Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias (Capítulo XXI.)

LIBRO: Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias

 

Los factores detrás de la Rivalidad acelerada entre los E.U, China, Rusia, la U.E y Japón. Una crítica del análisis de la izquierda y una semblanza de la Perspectiva Marxista.

 

La CCRI publicó este libro en Enero de 2019. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

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XXI. Derrotismo revolucionario en conflictos entre Estados imperialistas y pueblos oprimidos

 

 

 

En este capítulo elaboraremos la posición marxista sobre los conflictos entre estados imperialistas y países semicoloniales. Como hemos explicado anteriormente, el derrotismo revolucionario es una estrategia combinada. Integra la lucha constante contra todas las grandes potencias con el apoyo a la lucha de liberación de los oprimidos contra ellas.

 

Sin embargo, en este lugar no abordaremos el tema del derrotismo en el caso de conflictos entre estados imperialistas y países semicoloniales de la misma manera que lo hicimos con los conflictos interimperialistas en el capítulo anterior. Las razones para ello son, por un lado, que el tema central de este libro es la rivalidad entre las grandes potencias y la estrategia del derrotismo en tales conflictos. Por otro lado, ya hemos elaborado este tema extensamente en nuestro libro El Gran Robo del Sur. [1]

 

Asimismo, no abordaremos aquí el tema de las tácticas en los conflictos en las guerras entre países semicoloniales. En primer lugar, este tema está más allá del alcance de este libro y, en segundo lugar, hemos tratado este tema extensamente en un capítulo especial de nuestro libro sobre Perspectivas Mundiales 2018. [2]

 

Por estas razones, nos limitaremos en este capítulo a resumir los principales componentes del programa revolucionario derrotista en los conflictos entre grandes potencias y pueblos oprimidos, esbozar el enfoque de los clásicos marxistas sobre este tema, así como discutir algunos ejemplos importantes de tales conflictos. hoy.

 

 

 

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Comencemos con un breve resumen del enfoque general que la CCRI/RCIT y su organización predecesora han defendido a lo largo de toda su historia. Básicamente, es deber de todos los socialistas tomar una posición clara en los conflictos entre la burguesía imperialista y los pueblos oprimidos. Deben apoyar incondicionalmente a los pueblos oprimidos contra los agresores imperialistas y luchar por la derrota de estos últimos.

 

Cualquier otra posición equivale al socialimperialismo, como enfatizó Trotsky: “… es un mal marxista el que intenta fijar reglas comunes para la Francia imperialista y la China colonial. No distinguir países opresores de países oprimidos es lo mismo que no distinguir entre la clase explotadora y la explotada. Quienes colocan a los países imperialistas y coloniales en el mismo nivel, sin importar qué frases democráticas usen para ocultar este hecho, no son más que agentes del imperialismo[3].

 

Apoyar tales luchas de liberación incluye la necesidad de aplicar la táctica antiimperialista del frente único. Esto significa ponerse del lado de las fuerzas que representan a este pueblo oprimido sin dar apoyo político a sus respectivos líderes. Dichos liderazgos suelen ser fuerzas nacionalistas o islamistas pequeñoburguesas. Observamos, como acotación al margen, que tal situación también existía en muchos países coloniales en la época de Lenin y Trotsky. En sus tesis programáticas sobre la guerra imperialista, la Internacional Comunista afirmó: “La devastación y el expolio de las grandes potencias capitalistas durante cuatro años suscitaron tormentosos movimientos revolucionarios en las colonias inglesas (…) que sacan coraje y fuerza del ejemplo de la revolución rusa y de la existencia de la Rusia soviética. Son principalmente de carácter nacionalista y religioso, pero también están vinculados a las luchas social revolucionarias”. [4]

 

También puede haber casos en los que incluso los estados burgueses semicoloniales están en la cima de una lucha legítima contra las grandes potencias (por ejemplo, Irak contra la coalición imperialista liderada por Estados Unidos en 1991 y en 2003).

 

Por lo tanto, mientras los socialistas luchan sin piedad contra todas las formas de chovinismo imperialista, están obligados a apoyar el patriotismo antiimperialista de los oprimidos y ayudarlos a desarrollar una conciencia socialista e internacionalista.

