Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias (Capítulo XVII.)

 

LIBRO: Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias

Los factores detrás de la Rivalidad acelerada entre los E.U, China, Rusia, la U.E y Japón. Una crítica del análisis de la izquierda y una semblanza de la Perspectiva Marxista.

 

La CCRI publicó este libro en Enero de 2019. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

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XVII. La relación entre la guerra y la revolución

 

 

 

Hemos dicho anteriormente que, dado que el imperialismo y la guerra son parte orgánica del capitalismo, la lucha contra estos fenómenos está sujeta a las mismas leyes que la lucha contra todas las demás características del capitalismo. Sin embargo, esto no debe llevar a ignorar los elementos específicos encarnados en esta lucha. Uno de los más importantes es la relación entre la guerra y la revolución.

 

La guerra representa la tensión más extrema de todas las fuerzas de una sociedad. Ayuda a la clase dominante a reprimir las tendencias opositoras, pero, al mismo tiempo, bajo la superficie, acelera las contradicciones y prepara futuras catástrofes. Los precursores de la guerra -tensiones entre grandes potencias, guerras comerciales, patrioterismo, chovinismo anti-migrante, etc.- no tienen las mismas consecuencias dramáticas, pero son pasos en esa dirección.

 

La historia ha demostrado esta relación entre la guerra -y más precisamente la derrota de un gobierno reaccionario en una guerra reaccionaria- y la revolución en numerosas ocasiones. La razón de esto es bastante obvia. Las guerras representan por definición la tensión de todas las fuerzas de una sociedad. Mientras que una guerra de liberación generalmente logra movilizar a las masas para que apoyen voluntariamente a participar en ella, esto es diferente en una guerra de opresión. En tales guerras, la clase dominante se ve obligada, en diversos grados, a utilizar una combinación de mentiras chovinistas, histeria de guerra, compulsión militar y represión contra las fuerzas de oposición.

 

 

 

Guerras imperialistas “pequeñas” y “grandes”

 

 

 

Obviamente, hay una diferencia entre guerras de opresión “pequeñas” y “grandes”. Por guerras “pequeñas” nos referimos a guerras generalmente coloniales como el ataque de Estados Unidos a Irak o Afganistán o la intervención de Rusia en Siria. Estas no son guerras pequeñas para el pueblo oprimido; todo lo contrario, estas guerras resultan en la matanza de decenas o cientos de miles de trabajadores y campesinos. Pero son pequeñas desde el punto de vista de los imperialistas, ya que no necesitan el reclutamiento masivo o la movilización de toda la economía con fines militares. En resumen, tienen muchas menos consecuencias para la vida cotidiana de la sociedad en los países imperialistas.

 

Esto es completamente diferente en el caso de las guerras "grandes" con las que básicamente nos referimos a las guerras entre grandes potencias. Guerras tan grandes obligan a la clase dominante a una tensión global de todas las fuerzas sociales. Además, estas guerras también tienen consecuencias drásticas para la población civil: escasez de alimentos, falta de medicamentos, y hasta bombardeos aéreos. La Primera Guerra Mundial, y más aún, la Segunda proporcionan numerosos ejemplos de esto. Cualquier guerra mundial futura entre grandes potencias tendrá aún más un carácter “total”, ya que casi inevitablemente implicará el despliegue de armas nucleares.

 

Por supuesto, no se debe hacer una división demasiado esquemática entre guerras imperialistas “pequeñas” y “grandes”. Una guerra colonial sostenida, por ejemplo, podría no necesitar una tensión global de todas las fuerzas sociales. Sin embargo, su carácter prolongado, la acumulación de pérdidas, los costos crecientes, etc., tendrán importantes consecuencias políticas, especialmente si terminan en una derrota para los imperialistas. Tomemos, por ejemplo, la guerra de Francia en Argelia, la guerra de Estados Unidos en Vietnam o la guerra de Yeltsin en Chechenia.

