Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias (Capítulo XVI.)

 

LIBRO: Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias

Los factores detrás de la Rivalidad acelerada entre los E.U, China, Rusia, la U.E y Japón. Una crítica del análisis de la izquierda y una semblanza de la Perspectiva Marxista.

 

La CCRI publicó este libro en Enero de 2019. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

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XVI. Derrotismo revolucionario como estrategia combinada

 

 

 

En nuestras Tesis sobre el Derrotismo Revolucionario hemos expresado la siguiente idea: “Los dos aspectos fundamentales del Derrotismo Revolucionario -(i) la negativa a ponerse del lado de cualquier bando en los conflictos entre las Grandes Potencias y (ii) el apoyo activo a la lucha de los pueblos oprimidos para para derrotar a los imperialistas- están indisolublemente vinculados entre sí. Las tensiones entre las Grandes Potencias se basan, en gran medida, en el deseo de cada clase dominante de ampliar su esfera de influencia en el Sur a costa de sus rivales. La opresión y la superexplotación del pueblo oprimido está determinada por el impulso de las grandes potencias por el dominio global.”

 

Como consideramos este enfoque como uno de los aspectos más importantes (y a menudo ignorado o mal entendido) de la lucha antiimperialista, queremos desarrollarlo aquí con más detalle.

 

Para empezar, debemos enfatizar nuevamente que la lucha contra el imperialismo, el militarismo y la guerra no es una lucha separada que estaría sujeta a leyes diferentes a la lucha contra otras características del capitalismo. No, el militarismo y la guerra son parte integrante del mismo sistema y, por lo tanto, la lucha contra el imperialismo y la guerra debe llevarse a cabo con los mismos métodos de lucha de clases independiente que en todos los demás campos de la lucha de clases. La Cuarta Internacional, dirigida por León Trotsky, dejó esto muy claro en una resolución adoptada en un congreso en 1936:

 

“La 'lucha contra la guerra' no puede realizarse como algo separado y al margen de la lucha de clases misma, de la lucha intransigente del proletariado contra el capitalismo imperialista, es decir, contra ese orden social que inexorablemente da lugar a la guerra y la opresión imperialistas, y que es inconcebible sin estos flagelos gemelos. Cualquier intento de llevar a cabo una lucha "contra la guerra" por medio de "métodos especiales" separados o "por encima" de la lucha de clases misma es, en el mejor de los casos, una ilusión cruel y, por regla general, un engaño malicioso que facilita el trabajo de los belicistas imperialistas.” [1]

 

Como describiremos en detalle en los capítulos siguientes, los marxistas básicamente distinguen entre dos tipos diferentes de guerras: entre guerras de opresión y guerras de liberación. Las guerras de opresión son guerras de la clase dominante para imponer sus intereses reaccionarios a expensas de los demás, ya sea contra sus rivales capitalistas o contra la clase trabajadora y el pueblo oprimido. Los socialistas nunca podrán, bajo ninguna circunstancia, apoyar tales guerras de opresión.

 

Las únicas guerras que merecen el apoyo de los socialistas son las guerras de liberación. Tales guerras son guerras en defensa de los intereses de la clase trabajadora y del pueblo oprimido. Tales guerras pueden tomar la forma de guerras civiles, por ejemplo, la Guerra Civil Española de 1936-39, la Guerra de la India contra el pueblo de Cachemira, la Guerra de Rusia contra el Pueblo Checheno o la Guerra Civil Siria desde 2011. También pueden tomar la forma de guerras entre estados, por ejemplo, las guerras imperialistas contra la Unión Soviética o contra países semicoloniales (Afganistán, Irak, etc.). Los socialistas están obligados a apoyar al proletariado y al pueblo oprimido en tales guerras y trabajar por la derrota del campo reaccionario.