 

Luchar contra la dominación y el chovinismo de las grandes potencias incluye combatir la influencia de las fuerzas social-pacifistas y socialchovinistas en los países imperialistas. Estas corrientes suelen dominar el movimiento obrero oficial (partidos socialdemócratas y estalinistas, sindicatos y otras organizaciones de masas), así como la mal llamada izquierda “radical”. Por lo general, estas fuerzas se abstienen de apoyar activamente la lucha de los oprimidos.

 

Tal programa antiimperialista e internacionalista se basa en la tradición del movimiento obrero revolucionario tal como fue elaborado originalmente por la Internacional Comunista en la época de Lenin y Trotsky y luego sostenido por la Cuarta Internacional. Sólo sobre la base de tal programa será posible que los socialistas creen las condiciones para la confianza y la unidad de los trabajadores y campesinos pobres del pueblo oprimido con los trabajadores progresistas en los países imperialistas. Solo sobre ese fundamento será posible unir a la clase trabajadora internacional sobre una base internacionalista.

 

 

 

Guerras imperialistas y ocupaciones de países semicoloniales

 

 

 

Toda la historia del imperialismo se caracteriza por una serie de ataques militares de las grandes potencias contra los pueblos del Sur, que a menudo resultan en la ocupación de sus tierras. Es cierto que la forma de dominación imperialista ha cambiado en la segunda mitad del siglo XX. La dominación colonial directa ha sido reemplazada, en la mayoría de los casos, por una dominación semicolonial indirecta. Si bien esos cambios, por supuesto, eran importantes, no podían cambiar la esencia de la dependencia imperialista y la explotación de estos países por parte de las grandes potencias y sus monopolios. De hecho, como hemos demostrado en El gran robo del sur ¡Los imperialistas están exprimiendo a los pueblos oprimidos más que nunca!

 

Los clásicos marxistas eran plenamente conscientes de que la independencia formal de las antiguas colonias no alteró la esencia de su dominación por el imperialismo. En su famoso libro sobre el imperialismo, Lenin se refirió explícitamente a los países semicoloniales como "formalmente independientes, pero, de hecho, están atrapados en las redes de la dependencia financiera y diplomática":

 

En cuanto a los estados “semicoloniales”, nos proporcionan un ejemplo de las formas transitorias que nos encontramos en todas las esferas de la naturaleza y la sociedad. El capital financiero es una fuerza tan considerable, puede decirse tan decisiva, en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de someter, y realmente somete, incluso a los Estados que disfrutan de la más completa independencia política, como pronto veremos. Por supuesto, el capital financiero encuentra mucho más “conveniente” y ventajosa una forma de dominación que implique la pérdida de la independencia política de los países y los pueblos sometidos. A este respecto, los países semicoloniales son un buen ejemplo de “fase intermedia”. Es natural, por tanto, que la lucha por esos países semidependientes haya llegado a ser particularmente cruda en la época del capital financiero, cuando el resto del mundo ya está repartido.” [5].

 

Y continuó unas páginas más tarde:

 

Desde el momento en que se habla de la política colonial en la época del imperialismo capitalista, es necesario señalar que el capital financiero y la política internacional que conforma, que se reduce a la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y político del mundo, dan lugar a diversas formas transitorias de dependencia estatal. Esta época no sólo se caracteriza por la existencia de dos grandes grupos de países (los colonizadores y los colonizados), sino también por las formas variadas de países dependientes que, aunque gozan formalmente de independencia política, en la práctica están atrapados en las redes de la dependencia financiera y diplomática. Ya nos hemos referido antes a una de estas formas, la semicolonia. Un ejemplo de otra es Argentina.” [6]

 

Sin embargo, a pesar de tal independencia formal, o más bien a causa de ella, las grandes potencias atacan repetidamente a esos países o incluso los ocupan temporalmente para derrotar a las insurgencias populares e instalar marionetas confiables.

 

En el pasado reciente, hemos visto un aumento sustancial de tales intentos. Por citar algunos ejemplos, nos referimos a las intervenciones militares, guerras y ocupaciones de Estados Unidos en Afganistán desde 2001, en Irak desde 2003, de Francia en Mali desde 2013, de Rusia en Siria desde 2015, etc. La actual ocupación de Palestina por el estado de colonos israelíes es otro ejemplo.