 

De esto resulta que la derrota de la clase dominante en guerras reaccionarias tiene efectos potentes. Su fuerza material, así como su prestigio político y moral, están gravemente destrozados. Al mismo tiempo, las masas están enfurecidas y “militarizadas”, es decir, más utilizadas en el uso de armas. Esto es tanto más cierto cuanto más "grande" (en los términos definidos anteriormente) es una guerra tan reaccionaria de los imperialistas. Por eso estas guerras van preñadas de levantamientos revolucionarios las masas oprimidas y por eso Lenin, a la luz de la derrota de la autocracia de Rusia contra Japón en 1904-1905, habló sobre “el gran papel revolucionario de la guerra histórica en la que involuntariamente participa el obrero ruso.” [1]

 

La historia proporciona numerosos ejemplos de la relación entre las guerras perdidas por la clase dominante y los desarrollos revolucionarios. Por nombrar solo algunos ejemplos históricos nos referimos a la Jacquerie, el gran levantamiento campesino en el norte de Francia durante la Guerra de los Cien Años después de que la clase dominante sufriera una serie de derrotas contra los ingleses [2] ; el heroico levantamiento de los campesinos rusos encabezados por Yemelyan Pugachev en 1774-1775 al final de la larga y agotadora guerra ruso-turca [3] ; las humillantes derrotas de la despreciada dinastía Qing en las dos guerras del opio contra las grandes potencias occidentales que dieron origen primero a 110 insurrecciones campesinas locales en 1841-49 y finalmente al poderoso levantamiento del Movimiento religioso social-revolucionario popular Taiping, una de las guerras civiles más largas y sangrientas de la historia de la humanidad (1850-64) [4] ; y luego tenemos los ejemplos bien conocidos de la historia moderna con la Guerra Franco-Prusiana en 1870-71 que condujo a la Comuna de Paris [5], la Guerra Ruso-Japonesa en 1904-1905 que condujo a la primera Revolución Rusa en 1905- 07 [6], la Primera Guerra Mundial que resultó en la Revolución rusa de Octubre de 1917, así como una serie de otros levantamientos obreros en 1918-1919 y finalmente la Segunda Guerra Mundial que provocó guerras civiles y desarrollos revolucionarios en varios países (por ejemplo, China, Corea, Grecia).

 

Ya Marx y Engels reconocieron la potencialidad de transformar una guerra en revolución: “Pero no debemos olvidar que hay una sexta potencia en Europa, que en determinados momentos afirma su supremacía sobre el conjunto de las cinco denominadas "Grandes" Potencias y las hace temblar, a todas ellas. Ese poder es la Revolución. Silencioso y retirado durante mucho tiempo, ahora vuelve a ser llamado a la acción por la crisis comercial y por la escasez de alimentos. De Manchester a Roma, de París a Varsovia y Pesth, es omnipresente, levanta la cabeza y despierta de su letargo. Son múltiples los síntomas de su regreso a la vida, visibles en todas partes en la agitación y la inquietud que se han apoderado de la clase proletaria. Solo se necesita una señal, y esta sexta y mayor potencia europea se presentará, con brillante armadura y espada en mano, como Minerva desde la cabeza del olímpico.” [7]

 

Vale la pena señalar que incluso los representantes sagaces de la clase dominante eran conscientes de la relación entre la guerra y la revolución. Por ejemplo, el canciller alemán Bismarck señaló en una exposición para una reunión de su emperador Wilhelm I con Alejandro III de Rusia en noviembre de 1887: “En nuestro tiempo presente, más que en cualquier otra época histórica, es de interés para las grandes monarquías evitar la guerra porque hoy las naciones tienden a responsabilizar a sus gobiernos de sufrir derrotas militares. (...) En conjunto, una posible próxima guerra tendría menos el carácter de una guerra entre gobiernos, sino más bien de una guerra entre la bandera roja y los elementos de orden y preservación.[8]

 

Más tarde, Lenin y otros marxistas procesaron las experiencias de la Guerra Ruso-Japonesa en 1904-1905 y en particular de la Primera Guerra Mundial. Ellos entendieron que las guerras imperialistas pueden acelerar masivamente el ritmo de la historia: “La guerra de 1914-1918 fue un gigantesco 'acelerador' (Lenin) de la revolución socialista.” [9]

 

Fue sobre esta base que desarrollaron la consigna de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, no como una consigna radical voluntarista, sino como una consigna que se basa objetivamente en el potencial de una guerra reaccionaria para provocar el colapso del orden imperante e insurrecciones armadas de las masas oprimidas.