 

Trotsky resumió la posición marxista sobre las guerras en una declaración para un congreso pacifista en 1932: “Los bandidos capitalistas siempre hacen guerras “defensivas”, aun cuando Japón marche contra Shangai y Francia contra Siria o Marruecos. El proletariado revolucionario sólo distingue entre las guerras de opresión y las guerras de liberación. El carácter de una guerra no se define por las falsificaciones diplomáticas sino por la clase que conduce la guerra y los fines objetivos que persigue con ella. Las guerras de los estados imperialistas, más allá de sus pretextos y de su retórica política, son opresivas, reaccionarias y van contra el pueblo. Sólo se puede caracterizar como guerras de liberación (...)[2]

 

Los marxistas llamamos “defensismo” al programa para defender el bando de la clase obrera y el pueblo oprimido, mientras que al programa para derrotar al campo reaccionario lo llamamos “derrotismo”. Trotsky enfatizó que comprender el verdadero carácter de una guerra y sacar las conclusiones programáticas correctas es una de las tareas más importantes para cualquier organización revolucionaria: “El problema de la guerra, junto al problema de la revolución, es el criterio de un partido revolucionario. Aquí ninguna equivocación es permitida. La decisión de principio es de antemano clara: defensismo y derrotismo son tan incompatibles como el agua y el fuego. Es necesario decir esto primero que todo. Esta verdad debe enseñarse a los miembros del partido.[3]

 

En su definición más general, el programa marxista de derrotismo significa que los revolucionarios continúan la lucha de clases de los trabajadores y oprimidos contra la clase dominante imperialista en tiempos de guerra y rechazan cualquier apoyo al enemigo de clase. Los revolucionarios desean utilizar las condiciones de la guerra para debilitar y eventualmente derrotar al enemigo de clase. Así es como la Oposición de Izquierda, luchando contra los revisionistas estalinistas, formuló la esencia del derrotismo en un documento oficial en 1927:

 

“¿Qué se entiende por derrotismo? En toda la historia pasada del partido, se entendía que el derrotismo significaba desear la derrota del propio gobierno en una guerra con un enemigo externo y contribuir a tal derrota mediante métodos de lucha revolucionaria interna. Esto se refería, por supuesto, a la actitud del proletariado hacia el estado capitalista.” [4]

 

El mismo Trotsky dio una definición más o menos idéntica ese mismo año: “¿Qué es el derrotismo? Es una política que tiene como objetivo contribuir a la derrota del Estado "propio", que está en manos de la clase enemiga.” [5]

 

Rudolf Klement, un líder de la Cuarta Internacional que fue asesinado por la GPU estalinista en 1938, resumió los principios del derrotismo revolucionario en un artículo que fue elogiado por Trotsky:

 

La guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. De aquí que el proletariado debe continuar su lucha de clases en tiempos de guerra, entre otras cosas con los nuevos medios que la burguesía pone a su disposición. Este puede y debe utilizar el debilitamiento de su “propia” burguesía en los países imperialistas para preparar y para llevar adelante de modo implacable su revolución social en conexión con la derrota militar engendrada por la guerra, y tomar el poder. Esta táctica, conocida como derrotismo revolucionario y realizable internacionalmente, es una de las palancas más fuertes de la revolución proletaria mundial en nuestra época, y en consecuencia del progreso histórico.” [6]

 

Los revolucionarios que luchan contra el enemigo imperialista desean utilizar cada crisis -desde recesiones económicas, crisis políticas hasta conflictos militares- con el fin de fortalecer el poder combativo y la conciencia de la clase trabajadora y las masas oprimidas y debilitar, y eventualmente derrocar a las fuerzas armadas de la clase dominante. Por eso los marxistas ven las guerras imperialistas siempre desde la perspectiva de cómo pueden transformarse en una guerra revolucionaria contra los gobernantes imperialistas.

 

 

 

La naturaleza contradictoria del imperialismo como base objetiva del antiimperialismo

 

 

 

Sin embargo, antes de abordar los aspectos específicos del programa del derrotismo revolucionario tenemos que aclarar uno de sus aspectos más fundamentales. El derrotismo revolucionario es una estrategia combinada. Esto significa que combina la lucha antiimperialista contra todas las Grandes Potencias con el apoyo a todas las luchas de liberación de los trabajadores y el pueblo oprimido contra todas las Grandes Potencias y sus representantes. ¡El programa del derrotismo es una estrategia combinada o no es derrotista en absoluto!

