Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias (Capítulo XIII.)

LIBRO: Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias

Los factores detrás de la Rivalidad acelerada entre los E.U, China, Rusia, la U.E y Japón. Una crítica del análisis de la izquierda y una semblanza de la Perspectiva Marxista.

La CCRI publicó este libro en Enero de 2019. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

Nota del Comité Editorial: El siguiente capítulo contiene varias figuras. Debido a razones técnicas, estas solo pueden verse en la versión PFD del libro, el cual puede descargarse aquí.

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

 

XIII. El proletariado como clase internacional

 

 

 

El programa del Derrotismo Revolucionario significa que la clase trabajadora en los países imperialistas nunca debe defender su “patria”. Esto refleja la fuerte oposición de la clase trabajadora contra el estado imperialista. Representa el hecho de que no hay ningún interés común entre el proletariado y los oprimidos por un lado y sus amos imperialistas por el otro.

 

Básicamente, esto no significa nada más que la aplicación del programa marxista y los métodos generales de la lucha de clases al terreno de la lucha antichovinista y antimilitarista. Se basa en el axioma de que la clase trabajadora es por su propia naturaleza una clase internacional. Karl Marx y Friedrich Engels lo formularon de la manera más famosa en su Manifiesto Comunista en 1847:

 

Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía." [1]

 

Esta declaración ha provocado muchas protestas y confusión. Los chovinistas de derecha han utilizado estas palabras para difamar a los socialistas como "hombres sin patria" ("vaterlandslose Gesellen" como solían decir en Alemania). Los oportunistas socialdemócratas y estalinistas han interiorizado este prejuicio reaccionario y se esfuerzan por demostrar a la “opinión pública” burguesa que son diferentes a los marxistas, es decir, que se han convertido en leales defensores de su patria imperialista.

 

Otras críticas, a menudo personas progresistas con mejores intenciones que los chovinistas y socialdemócratas, pero no necesariamente con más cerebro, interpretan las palabras de los fundadores del socialismo científico de otra manera distorsionada. Deducen del Manifiesto Comunista que los socialistas no tienen interés en la cuestión nacional y, en consecuencia, se niegan a defender a los pueblos de la opresión nacional.

 

Solo se necesita una pequeña cantidad de conocimiento histórico para comprender que nada podría estar más reñido con la verdad que una mala interpretación. Baste señalar que, al mismo tiempo que Marx y Engels escribían el Manifiesto y lo difundían en el continente europeo, se unían con palabras y hechos para apoyar la lucha de liberación nacional del pueblo polaco. De hecho, la causa de la independencia de Polonia fue uno de los factores más importantes que llevaron a la fundación de la Primera Internacional en 1864 como David Riazanov, el famoso fundador del Instituto Marx-Engels en la Unión Soviética (hasta su persecución por los estalinistas en 1931), señaló. [2]

 

Asimismo, Marx y Engels apoyaron la unificación nacional de Alemania, llamaron a una guerra revolucionaria de Alemania contra la Rusia zarista y se pusieron del lado del pueblo italiano contra el Imperio Habsburgo. Más tarde continuaron con su apoyo incondicional a las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos como, por ejemplo, el pueblo irlandés o los indios que luchaban contra la ocupación británica. [3]

 

A primera vista, esto parece ser una contradicción... pero solo si uno aborda este tema desde un punto de vista formalista y mecanicista. Expliquemos con más detalle el método marxista sobre el internacionalismo y la cuestión nacional.

 

Cuando Marx y Engels afirmaron que "los trabajadores no tienen patria", querían decir que la clase trabajadora no tiene una lealtad "natural" al país específico de su origen. Los trabajadores de este o aquel país extranjero son tan cercanos a ellos como los compañeros de su propio país.

 

La relación de un trabajador consciente de clase con el estado imperialista es similar a la relación con la empresa en la que está empleado. El trabajador tendrá la misma solidaridad con el trabajador de otra empresa (sin importar si las dos empresas son rivales en el mercado o no) que con el trabajador de su empresa. Toda la idea de la solidaridad de los trabajadores y los sindicatos se basa en esta idea fundamental de la naturaleza de clase de los trabajadores.