 

Por eso Lenin se burló de los ideólogos reformistas y centristas que se quejaban de las consecuencias destructivas de las guerras y esperaban una revolución pacífica. De tal forma escribió Lenin en una polémica contra el principal teórico centrista alemán en ese momento, Karl Kautsky:

 

iSon dos "manías" de nuestro "muy docto" varón! El "culto a la violencia" y la bancarrota de la producción: a eso se debe que, en vez de analizar las condiciones reales de la lucha de clases, haya caído en el acostumbrado gimoteo pequeñoburgués, viejo y tradicional. "Esperábamos -escribe- que la revolución viniera como un producto de la lucha de la clase proletaria... pero la revolución ha venido como consecuencia de la bancarrota militar del sistema dominante tanto en Rusia como en Alemania...". Dicho con otras palabras: ¡este “sabio” esperaba una revolución pacífica! ¡es admirable! Pero el señor Kautsky se ha desconcertado hasta el punto de olvidar que el mismo escribió antes, cuando era marxista, que la guerra sería, muy probablemente, el motivo de la revolución. Ahora, en vez de analizar con serenidad y sin temor qué cambios de las formas de la revolución son inevitables como consecuencia de la guerra, ¡nuestro “teórico” deplora sus “esperanzas” frustradas![10]

 

Esto no significa que toda guerra resultará en un levantamiento revolucionario de las masas populares. Pero la experiencia histórica demuestra que las grandes guerras que movilizan los recursos de toda la economía, que afectan a todas las clases de la sociedad y que influyen en toda la vida política y, por tanto, en la conciencia de las masas, que tales acontecimientos provocan una inestabilidad social y política masiva y, por tanto, puede conducir a rupturas revolucionarias. Como estamos convencidos de que el chovinismo, las tensiones militares y las guerras se están convirtiendo en una característica cada vez más definitoria de la sociedad capitalista, pensamos que tal desarrollo hacia el militarismo al final también abrirá camino para fuertes luchas de clases y explosiones revolucionarias.

 

 

 

La Tercera Guerra Mundial y la Revolución: ¿una contradicción en sí misma?

 

 

 

Finalmente, abordemos brevemente el siguiente tema. Como hemos elaborado anteriormente en el capítulo XII, consideramos que una nueva guerra mundial entre las grandes potencias es más o menos inevitable si la clase obrera no derroca a los imperialistas a tiempo. Asimismo, es difícil imaginar una guerra mundial así sin que las Grandes Potencias utilicen su mortal arsenal de armas nucleares. ¿Se debería concluir de esto de manera fatalista que la relación entre guerra y revolución no existirá en un escenario futuro a una Tercera Guerra Mundial?

 

En nuestra opinión, esta pregunta no se puede responder de forma esquemática. Sí, es cierto, si se lleva a cabo una Tercera Guerra Mundial total con todas las Grandes Potencias desplegando todas sus armas nucleares, la humanidad volverá a la etapa de la barbarie. Pero, primero, una guerra nuclear tan total no saldría de la nada. Es muy probable que un evento tan catastrófico sea precedido por un período más largo de tensiones globales extremas entre las Grandes Potencias. Naturalmente, la élite gobernante de los rivales imperialistas no comenzará a la ligera un evento tan extremadamente arriesgado. Es cierto que hay locos como Trump, pero no se debe suponer que la élite estadounidense permitiría que Trump iniciara una guerra nuclear contra su voluntad. [11]

 

No, es mucho más probable que haya un período más largo de guerras comerciales, enfrentamientos militares más pequeños, crisis política interna severa, tal vez golpes de Estado, crisis diplomáticas, etc. Es casi inevitable que tales eventos desencadenen cambios revolucionarios y crisis revolucionarias que ofrecerán a la clase trabajadora oportunidades para debilitar o derrocar a la clase dominante.