 

También hay una serie de casos en los que las Grandes Potencias no envían sus propias tropas, sino que utilizan tropas de estados semicoloniales aliados para actuar como sus representantes. Como hemos mencionado anteriormente, estas tácticas han sido ya desarrollada por el Imperio Británico en los siglos XIX y XX. Las grandes potencias despliegan cada vez más una política similar en la actualidad. Como ejemplos de esto nos referimos a la llamada Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), que fue encomendada por el Consejo de Seguridad de la ONU (es decir, las Grandes Potencias imperialistas) en 2007. Cerca de 20.000 tropas africanas, con Etiopía como la fuerza más significativa y con la ayuda del ejército estadounidense y francés, luchan desde 2007 contra una insurgencia popular liderada por el movimiento islamista pequeñoburgués Al-Shabaab.

 

Otro ejemplo de ello son las fuerzas del Sahel G5 recientemente formadas en África Occidental. Iniciadas por Francia en 2014, estas fuerzas comprenden alrededor de 10,000 tropas de cinco países del Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger). Su misión es luchar, "en cooperación" con Francia (es decir, bajo el mando de esta última), contra los "terroristas".

 

La CCRI/RCIT siempre ha defendido en tales casos una postura antiimperialista consistente que pide la derrota de los agresores imperialistas (y sus aliados) y la victoria militar de las fuerzas que representan al pueblo oprimido.

 

Este enfoque siempre ha sido la posición del movimiento obrero revolucionario. Los líderes del Partido Bolchevique fueron muy francos sobre este tema. Tal escribió Lenin:

 

En la época del imperialismo no solo son probables, sino inevitables las guerras nacionales por parte de las colonias y semicolonias. En las colonias y semicolonias (China, Turquía, Persia) viven cerca de 1.000 millones de almas, es decir, más de la mitad de la población de la Tierra. En esos países, el movimiento de liberación nacional o bienes ya muy fuerte, o bien crece y madura. Toda guerra es la continuación de la política con otros medios. Las guerras nacionales de las colonias contra el imperialismo serán inevitablemente una continuación de la política de la liberación nacional de las mismas.” [7]

 

Lenin y Zinoviev concluyen de esto que es el deber más alto de todos los socialistas ponerse del lado de los oprimidos en tales guerras:

 

Los socialistas entendieron siempre por guerra "defensiva" una guerra "justa " en este sentido (expresión empleada en cierta ocasión por W. Liebknecht). Sólo en ese sentido, los socialistas admitían y siguen admitiendo el carácter legítimo, progresista y justo de la "defensa de la patria" o de una guerra "defensiva". Si, por ejemplo, mañana Marruecos declarase la guerra a Francia, la India a Inglaterra, Persia o China a Rusia, etcétera, esas guerras serían guerras "justas", "defensivas", independientemente de quien atacara primero, y todo socialista simpatizaría con la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, menoscabados en sus derechos, sobre las "grandes" potencias opresoras, esclavistas y expoliadoras.” [8]

 

En el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista en 1922, Trotsky expresó el mismo enfoque: “Todo movimiento colonial que debilita el dominio capitalista en el país gobernante (métropoli) es progresista, porque ayuda al proletariado en su tarea revolucionaria.” [9]

 

Asimismo, los trotskistas estadounidenses declararon en un panfleto en 1936: “Por lo tanto, no es asunto de los marxistas quedarse al margen, sino apoyar activamente, de todas las formas posibles, cualquier lucha armada que tenga como objetivo y sea capaz de debilitar al capitalismo: por ejemplo, las revueltas de las colonias contra sus opresores imperialistas y los levantamientos de todas las razas y naciones oprimidas y explotadas, al igual que los marxistas apoyan las huelgas o cualquier otra manifestación dirigida contra la clase capitalista o sus gobiernos”. [10]

 

En consecuencia, Trotsky denunció duramente a todos aquellos pseudo-socialistas que se negaron a ponerse del lado del pueblo oprimido: “La lucha contra la guerra y su fuente social, el capitalismo, presupone un apoyo directo, activo e inequívoco a los pueblos coloniales oprimidos en sus luchas y guerras contra el imperialismo. Una posición "neutral" equivale a apoyar al imperialismo. Sin embargo, entre los adherentes anunciados al congreso del Buró de Londres se encuentran ILPers que abogan por dejar en la estacada a los valientes guerreros etíopes contra el fascismo italiano merodeador sobre la base de la "neutralidad" y los sionistas de Poale de "izquierda" que incluso en este momento se apoyan en el imperialismo británico en su salvaje campaña contra la legítima, aunque confusa, lucha del campesinado árabe.” [11]

 

Este alineamiento tan inequívoco con las luchas del pueblo oprimido en las guerras con las Grandes Potencias se ha repetido cientos de veces en las proclamaciones oficiales de la Tercera y, más tarde, de la Cuarta Internacional. Se ha convertido en una parte indispensable del arsenal programático del marxismo. ¡No puede haber revolucionario que no implemente tal línea en palabras y hechos!