 

Por eso Trotsky enfatizó en analizar el carácter de cada conflicto lo más concreto posible y, al mismo tiempo, reconocer las relaciones entre ellos: “Enseñar a los obreros a comprender correctamente el carácter de clase del estado (imperialista, colonial, obrero) así como sus contradicciones internas, permitirá que los obreros extraigan las conclusiones prácticas correctas en cada situación determinada.” [7]

 

Esta estrategia combinada es la única conclusión posible de la teoría marxista del imperialismo. Como hemos demostrado anteriormente, Lenin, Trotsky y otros marxistas prominentes del siglo XX siempre fueron claros acerca de la naturaleza del imperialismo como un sistema donde un pequeño número de monopolios y Grandes Potencias rivalizan entre sí por la dominación del mundo y la explotación de sus recursos económicos. Por lo tanto, el imperialismo, por definición, implica la opresión y explotación de los países y pueblos del Sur dependientes y subordinados por estos monopolios y Grandes Potencias. Reproduzcamos de nuevo la definición de imperialismo de Lenin:

 

Hay que empezar por definir, del modo más exacto completo y posible, qué es el imperialismo. El imperialismo es una fase histórica especial del capitalismo. Su carácter específico tiene tres peculiaridades: el imperialismo es 1) capitalismo monopolista; 2) capitalismo parasitario o en descomposición; 3) capitalismo agonizante. La sustitución de la libre competencia por el monopolio es el rasgo económico fundamental, la esencia del imperialismo. El monopolismo se manifiesta en cinco formas principales: 1) cártels, sindicatos y trusts; la concentración de la producción ha alcanzado el grado que da origen a estas asociaciones monopolistas de los capitalistas; 2) situación monopolista de los grandes Bancos: de tres a cinco Bancos gigantescos manejan toda la vida económica de los EE.UU., de Francia y de Alemania; 3) apropiación de las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera (el capital financiero es el capital industrial monopolista fundido con el capital bancario); 4) se ha iniciado el reparto (económico) del mundo entre los cártels internacionales. ¡Son ya más de cien los cártels internacionales que dominan todo el mercado mundial y se lo reparten "amigablemente", hasta que la guerra lo redistribuya! La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo. 5) Ha terminado el reparto territorial del mundo (de las colonias)”. [8]

 

De esto se deduce que la opresión imperialista y la superexplotación del pueblo colonial y semicolonial son características esenciales del actual sistema mundial:

 

El imperialismo es la opresión creciente de las naciones del inundo por un puñado de grandes potencias (…) Por esta razón, punto central en el programa socialdemócrata debe ser la división de las naciones en opresoras y oprimidas, división que constituye lo esencia del imperialismo v que los socialcliovinistas y Kautsky eluden engañosamente. Esta división no tiene importancia desde el punto de vista del pacifismo burgués o de la utopía pequeñoburguesa de la competencia pacífica de las naciones independientes en el régimen capitalista, pero es esencial desde el ángulo de la lucha revolucionaria contra el imperialismo.” [9]

 

En otras palabras, los monopolios imperialistas y las grandes potencias existen y solo pueden existir a) en rivalidad entre sí y b) oprimiendo y explotando a las naciones oprimidas. Ambos aspectos están relacionados entre sí porque los monopolios y las grandes potencias luchan por obtener más ganancias y poder solo pueden satisfacerse expandiendo su influencia global y participación de mercado a costa de sus rivales y exprimiendo más riqueza de los pueblos oprimidos.

 

Esta naturaleza contradictoria del imperialismo constituye la base objetiva del programa antiimperialista y tiene profundas consecuencias para la lucha revolucionaria. Ya que ambos aspectos están orgánica y objetivamente vinculados entre sí, cualquier estrategia significativa contra las Grandes Potencias debe tomar ambas en cuenta e integrarlas en una estrategia única y unificada.

 

Es por eso que Lenin enfatizó ya en medio de la Primera Guerra Mundial, cuando las Grandes Potencias masacraban a millones de personas en los campos de batalla, la importancia crucial de las luchas de liberación de las naciones oprimidas. Lo hizo a pesar del hecho de que en ese momento apenas hubo levantamientos nacionales de este tipo. Pero Lenin comprendió plenamente la estrecha conexión entre la rivalidad entre las grandes potencias y la opresión imperialista del pueblo colonial y semicolonial. Hizo hincapié en esta conexión en numerosas ocasiones:

 

Desde el punto de vista teórico sería totalmente erróneo olvidar que toda guerra no es más que la continuación de la politica por otros medios. La actual guerra imperialista es la continuación de la política imperialista de dos grupos de gran des potencias, y esa política es originada y nutrida por el con junto de las relaciones de la época imperialista. Pero esta misma época ha de originar y nutrir también, inevitablemente, la política de lucha contra la opresión nacional y de lucha del proletariado contra la burguesía, y por ello mismo, la posibilidad y la inevitabilidad, en primer lugar, de las insurrecciones y guerras nacionales revolucionarias; en segundo lugar, de las guerras e insurrecciones del proletariado contra la burguesía; en tercer lugar, de la fusión de los dos tipos de guerras revolucionarias, etc.[10]