 

Además, no podemos prever el futuro. No se puede excluir que tal Guerra Mundial no termine en la aniquilación total de la humanidad sino en la derrota de un bando o en la devastación nuclear localizada. En tal caso, una Tercera Guerra Mundial podría resultar en la aniquilación de muchos millones de personas y, al mismo tiempo, abrir un período de rebelión global contra los guerreros imperialistas.

 

En cualquier caso, la cuestión es que los revolucionarios no deben petrificarse ante el peligro de una Tercera Guerra Mundial. La tarea no es especular sobre el futuro (ni siquiera usar tales peligros como excusa para quedar atrapado en la pasividad) sino intervenir resueltamente en la lucha de clases y movilizar a la vanguardia obrera para que las posibilidades de la revolución socialista internacional aumenten y ¡Los peligros de una Tercera Guerra Mundial disminuyan!

 

 

 



[1] V. I. Lenin: La caída de Port-Arthur (1905), Lenin. Obras Completas, Tomo 9, Editorial Progreso, p. 159

[2] Ver sobre esto, por ejemplo, en I. M. Shukow (Ed.): Weltgeschichte, VEB Deutscher Verlag der Wissenschaften, Berlin 1963, Vol. 3, pp. 730-758. Los 10 volúmenes de Weltgeschichte (con un total combinado de 8.500 páginas) es la traducción al alemán de la famosa Enciclopedia de la Historia Soviética publicada después de la muerte de Stalin. Hasta donde sabemos, esta enciclopedia no se ha traducido al idioma inglés (a diferencia de la Gran Enciclopedia Soviética). Escritos por un gran colectivo de historiadores soviéticos bajo la dirección de E.M. Zhukov, estos diez volúmenes son un verdadero tesoro de conocimiento histórico, ya que combinan información detallada con un enfoque materialista. Sin embargo, hay que ver esta enciclopedia de forma crítica, ya que adolece de las inevitables limitaciones teóricas del estalinismo, en particular, su concepción mecanicista de la historia según la cual todas las sociedades de la historia pasan por una y la misma secuencia de etapas de formaciones socioeconómicas: comunismo primitivo, sociedad esclavista, feudalismo, capitalismo y comunismo. Tal vista excluye, por ejemplo, el llamado Modo de Producción Asiático al que Marx se refirió repetidamente. (Véase, por ejemplo, su Prólogo a La Contribución a la Crítica de la Economía Política publicado en 1859, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm)

[3] Ver sobre esto, por ejemplo, en Paul Avrich: Russian Rebels, 1600-1800, Schocken Books, New York 1972; Dorothea Peters: Politische und gesellschaftliche Vorstellungen in der Aufstandsbewegung unter Pugačev (1773–1775). Wiesbaden, Berlin 1973; Marc Raeff: Pugachev's Rebellion, en: Robert Forster (Ed.): Preconditions of Revolution in Early Modern Europe, Johns Hopkins University Press, Baltimore 1970; Alice Plate: Der Pugačev-Aufstand: Kosakenherrlichkeit oder sozialer Protest, en: Heinz-Dietrich Löwe: Volksaufstände in Rußland. Von der Zeit der Wirren bis zur «Grünen Revolution» gegen die Sowjetherrschaft, Otto Harrassowitz Verlag, Wiesbaden 2006; Leo Yaresh: The "Peasant Wars" in Soviet Historiography, en: American Slavic and East European Review, Vol. 16, No. 3 (October 1957), pp. 241-259; Philip Longworth: Peasant leadership and the Pugachev revolt, en: The Journal of Peasant Studies, 2:2 (1975), pp. 183-205; B. H. Sumner: New Material on the Revolt of Pugachev, in: The Slavonic and East European Review, Vol. 7, No. 19 (June 1928), pp. 113-127; B. H. Sumner: New Material on the Revolt of Pugachev: II, en: The Slavonic and East European Review, Vol. 7, No. 20 (enero de 1929), pp. 338-348; Alexander Pushkin: Geschichte des Pugatschew'schen Aufruhrs, Stuttgart 1840