 

Lo mismo ocurre con la solidaridad de los trabajadores cuando se trata de fronteras, pasaportes y color de piel. El trabajador con conciencia de clase siente el mismo apego al trabajador que vive en otro país, que viene de otro país o que tiene un color de piel diferente que el trabajador que vive en su propio país, que nació en el mismo país o que tiene el mismo color de piel.

 

Lo que constituye nuestra identidad no es el pasaporte o el color de la piel, sino nuestra existencia como clase que enfrenta básicamente las mismas condiciones de explotación y opresión por parte de los capitalistas y su maquinaria estatal. La identidad entre las clases basada en el pasaporte o el color de la piel es el resultado de la manipulación por parte de la clase dominante, sus medios de comunicación y sus predicadores políticos. Solo la identidad de clase, independientemente del pasaporte o el color de la piel, es la verdadera identidad del proletariado y los oprimidos.

 

 

 

Internacionalismo y Liberación Nacional

 

 

 

Entonces, ¿por qué Marx y Engels apoyaron varias luchas nacionales y por qué lo hacemos hoy? Es porque luchamos por la erradicación de todas las formas de explotación y opresión. La opresión nacional es una forma de opresión que sirve a la clase dominante de uno u otro país. Es por eso que los revolucionarios deben apoyar la lucha para aplastar tal opresión nacional.

 

Pero los trabajadores con conciencia de clase abordan tal oposición contra la opresión nacional desde un punto de vista internacionalista. Esto significa que apoyan la lucha por la igualdad nacional de todas las personas oprimidas, independientemente de si estas personas oprimidas viven en el mismo país o en otro, si viven en el mismo continente u otro o si tienen el mismo color de piel u otro. Luchamos contra la opresión nacional porque sabemos que solo la ausencia de opresión puede abrir el camino hacia la libertad y la riqueza para la humanidad y no porque compartamos el mismo pasaporte o color de piel con las personas oprimidas involucradas.

 

Esto es lo que Marx y Engels querían decir en el Manifiesto Comunista y esto es lo que queremos decir cuando decimos que la clase obrera es esencialmente una clase internacional.

 

De esta fundamental comprensión proletaria internacionalista se sigue lógicamente la táctica del Derrotismo Revolucionario. El trabajador consciente de clase en la empresa A no puede apoyar activamente a su jefe para que prevalezca sobre la empresa rival B en la competencia económica. El trabajador consciente de clase de la empresa A buscará contacto con sus colegas empleados en la empresa B para que puedan dejar de jugar uno contra el otro y luchar juntos contra ambos jefes.

 

Asimismo, el trabajador con conciencia de clase luchará contra cualquier posición chovinista de sus colegas que se opongan a que un trabajador migrante pueda incorporarse a la fuerza laboral. Y así, los trabajadores masculinos progresistas rechazarán cualquier oposición contra el empleo de una trabajadora, o los trabajadores mayores rechazarán cualquier oposición contra el empleo de un trabajador joven. Tal oposición contra cualquier forma de chovinismo reaccionario y corporativismo atrasado siempre ha sido un principio básico del movimiento obrero desde los días de la Primera Internacional en los tiempos de Marx y Engels y lo es hoy.

 

También ha sido un axioma para el movimiento obrero revolucionario que el estado capitalista es un cuerpo completamente ajeno que el proletariado no defiende, pero que tiene que ser destruido y reemplazado por un nuevo tipo de estado comunal basado en los consejos y milicias de trabajadores y campesinos pobres. O, para ponerlo en palabras de Lenin:

 

“…el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, revela un extraordinario fortalecimiento de la "máquina del Estado", un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, en relación con el aumento de la represión contra el proletariado, así en los países monárquicos como en los países republicanos más libres.[4]

 

Por eso los marxistas siempre han rechazado las ensoñaciones de reformistas y centristas de que se puede reformar el estado y transformar el capitalismo sin violencia: “La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta.[5]

 

La misma idea ha sido articulada por Nikolai Bukharin, un destacado teórico del Partido Bolchevique:

 