 

Los marxistas no hemos olvidado nunca que la violencia acompañará inevitablemente la bancarrota del capitalismo en toda su amplitud y al nacimiento de la sociedad socialista. Y esa violencia abarcará un periodo histórico-universal, toda una era de guerras del carácter más diverso: guerras nacionales, guerras de liberación de las nacionalidades aplastadas por los imperialistas y por distintas combinaciones de las potencias imperialistas integrantes ineluctablemente de unas y otras alianzas en la época de los gigantescos trusts y consorcios militares y capitalistas de Estado.” [11]

 

De esto se deduce que los marxistas tienen que luchar activamente para ganar a la vanguardia de la clase trabajadora y los oprimidos para combinar su lucha contra las grandes potencias con la lucha de liberación de la gente oprimida.

 

Las guerras nacionales contra las potencias imperialistas no solo son posibles y probables, sino también inevitables y progresistas, revolucionarias, aunque, claro está para que tengan éxito es imprescindible aunar los esfuerzos de un inmenso número de habitantes de los países oprimidos (centenares de millones en el ejemplo de la India y de China, aportado por nosotros) o que se dé una conjugación especialmente favorable de los factores que caracterizan la situación internacional (por ejemplo, paralización de la intervención de las potencias imperialistas como consecuencia de su agotamiento, de su guerra de su antagonismo, etc.), o la insurrección simultánea del proletariado de una de las grandes potencias contra la burguesía (este caso, el último en nuestra enumeración, es el primero desde el punto de vista de lo deseable y ventajoso para la victoria del proletariado).” [12]

 

El carácter objetivamente combinado de la estrategia del derrotismo también se refleja siempre en el siguiente hecho. Dada la interconexión objetiva entre la Rivalidad de las Grandes Potencias y la lucha de los oprimidos contra las Grandes Potencias, a menudo sucede que las primeras influyen en las últimas y viceversa. Hemos tratado este tema extensamente en otros trabajos. [13]Es suficiente decir en este lugar que puede haber casos en los que tal interferencia de las Grandes Potencias en una lucha de liberación en curso se vuelva tan dominante que el carácter de estas luchas se transforme y se convierta en una lucha indirecta por los intereses de una u otra Gran Potencia. Sin embargo, sería una tontería suponer que la interferencia de la Gran Potencia como tal ya resulta en tal transformación. Los marxistas deben emprender un análisis concreto de la situación concreta.

 

La historia ha visto numerosos casos en los que se produjeron tales combinaciones de guerras interimperialistas y guerras de liberación. En nuestro análisis mencionado anteriormente, hemos elaborado una serie de ejemplos. Aquí nos limitamos a algunos de ellos. En la Segunda Guerra Mundial los revolucionarios tuvieron que tener en cuenta que esta guerra global incluía tres tipos diferentes de guerra: a) la guerra entre Grandes Potencias imperialistas (Alemania-Italia-Japón vs. Estados Unidos-Reino Unido-Francia), la guerra entre una Gran Potencia imperialista y un estado obrero degenerado (Alemania contra la URSS) y guerras entre las grandes potencias contra los pueblos oprimidos (Alemania contra los oprimidos en los países europeos ocupados; Japón contra los oprimidos en los países ocupados del sudeste asiático, Gran Bretaña contra los indios personas, etc.) Naturalmente, cada Gran Potencia trató de debilitar a su enemigo apoyando a la URSS o a los pueblos oprimidos con armas, etc. La IV Internacional trotskista desplegó una táctica que diferenciaba los personajes de los diferentes tipos de guerras. Tomaron una posición de derrotismo revolucionario en ambos lados en la guerra entre los dos campos imperialistas, pero apoyaron a la URSS y al pueblo oprimido contra dicha Gran Potencia.