 

 

 

Agresiones imperialistas no militares contra países semicoloniales

 

 

 

Sobre la base de este enfoque antiimperialista, los marxistas también se oponen también a todas las demás formas no militares de agresión imperialista contra países semicoloniales. Un ejemplo bien conocido de tal presión son las sanciones económicas de las Grandes Potencias contra países semicoloniales determinados que, de una forma u otra, se atrevieron a no cumplir con los deseos imperialistas. El ejemplo reciente más espantoso de tales sanciones imperialistas son las bárbaras sanciones impuestas por las Naciones Unidas contra Irak en los años 1990-2003. Según varios estudios, estas sanciones provocaron la muerte de más de 500.000 niños menores de cinco años. [12]

 

Otros ejemplos son las sanciones imperialistas contra Corea del Norte, Irán, Zimbabue y Venezuela. La CCRI/RCIT siempre ha llamado al movimiento internacional obrero y popular a oponerse incondicionalmente a tales sanciones y apoyar medidas para socavarlas, romperlas y, si es posible, detenerlas.

 

A veces, las grandes potencias justifican tales sanciones alegando que afectan a países que se esforzarían por poseer armas nucleares. A menudo, esto es simplemente una mentira. En cualquier caso, ¡es una hipocresía total que las grandes potencias que poseen cientos o miles de misiles nucleares quieran prohibir a otros hacer lo mismo! De hecho, las Grandes Potencias quieren mantener el monopolio de las armas nucleares para poder imponer mejor su dominio sobre el Sur. Mientras los socialistas luchan por un mundo sin armas nucleares, rechazamos enérgicamente cualquier agresión imperialista contra un país semicolonial que posea (o se esfuerce por poseer) armas nucleares.

 

 

 

Opresión de las minorías nacionales

 

 

 

Un rasgo característico del imperialismo es la opresión de las minorías nacionales. Lenin reconoció este hecho principal ya hace mucho tiempo cuando concluyó que esta división de las naciones del mundo en naciones opresoras y opresoras es una de las características más importantes de la época imperialista:

 

El programa de la socialdemocracia (así se llamaban entonces los marxistas, Ed.), Como contrapeso a esta utopía pequeñoburguesa y oportunista, debe postular la división de las naciones en opresoras y oprimidas como básica, significativo e inevitable bajo el imperialismo.” [13]

 

En otro artículo, Lenin repite esta idea que luego se convirtió en un pilar fundamental del programa de la Internacional Comunista:

 

El imperialismo es la opresión creciente de las naciones del mundo por un puñado de grandes potencias, (...) Por esta razón, punto central en el programa socialdemócrata debe ser la división de las naciones en opresorasy oprimidas, división que constituye la esencia del imperialismo y que los socialchovinistas y Kautsky eluden engañosamente. Esta división no tiene importancia desde el punto de vista del pacifismo burgués o de la utopía pequeñoburguesa de la competencia pacífica de las naciones independientes en el régimen capitalista, pero es esencial desde el punto de vista de la lucha revolucionaria contra el imperialismo.” [14]

 

Trotsky enfatizó la misma idea: “Toda la humanidad actual, desde los obreros británicos a los nómades etíopes, vive atada al yugo del imperia­lismo. No hay que olvidarlo ni un solo minuto. Pero esto no significa que el imperialismo se manifiesta de la misma manera en todos los países. No. Algunos países son los conductores del imperialismo, otros sus víctimas. Esta es la línea divisoria fundamental de los estados y naciones modernos”. [15]

 

La candente actualidad de la cuestión nacional en los países imperialistas se puede observar mediante diversas crisis, protestas masivas, insurgencias populares y represión estatal. Véase, por ejemplo, la lucha por la independencia del pueblo checheno que resultó en dos guerras con el ejército ruso. Otros caucásicos también resisten la opresión de Moscú. En China, los uigures y los tibetanos se resisten a la creciente represión estatal. Asimismo, vemos movimientos de masas por la autodeterminación nacional tanto en Cataluña como en Escocia.