El patrón general de desarrollo del estado es, por tanto, el siguiente: al principio, el estado es la única organización de la clase dominante. Entonces comienzan a surgir otras organizaciones, su número se multiplica especialmente en la época del capitalismo financiero. El estado se transforma de la única organización de la clase dominante en una de sus organizaciones, su distinción es que tiene el carácter más general de todas esas organizaciones. Finalmente llega la tercera etapa, en la que el Estado se traga estas organizaciones y vuelve a ser la única organización universal de la clase dominante, con una división técnica interna del trabajo. Las agrupaciones organizativas que alguna vez fueron independientes se convierten en las divisiones de un gigantesco mecanismo estatal, que ataca al enemigo visible e interno con una fuerza aplastante. Así surge el tipo acabado del Estado ladrón imperialista contemporáneo, la organización de hierro, que con sus garras tenaces y rastrilladoras abraza el cuerpo vivo de la sociedad. Este es el Nuevo Leviatán, al lado del cual la fantasía de Thomas Hobbes parece un juego de niños." [6]

 

En resumen, como dijimos en las Tesis sobre el derrotismo revolucionario, así como los trabajadores de una empresa determinada no tienen intereses comunes con su patrón, la clase trabajadora tampoco tiene intereses comunes con la clase dominante de un estado capitalista dado. Así como los trabajadores quieren debilitar, derrotar y finalmente expropiar a los dueños de “su” corporación, también los trabajadores de un país imperialista determinado desean debilitar, derrotar y finalmente derrocar a la clase dominante. Por estas razones, los trabajadores utilizarán cada conflicto en el que esté envuelto su enemigo de clase para promover sus intereses y fortalecer su poder de lucha.

 

La clase obrera defenderá de todo corazón su patria o sus empresas sólo después de haber derrocado y expropiado a la burguesía imperialista y creado un estado y una economía socialistas. Solo en tales condiciones cualquier patriotismo hacia su país es justificado y progresivo.

 

Lo mismo se aplica a la clase trabajadora de los países semicoloniales que está siendo atacada por las potencias imperialistas o los pueblos oprimidos que luchan contra la ocupación extranjera o una dictadura reaccionaria. En tales casos, la defensa de la patria también es legítima.

 

 

 

Sobre el aristocratismo y la aristocracia obrera

 

 

 

Terminaremos este capítulo discutiendo brevemente un argumento que algunos sectores de los socialistas plantean contra nuestra teoría. Existe la crítica de que la unidad internacional de la clase trabajadora entre los países imperialistas y semicoloniales no es posible ya que los capitalistas monopolistas sobornan a toda la clase trabajadora en los países imperialistas.

 

Es la posición marxista clásica, que la CCRI/RCIT ha defendido y elaborado en varios documentos, de que la capa superior del proletariado en los países imperialistas es efectivamente sobornada por la burguesía. [7] Sin embargo, pensamos que sería una exageración superficial y errónea imaginar que la masa de los trabajadores en los países imperialistas ha sido sobornada. Cierto, hasta cierto punto la masa de los trabajadores de los países imperialistas se beneficia de la superexplotación del mundo semicolonial, por ejemplo, de la importación de bienes de consumo baratos como ropa, televisión o teléfonos móviles. Esta no ha sido la primera vez en la historia del capitalismo. Por ejemplo, como resultado de su papel hegemónico mundial como potencia colonial, el capitalismo británico disfrutó de una deflación de precios en el último trimestre del siglo XIX. Theodore Rothstein, un publicista ruso-judío residente en Gran Bretaña, partidario de los bolcheviques y líder del ala izquierda del Partido Socialista Británico, elaboró en su libro sobre la historia del movimiento obrero en Gran Bretaña el importante papel de la deflación de precios en el fortalecimiento del reformismo y la política del colaboracionismo de clases en la clase trabajadora y, por ende, en la burocracia obrera. [8]

 

Pero esto debe ser matizado frente a las desventajas de la globalización capitalista para la masa de trabajadores en los países imperialistas. La subcontratación de la producción, la depresión de los salarios a causa del comercio internacional y la migración, etc., todo esto perjudica a los estratos bajos y medios del proletariado en los países imperialistas.