 

Hoy también existen tales situaciones complicadas como las que podemos ver actualmente en Siria. Los revolucionarios apoyan la lucha de liberación en curso de los rebeldes contra la tiranía de Assad y sus amos imperialistas rusos. En los enfrentamientos entre los rebeldes pro-turcos (que apoyan el traicionero proceso Astana/Sochi) y los rebeldes que se oponen a Astana, se ponen del lado de este último. Apoyan a los rebeldes en su lucha contra Daesh/ISIS. Pero se oponen al ataque imperialista estadounidense con la ayuda de las YPG/SDF kurdas contra Daesh. En los conflictos entre las tropas asadistas prorrusas y las tropas de las YPG/SDF pro estadounidenses, los revolucionarios no toman partido, ya que ambos son representantes imperialistas. [14]

 

Otro ejemplo son los ataques aéreos imperialistas occidentales en Libia durante la revolución popular contra la dictadura de Gaddafi. Sin embargo, estos ataques aéreos, a los que los revolucionarios se opusieron resueltamente, no se convirtieron en el elemento dominante en la lucha de liberación, es decir, la lucha de liberación contra Gaddafi mantuvo su carácter progresista y no se transformó en una guerra por poderes para los imperialistas (contrariamente a las tontas afirmaciones de los Estalinistas y varios pseudo-trotskistas). Esto fue confirmado por los eventos que siguieron a la caída de Gaddafi. Si la guerra civil contra Gaddafi hubiera sido una guerra indirecta de agentes de la OTAN (como afirman los estalinistas y semiestalinistas), la OTAN habría tomado el control después de la caída de Gaddafi en el otoño de 2011. Sin embargo, sucedió lo contrario: más de siete años después de la caída de la dictadura, los imperialistas aún no han logrado controlar a Libia. De hecho, tuvieron que evacuar sus embajadas y un embajador de Estados Unidos fue asesinado. [15]

 

Una naturaleza tan compleja y contradictoria de las guerras, cuando el aspecto de las luchas de liberación y el aspecto de la intervención imperialista están presentes, no era desconocida para los clásicos marxistas. De hecho, Lenin y Trotsky eran plenamente conscientes de tales combinaciones de diferentes tipos de guerras y esbozaron una respuesta revolucionaria.

 

 

 

Los clásicos marxistas sobre la estrategia combinada

 

 

 

Trotsky advirtió contra cualquier esquema mecánico que ignorara la naturaleza dialéctica y contradictoria de tales conflictos. “En el noventa por ciento de los casos, los obreros realmente ponen un signo menos donde la burguesía pone un más. Sin embargo, en el diez por ciento, se ven forzados a poner el mismo signo que la burguesía, pero con su propio sello, expresando así su desconfianza en ella. La política del proletariado no se deriva de ninguna manera automáticamente de la política de la burguesía, poniendo sólo el signo opuesto (esto haría de cada sectario un estratega magistral). No, el partido revolucionario debe, cada vez, orientarse independientemente tanto en la situación interna como en la externa, llegando a aquellas conclusiones que mejor corresponden a los intereses del proletariado. Esta regla se aplica tanto al período de guerra como al de paz". [16]

 

Lenin explicó que en la época del imperialismo las grandes potencias siempre intentarán interferir y utilizar los conflictos nacionales y democráticos. Sin embargo, este hecho no debería llevar a los marxistas a adoptar automáticamente una posición derrotista en lugar de una posición revolucionaria-defensista en tales conflictos. Más bien, la posición adoptada por los marxistas debería depender de qué factor se torna dominante: la lucha nacional por la liberación democrática o la guerra imperialista de conquista.

 

Por otra parte, los socialistas de las naciones oprimidas deben defender particularmente y poner en práctica la unidad completa e incondicional, incluyendo la unidad organizativa, de los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora. Sin esto es imposible defender la política independiente del proletariado y su solidaridad de clase con el proletariado de otros países, en vista de todas las intrigas, traiciones y fraudes de la burguesía. Pues la burguesía de las naciones oprimidas siempre utiliza las consignas de liberación nacional para engañar a los obreros; en su política interna utiliza estas consignas para los acuerdos reaccionarios con la burguesía de las naciones dominantes (por ejemplo, los polacos de Austria y Rusia, que se ponen de acuerdo con los reaccionarios para oprimir a los judíos y ucranianos); en su política exterior, trata de llegar a un acuerdo con una de las potencias imperialistas rivales para llevar a cabo sus planes de rapiña (la política de los pequeños países balcánicos, etc.). El hecho de que la lucha por la liberación nacional contra una potencia imperialista puede ser aprovechada, en determinadas condiciones, por otra “gran” potencia para sus propios fines, igualmente imperialistas, no puede hacer que los socialdemócratas renuncien a reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación, como tampoco los múltiples casos en que la burguesía utiliza las consignas republicanas con fines de engaño político y rapiña financiera (como por ejemplo en los países latinos) pueden hacer que los socialdemócratas renuncien a su republicanismo.” [17]