 

Los revolucionarios se oponen incondicionalmente a la opresión de las minorías nacionales y apoyan plenamente el derecho a la autodeterminación nacional de los pueblos oprimidos. Esto significa apoyar todos sus derechos nacionales, democráticos y culturales, incluido el derecho a tener un estado independiente si así lo desean. Asimismo, apoyamos el autogobierno local para minorías étnicas como los romaníes, los nativos americanos en los EE. UU., Etc.

 

El bolchevismo condenó duramente a todos aquellos que se negaron a apoyar la lucha del pueblo oprimido por la autodeterminación nacional: “Los socialistas no pueden lograr su gran objetivo sin luchar contra toda opresión de las naciones. Por lo tanto, deben exigir de manera inequívoca que los partidos socialdemócratas de los países opresores (especialmente de las llamadas "grandes" potencias) reconozcan y defiendan el derecho a la autodeterminación de la nación oprimida, en el sentido específicamente político del término., es decir, el derecho a la secesión política. El socialista de una nación gobernante o colonial que no defiende ese derecho es un chovinista.

 

¡Este principio no es menos relevante hoy que en los tiempos de Lenin!

 

 

 

Tácticas de lucha de masas

 

 

 

Los socialistas que viven en países imperialistas tienen la obligación de apoyar la lucha de liberación de los pueblos oprimidos mediante una serie de tácticas. Para ganarse la simpatía por la lucha de los pueblos oprimidos, los socialistas tienen que agitar en los lugares de trabajo, los barrios, las escuelas, las universidades y en las trincheras. Deben concienciar sobre la justa causa de la lucha por la liberación. Deben combatir los prejuicios chovinistas generalizados (por ejemplo, la histeria sobre las “amenazas terroristas”, los “refugiados que invaden nuestro país”, la islamofobia, la arrogancia hacia los pobres del Sur, etc.).

 

Los revolucionarios deben apoyar todas las acciones prácticas que ayuden a avanzar en la lucha de los oprimidos para derrotar a los agresores imperialistas. Tales actividades abarcan todas las formas de lucha de clases (por ejemplo, manifestaciones, huelgas generales, levantamientos, participación en guerras, etc. - según las condiciones y la relación de fuerzas). También incluye acciones prácticas que sabotean las agresiones de los amos imperialistas (huelgas seleccionadas contra la maquinaria bélica imperialista, negativa colectiva a trabajar al servicio de la opresión, ayuda a los refugiados a superar los muros bárbaros de las fortalezas imperialistas, etc.).

 

Un ejemplo de tales actividades de solidaridad de los revolucionarios en los países imperialistas, podría ser la campaña del Partido Comunista de Francia (PCF) en apoyo de la lucha de los bereberes rifeños a principios de la década de 1920. Este pueblo luchó, bajo el liderazgo del islamista pequeñoburgués Abd el-Krim, contra los imperialistas españoles y franceses e intentó expulsar a estos ocupantes de su país. El PCF llevó a cabo una campaña masiva anticolonial militante en solidaridad con los rifeños la que incluso incluyó una huelga general el 12 de octubre de 1925. En su propaganda y agitación, el PCF expresó públicamente su apoyo a la lucha rifeña hasta que “el territorio marroquí fue completamente liberado” De los imperialistas españoles y franceses. [16]

 

Una forma de táctica útil de solidaridad internacional es el boicot obrero y popular contra las fuerzas reaccionarias. Ha habido casos raros en la historia reciente donde las Naciones Unidas (o estados individuales) -bajo la presión de movimientos progresistas de masas- han impuesto formalmente sanciones a potencias particularmente reaccionarias (por ejemplo, sanciones contra el estado sudafricano del apartheid antes de 1994). Hoy en día, muchos estados musulmanes han impuesto sanciones al estado imperialista israelí. Como mencionamos anteriormente, la CCRI/RCIT apoya críticamente tales sanciones impuestas por países semicoloniales al tiempo que señala sus limitaciones. Sin embargo, como marxistas, abogamos por las sanciones obreras y populares contra fuerzas reaccionarias como el estado sionista. Esto significa acciones de los trabajadores para detener el comercio y la ayuda militar a Israel, el boicot de los consumidores, etc. Por lo tanto, apoyamos críticamente la campaña BDS contra Israel a pesar de sus limitaciones.