[4] La Revolución Taiping fue un movimiento social-revolucionario de mineros, campesinos pobres y minorías étnicas contra la corrupta dinastía Qing que tenía como objetivo crear un "Reino Celestial de Paz" y que fue organizado por una secta milenaria conocida como la Sociedad de Adoración de Dios dirigida por Hong Xiuquan, quien se creía el hermano menor de Jesucristo.Ver sobre esto, p. Franz Michael and Chung-li Chang: The Taiping Rebellion. History and Documents Vol.1, University of Washington Press, London 1966; Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom: China, the West, and the epic story of the Taiping Civil War, Alfred A. Knopf, New York 2012; I. M. Shukow (Ed.): Weltgeschichte, Vol. 6, pp. 440-455

[5] Evidentemente, existe una variedad de literatura sobre la Comuna de París. Para nombrar solo una visión de los clásicos socialistas sobre este tema: von P. L. Lavrov: Die Pariser Kommune vom 18. März 1871, Verlag Klaus Wagenbach, Berlin 1971; Jean Villain: Die großen 72 Tage. Ein Report von Jean Villain über die Pariser Kommunarden, Verlag Volk und Welt, Berlin 1981; Prosper Lissagaray: Geschichte der Kommune von 1871, Rütten & Loening, Berlin 1956. ver también, Donny Gluckstein: The Paris Commune: A Revolution in Democracy, Bookmarks Publication, London 2006; I. M. Shukow (Ed.): Weltgeschichte, Vol. 6, pp. 628-643 and Vol. 7, pp. 15-39.

[6] Nuevamente, existe una variedad de literatura sobre la Guerra Ruso-Japonesa 1904/05 y la subsecuente Revolución Rusa 1905-07. En lugar de muchos, nos referimos a Leon Trotsky’s Die Russische Revolution 1905, Vereinigung Internationaler Verlagsanstalten, Berlín 1923 (reeditado en Leo Trotzki: Ausgewählte Werke, Vol. 1, Verlag Neuer Kurs, Berlin 1972); M. Pokrowski: Russische Geschichte, Berlin 1930; M. Pokrowski: Geschichte Russlands von seiner Entstehung bis zur neuesten Zeit, C.L.Hirschfeld Verlag, Leipzig 1929, pp. 314-496; Abraham Ascher: The Revolution of 1905. Vol. 1 y 2, Stanford University Press, Stanford 1992.

[7] Friedrich Engels: The European War (1854), en: MECW 12, pp. 557-558

[8] Citado en: Heinz Wolter: Die Alternativkonzeption der Sozialdemokratie zum außenpolitischen Kurs Bismarcks nach 1871, in: Ernst Engelberg (Ed.): Diplomatie und Kriegspolitik vor und nach der Reichsgründung, Akademie-Verlag, Berlin 1971, p. 255 (traducido del alemán)

[9] The Platform of the Opposition (1927), en: Leon Trotsky: The Challenge of the Left Opposition (1926-27), p. 382

[10] V.I. Lenin: Los Prohombres de la Internacional de Berna (1919), en Lenin. Obras Completas, Tomo 38, p. 419-420, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/progreso/tomo38.pdf. Ver sobre esto también, en Nikolai Bukharin y Evgenii Preobrazhensky: El ABC del Comunismo (1920), https://fundacionfedericoengels.net/images/PDF/abc-comunismo-bujarin.pdf

[11] Es probable que si hay asesores que toman órdenes presidenciales de la mesa de Trump para evitar que se implementen (y pueden confiar en el olvido del hombre naranja para que no se dé cuenta), también habrá generales y Asesores de seguridad que se aseguran de que Trump no tenga acceso al Botón Rojo. (¡Quizás le muestren en su lugar el botón rojo para pedir su Coca Cola diaria!)