 

Más tarde, cuando se enfrentó al complejo escenario de la próxima Segunda Guerra Mundial, Rudolf Klement elaboró el enfoque marxista:

 

La lucha de clases y la guerra son fenómenos internacionales, que se deciden internacionalmente. Pero como toda lucha no permite que haya más que dos campos (bloque contra bloque) y como las luchas imperialistas se entrelazan con la guerra de clase (imperialismo mundial-proletariado mundial), surgen muchos casos complejos y con múltiples aristas. La burguesía de los países semi-coloniales o la burguesía liberal amenazada por su “propio” fascismo, apela a la ayuda de los imperialismos “amigos”; la Unión Soviética, por ejemplo, intenta utilizar los antagonismos entre los imperialismos cerrando alianzas con un grupo contra otro, etc. El proletariado de todos los países, la única clase solidaria internacionalmente –y por ello la única clase progresiva entre otras cosas-, se encuentra en la complicada situación en tiempos de guerra, especialmente en la nueva guerra mundial, de combinar el derrotismo revolucionario hacia su propia burguesía con el apoyo a las guerras progresivas.”

 

Klement defiende un enfoque dialéctico, argumentando que “el proletariado, especialmente en los países imperialistas, necesita tener, en esta situación claramente contradictoria, una comprensión particularmente clara de estas tareas combinadas y de los métodos para llevarlas a cabo”. Y, al final de su artículo, continúa enfatizando: “Así vemos cómo diferentes situaciones de guerra requieren que el proletariado revolucionario de los diferentes países imperialistas, si desea permanecer fiel a sí mismo y a su meta, implemente diferente formas de lucha, las que pueden parecer a los espíritus esquemáticos “desviaciones” del principio básico del derrotismo revolucionario, pero que en realidad resultan de la combinación del derrotismo revolucionario con la defensa de ciertos campos progresivos.” [18]

 

Es este método concreto y dialéctico que desarrollaron los clásicos marxistas y que aplicamos hoy a los diferentes tipos de guerras que ocurren en una situación mundial caracterizada por crecientes contradicciones y rivalidades.

 

Y es exactamente esta naturaleza dialéctica y contradictoria de los conflictos lo que casi todos los reformistas y centristas no comprenden. En el mejor de los casos, toman sólo uno u otro aspecto del programa derrotista, pero no la estrategia en su totalidad. O peor aún, ni siquiera comprenden uno de esos elementos complejos del derrotismo revolucionario como estrategia combinada.

 

El resultado de tal fracaso, como afirmamos en las Tesis y como explicamos con más detalle a continuación, es que una oposición contra las Grandes Potencias sin un apoyo total a las luchas de liberación del pueblo oprimido es, en el mejor de los casos, un “antiimperialismo platónico” o “socialimperialismo enmascarado” en el peor de los casos. Apoyar esta o aquella lucha de liberación sin una firme oposición contra todas las grandes potencias implica el riesgo de ponerse del lado de un campo imperialista contra el otro y, por tanto, de transformar una fuerza de liberación en un representante de esta o aquella Gran Potencia.

 

En resumen, “antiimperialismo” sin pro-liberacionismo no es antiimperialismo, ¡sino socialimperialismo abierto u oculto!

 

 

 



[1] León Trotsky: Resolution on the Antiwar Congress of the London Bureau (1936), in: Documents of the Fourth International, New York 1973, p. 98

[2] León Trotsky: Declaración al Congreso Contra la Guerra de Amsterdam (1932), https://ceip.org.ar/Declaracion-al-Congreso-Contra-la-Guerra

[3] León Trotsky: Derrotismo contra defensismo (1937), https://www.marxists.org/espanol//trotsky/ceip/escritos/libro5/T09V120.htm

[4] León Trotsky, G. Zinoviev, Yevdokimov: Resolution of the All-Russia Metal Workers Union (1927); en: Leon Trotsky: The Challenge of the Left Opposition (1926-27), pp. 249-250 (Énfasis en el original)

[5] Leon Trotsky: ‘Defeatism’ and Clemenceau (1927); in: Leon Trotsky: The Challenge of the Left Opposition (1926-279), p. 252

[6] Rudolf Klement: Principios y tácticas en la guerra (1938); https://www.marxists.org/espanol/klement/1937/1937a.htm; La CCRI/RCIT re-publicó este texto en: Revolutionary Communism No. 4 (2012), pp. 44-46.