 

Además, los socialistas deben llevar a cabo una agitación política entre las filas de soldados de los ejércitos imperialistas para socavar el control reaccionario de los generales, promover la deserción masiva y la fraternización con el "enemigo", etc.

 

Es comprensible que las personas oprimidas que participan en las luchas de liberación armada necesiten ayuda material, incluida la militar. Dicha ayuda solo puede provenir de productores de armas y de los estados. Sólo los “antiimperialistas” platónicos y los hipócritas pueden denunciar tales fuerzas de liberación para adquirir armas de esas fuentes. Defendemos el derecho de los pueblos oprimidos a obtener ayuda militar y material de otros estados (incluidos los estados imperialistas) siempre que no conduzca a una subordinación política a estos estados. (Un ejemplo negativo de esto es el YPG kurdo pequeño burgués en Siria, que se convirtió en representante del imperialismo estadounidense). Los trabajadores en tales estados deben apoyar y no bloquear esa ayuda material para la lucha de liberación.

 

Es fundamental construir movimientos internacionales de solidaridad con las luchas de liberación de los pueblos oprimidos. Un primer paso hacia tal objetivo puede ser declaraciones y actividades conjuntas transfronterizas de socialistas, sindicatos y otros trabajadores y organizaciones populares de masas de los respectivos países imperialistas y semicoloniales.

 

Los revolucionarios, que por lo general constituyen pequeñas minorías entre los activistas, deben aplicar una táctica útil para lograr la máxima unidad en la lucha. Deben convocar a las organizaciones de masas de los trabajadores y oprimidos para que organicen campañas de masas eficaces. Al mismo tiempo, es esencial que los revolucionarios se reserven la libertad de propaganda y agitación independientes. Esta libertad incluye también el derecho a criticar a las fuerzas no revolucionarias participantes cuando sus actividades violen los intereses de la lucha de liberación. Tal táctica evita el autoaislamiento sectario y, al mismo tiempo, permite a los revolucionarios ayudar a los trabajadores y oprimidos a hacer su experiencia con las deficiencias de las direcciones establecidas. Al final, esta táctica debería ayudar a promover la organización independiente de los trabajadores y oprimidos y ganarlos para una perspectiva revolucionaria.

 

Observamos, como nota al margen, que tales tácticas son incluso más importantes en los propios países semicoloniales, donde las fuerzas nacionalistas o islamistas pequeñoburguesas suelen desempeñar un papel destacado en las luchas de liberación. Esta táctica se ha hecho conocida en el movimiento obrero revolucionario como la táctica antiimperialista del frente único. Fue elaborado originalmente por la Internacional Comunista en los tiempos de Lenin y Trotsky y resumido en sus "Tesis Generales sobre la Cuestión de Oriente " en su Cuarto Congreso en 1922 [17].

 

El objetivo estratégico es liberar a la clase trabajadora del pueblo oprimido de cualquier dominio de las fuerzas burguesas o pequeñoburguesas y hacer avanzar su organización independiente. Sólo sobre la base de tal independencia política y organizativa podrá la clase trabajadora conducir a otras clases y capas del pueblo oprimido hacia la liberación del yugo del imperialismo y el capitalismo.

 