 

Como hemos mostrado anteriormente, la masa de la clase trabajadora -la mano de obra de baja y media calificación- en América del Norte, Europa Occidental y Japón han perdido ingresos masivamente en la última década y solo el estrato superior, a menudo parte de la aristocracia obrera privilegiada, ha podido aumentar su participación en los ingresos. Pero es esta mano de obra de baja y media cualificación la que constituye la mayoría del proletariado, incluso en los viejos países imperialistas.

 

En la Tabla 27 vemos que el 60,7% de la fuerza laboral de los viejos países imperialistas pertenece a los sectores de baja y media calificación. (La participación de los estratos bajos y medios de la fuerza laboral mundial es aún mayor con un 82%). Si tenemos en cuenta que no toda la fuerza laboral es parte de la clase trabajadora (solo tenga en cuenta la capa intermedia asalariada entre la cual una proporción desproporcionada es altamente calificada), podemos ver que una mayoría decisiva de la clase trabajadora en los viejos países imperialistas no pertenece al estrato superior del cual un sector significativo es parte de la aristocracia laboral sobornada.

 

 

 

Tabla 27: Proporción del empleo por ocupación amplia (cualificación), mundo y regiones, 2013 [9]

 

Región del mundo                                                           Baja cualificación             Media cualificación         Alta cualificación

 

Total mundial                                                                          16,0%                                    66,0%                                    18,0%

 

Economías desarrolladas                                                     9,8%                                       50,9%                                    39,3%

 

Europa central y sudoriental                                             14,1%                                      52,4%                                    33,5%

 

Asia oriental                                                                             8,2%                                       79,7%                                    12,1%

 

Sudeste de Asia y el Pacífico                                              22,0%                                     65,6%                                    12,4%

 

Asia meridional                                                                     27,7%                                     58,5%                                    13,8%

 

América Latina y el Caribe                                                 19,0%                                     61,3%                                    19,8%

 

Medio Oriente y África del Norte                                     12,0%                                     65,7%                                    22,4%

 

África subsahariana                                                            16,2%                                     79,2%                                    4,6%

 

 

 

En nuestra opinión, se puede decir que si bien la aristocracia obrera tiene algunos intereses a corto plazo (pero no fundamentales ni históricos) en mantener el capitalismo, este no es el caso de la masa de trabajadores en los viejos países imperialistas. No tienen ningún interés en defender el sistema capitalista. Su interés es unirse a la gran mayoría del proletariado mundial que vive en los países imperialistas emergentes y semicoloniales y luchar juntos por la revolución permanente para construir el socialismo mundial.

 

Dado que la gran mayoría del proletariado internacional vive fuera de los viejos países imperialistas y que está menos infectado por el mecanismo pacificador de los imperialistas (el peso de las ideologías colaboracionistas de clases del reformismo, la esperanza de ser parte de la “Islas ricas” en un mundo tumultuoso, las técnicas sofisticadas de un mundo mediático manipulador e integrador, etc.), está claro que el foco de la lucha de clases internacional y de la clase obrera mundial está fuera de los viejos países capitalistas. En otras palabras, el enfoque se ha trasladado tanto al Sur como a nuevos países capitalistas con un proletariado poderoso como China.

 

De esto se sigue también el papel específico e importante de los migrantes, ya que vienen del Sur y viven ahora en América del Norte, Europa Occidental o Rusia. Pueden desempeñar el papel de cables de transmisión entre las dos partes del mundo: pueden llevar el espíritu combativo de sus países de origen al norte y transmitir diversas habilidades y experiencias del norte al sur.

 

 

 



[1] Karl Marx y Frederick Engels: Manifiesto del Partido Comunista (1847), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

[2] Ver, p. David Riazanov: Marx y Engels (1927), La Fundación de la Primera Internacional, Séptima Conferencia.- Fundación de la Primera Internacional, Ed. Claridad, pp. 47-48, https://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Riazanov.pdf

[3] Para el enfoque de Marx y Engels sobre la cuestión nacional, ver p. Roman Rosdolsky: Friedrich Engels y el problema de los pueblos "sin historia", Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1980 ; Michel Löwy: Marxists and the National Question, en: New Left Review 96, marzo-abril de 1976, págs. 81-100; Neil A. Martin: Marxism, Nacionalism and Rusia, en: Journal of the History of Ideas, vol. 29, núm. 2 (abril-junio de 1968), págs. 231-252

