazo económico que el FMI ha ordenado imponer para que le sean cancelados los “préstamos” que significan un golpe más duro que el recibido por los trabajadores griegos. Hay que ganar para este programa obrero en primer lugar a los trabajadores del sector oriental y a las capas medias plebeyas, llamándolos tanto a ellos, como así también a los trabajadores de la UE y Rusia a luchar juntos, contra los planes de austeridad que imponen tanto el Banco Central Europeo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Ucrania y en toda Europa, como el gobierno de Putín en Rusia.

Este programa obrero, el único que puede derrotar la política imperialista para terminar con la miseria, la desocupación y la opresión, no se puede aplicar dentro de los marcos del capitalismo por eso la lucha debe culminar en la instauración de un gobierno obrero y popular basado en consejos de delegados obreros y populares que luche por una Ucrania Socialista, en la que se respeten los derechos de las minorías nacionales y ¡POR LA FEDERACIÓN DE LAS REPÚBLICAS SOCIALISTAS DE EUROPA y RUSIA!

Para impulsar esta lucha es vital construir el partido leninista de combate, el partido de la clase obrera ucraniana, del partido de la clase obrera europea y rusa que tiene que ser parte del partido mundial de la revolución socialista.

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