[7] Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial (1940), http://grupgerminal.org/?q=system/files/1940-05-00-maniguerra-iv.pdf

[8] V. I. Lenin: El imperialismo y la escisión del socialismo (1916), https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/10-1916.htm

[9] V. I. Lenin: El Proletariado Revolucionario y el derecho de las naciones a la autodeterminación (1915), en Lenin. Obras Completas, Tomo XXIII, Progreso, Akal Editor, p.41

[10] V. I. Lenin: El programa militar de la revolución proletaria (1916), https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1916mil.htm

[11] V. I. Lenin: Informe sobre la revisión del programa y el cambio de nombre del partido (1918), Lenin. Obras Escogidas, Tomo III, Edición Progreso, p. 336, http://www.economia.unam.mx/lecturas/inae4/u1l2.pdf

[12] V. I. Lenin: Sobre el Folleto de Junius (1916), Lenin. Obras Escogidas, Edición Progreso, p. 6, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas06-12.pdf

[13] Ver, p. Michael Pröbsting: Liberation Struggles and Imperialist Interference. The failure of sectarian “anti-imperialism” in the West: Some general considerations from the Marxist point of view and the example of the democratic revolution in Libya in 2011, otoño de 2012, https://www.thecommunists.net/theory/liberation-struggle-and-imperialism/

[14] La CCRI/RCIT ha publicado una serie de folletos, declaraciones y artículos sobre la Revolución Siria que se pueden leer en una subsección especial de este sitio web: https://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/collection-of-articles-on-the-syrian-revolution/. En particular nos referimos a Michael Pröbsting: Is the Syrian Revolution at its End? Is Third Camp Abstentionism Justified? An essay on the organs of popular power in the liberated area of Syria, on the character of the different sectors of the Syrian rebels, and on the failure of those leftists who deserted the Syrian Revolution, 5 de abril de 2017, https://www.thecommunists.net/theory/syrian-revolution-not-dead/; Michael Pröbsting: World Perspectives 2018: A World Pregnant with Wars and Popular Uprisings, febrero de 2018, Chapter V, https://www.thecommunists.net/theory/world-perspectives-2018/chapter-v/; Yossi Schwartz: Raqqa: Defeat the US Imperialist Offensive! An assessment of the US/SDF/YPG war against Daesh, April 2017, https://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/us-offensive-in-raqqa/

[15] Ver sobre esto en RCIT: Stop the US Bombing of Libya! 23.2.2016, https://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/us-bombing-libya/; RCIT: Europe/North Africa: Storm the Gates of Rome! Open Borders for Refugees! Stop the Imperialist EU-War against Refugees! No to the Preparations for an Imperialist Aggression against Libya! 22.5.2015, http://www.thecommunists.net/worldwide/europe/eu-war-against-refugees/; RCIT: Revolution and Counterrevolution in the Arab World: An Acid Test for Revolutionaries, http://www.thecommunists.net/theory/theses-arab-revolution/; RCIT: General Sisi, Hollande, Obama: Hands Off Libya! Defeat General Haftars’ Imperialist Lackeys! Down with the Daash-Gang of Killers! For a Workers’ and Popular Government! 26.2.2015, http://www.thecommunists.net/worldwide/africa-and-middle-east/hands-off-libya/

[16] León Trotsky: Aprendan a pensar (1938), https://ceip.org.ar/Aprendan-a-pensar

[17] V. I. Lenin: La Revolución Socialista y el Derecho de las Naciones a la Autodeterminación (1916), en Lenin. Obras Completas, Tomo XXIII, Progreso, Akal Editor, p. 246-247

[18] Rudolf Klement: Principios y tácticas en la guerra (1938); https://www.marxists.org/espanol/klement/1937/1937a.htm; La CCRI/RCIT re-publicó este texto en: Revolutionary Communism No. 4 (2012), pp. 44-46.