[4] V. I. Lenin: El Estado y la Revolución (1916), Capitulo II La experiencia de los años 1848-1851, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja3.htm

[5] V. I. Lenin: El Estado y la Revolución (1916), Capitulo I La Sociedad de Clases y el Estado, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja2.htm. Ver también, “La revolución proletaria es imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin sustituirla por otra nueva, que, según las palabras de Engels, “no es ya un Estado en el sentido propio de la palabra.” (V. I. Lenin: La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky, Fundación Federico Engels, p. 17, https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_renegado_kautsky.pdf). La posición de Lenin, que se ha convertido en el fundamento de la teoría marxista de la revolución (a pesar del rechazo de los revisionistas del pasado y del presente que creen en la posibilidad de una transformación pacífica al socialismo como Kautsky en el siglo pasado y el CIT de Peter Taffee o el CMI de Alan Woods hoy ), se basa en el análisis de Marx y Engels. Ver, por ejemplo: “El Poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura -- órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo --, procede de los tiempos de la monarquía absoluta y sirvió a la naciente sociedad burguesa como un arma poderosa en sus luchas contra el feudalismo (…) por otra parte, su carácter político cambiaba simultáneamente con los cambios económicos operados en la sociedad. Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase.” Karl Marx: La Guerra Civil en Francia (1871), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm) “Este poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática militar, con su compleja y artificiosa maquinaria de Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres, este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar. Los privilegios señoriales de los terratenientes y de las ciudades se convirtieron en otros tantos atributos del poder del Estado, los dignatarios feudales en funcionarios retribuidos y el abigarrado mapa muestrario de las soberanías medievales en pugna en el plan reglamentado de un poder estatal cuya labor está dividida y centralizada como en una fábrica. la primera revolución francesa, con su misión de romper todos los poderes particulares locales, territoriales, municipales y provinciales, para crear la unidad civil de la nación, tenía necesariamente que desarrollar lo que la monarquía absoluta había iniciado: la centralización; pero al mismo tiempo amplió el volumen, las atribuciones y el número de servidores del poder del Gobierno. Napoleón perfeccionó esta máquina del Estado. La monarquía legítima y la monarquía de Julio no añadieron nada más que una mayor división del trabajo, que crecía a medida que la división del trabajo dentro de la sociedad burguesa creaba nuevos grupos de intereses, y por tanto nuevo material para la administración del Estado. Cada interés se desglosaba inmediatamente de la sociedad, se contraponía a ésta como interés superior, general (allgemeines), se sustraía a la propia iniciativa de los individuos de la sociedad y se convertía en objeto de la actividad del Gobierno, desde el puente, la escuela y los bienes comunales de un municipio rural cualquiera, hasta los ferrocarriles, la riqueza nacional y las universidades de Francia. Finalmente, la república parlamentaria, en su lucha contra la revolución, viose obligada a fortalecer, junto con las medidas represivas, los medios y la centralización del poder del Gobierno. Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina, en vez de destrozarla. Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación, consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el botín principal del vencedor.” (Karl Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852), Capítulo VII, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum7.htm).

[6] Nikolai Bukharin: Toward a Theory of the Imperialist State (1915), in: Robert V. Daniel: A Documentary History of Communism, Vol. 1, Vintage Russian Library, Vintage Books, New York 1960, p. 85, https://www.marxists.org/archive/bukharin/works/1915/state.htm

[7] Ver, p. Michael Pröbsting: Marxism and the United Front Tactic Today. The Struggle for Proletarian Hegemony in the Liberation Movement in Semi-Colonial and Imperialist Countries in the present Period, RCIT Books, Viena 2016, https://www.thecommunists.net/theory/book-united-front/, Capítulo III.

[8] Ver, p. Theodore Rothstein: Beiträge zur Geschichte der Arbeiterbewegung in England, Vienna 1929, Chapter “Die Periode des Trade Unionismus”

[9] International Labour Office: World Employment and Social Outlook – Trends 2015, pp. 72-89, Supporting Data