Concluimos citando un resumen acertado del programa de derrotismo revolucionario en el caso de conflictos entre las grandes potencias y el pueblo oprimido por Rudolf Klement, un joven líder de la Cuarta Internacional en la década de 1930: “Sucede lo contrario –en lo que concierne a la forma exterior de su lucha- con el proletariado de los imperialismos involucrados en una lucha directa contra la causa progresiva. Además de su lucha por la revolución, es su deber realizar sabotaje militar para beneficio del “enemigo” –el enemigo de su burguesía, pero su propio aliado. Como medio de derrotismo revolucionario en la lucha entre los países imperialistas, el sabotaje militar, como el terror individual, es completamente inútil. No reemplaza a la revolución social, e incluso no la hace avanzar ni un centímetro, y no hace más que ayudar a un imperialismo contra otro, engañando a la vanguardia, sembrando ilusiones entre las masas y facilitando así el juego de los imperialistas. Por otra parte, el sabotaje militar se impone imperiosamente como una medida inmediata en defensa del campo que está luchando contra el imperialismo y que es en consecuencia progresivo. En cuanto tal, esto lo entienden las masas, dándole la bienvenida e impulsándolo. La derrota del “propio” país se transforma aquí no en un mal menor que viene por añadidura (un mal menor que la “victoria” comprada con la paz civil y el abandono de la revolución), sino en el objetivo inmediato, la tarea de la lucha proletaria. La derrota del “propio” país no sería, en este caso, un mal en absoluto, o un mal que se acepta mucho más fácilmente como algo que viene por añadidura, ya que significaría la simple victoria del pueblo liberado del yugo imperialista existente o potencial, así como la del proletariado sobre su enemigo, sobre el amo común, el capital imperialista.[18]

 

 

 

En escenarios de guerra complejos

 

 

 

Pueden darse casos concretos de conflictos entre una Gran Potencia y un país semicolonial donde este último recibe algún tipo de apoyo de otra Gran Potencia (que es rival de la primera). Tales situaciones existieron durante la Segunda Guerra Mundial cuando el imperialismo angloamericano apoyó a la URSS (un estado obrero degenerado) contra el imperialismo alemán. Hubo casos similares cuando las potencias occidentales apoyaron a la China semicolonial contra el imperialismo japonés o Japón apoyó a las fuerzas indias dirigidas por Subhash Chandra Bose que luchaban contra los británicos. Un ejemplo real podría ser el Irán semicolonial, apoyado por China y Rusia contra Estados Unidos. Si las "conversaciones de paz" se rompen nuevamente, la agresión estadounidense contra la Corea del Norte semicolonial, que recibe apoyo del imperialismo chino, podría ser otro ejemplo.

 

Del mismo modo, puede haber guerras civiles donde los trabajadores y los oprimidos luchan contra una dictadura reaccionaria. El régimen recibe un fuerte apoyo de una Gran Potencia y los rebeldes algo de apoyo de una Gran Potencia rival. Siria ha sido un caso así hasta que Estados Unidos renunció a su ya muy limitado apoyo a los rebeldes.

 

Hemos tratado en otro espacio con más detalle escenarios de guerra tan complejos y las tácticas militares finales. [19] En este punto, nos limitamos a resumir nuestro método para abordar estos temas. El punto decisivo es abordar estos temas de manera dialéctica y no mecanicista. Sería totalmente simplista concluir que, debido a la interferencia de las fuerzas imperialistas o reaccionarias en ambos lados, es mejor tomar una postura neutral. Si bien tal conclusión puede ser correcta y aplicable en varios casos, también puede ser incorrecta en otros. Los revolucionarios deben tener en cuenta el origen, la historia y los factores impulsores (así como los factores secundarios) de cualquier conflicto dado, así como la naturaleza de clase de los diferentes campos.

 

Si esto no se hace, el análisis marxista y el arte revolucionario de elaborar tácticas se reducirían a un mero recuento de ventajas y desventajas. Sin embargo, de hecho, la realidad es una "totalidad concreta, una unidad entre lo universal y lo particular", para usar las palabras del distinguido filósofo soviético de la década de 1920, Abram Deborin. [20]

 

Aquellos socialistas que siempre toman una posición neutral y abstencionista en conflictos y guerras tan complejos, creen erróneamente que tal línea les asegurará defender la independencia de la clase trabajadora. Sin embargo, de hecho, ¡sólo defienden la “independencia” de la clase trabajadora de la realidad objetiva impidiéndole promover sus propios intereses participando en las luchas concretas entre las fuerzas sociales!

 

A diferencia de tales abstencionistas, los marxistas tienen que estudiar concretamente un conflicto o guerra dados y derivar las tácticas apropiadas de ellos. Sin este enfoque, el marxismo se reduce a una muestra de obviedades abstractas y una pasividad táctica de esperar al margen por tiempos mejores, mientras que en la realidad millones de trabajadores y oprimidos luchan por sus derechos democráticos y sociales contra las clases dominantes.

 

Para concluir, repetimos lo que ya dijimos hace algunos años: "Es cierto que las potencias imperialistas históricamente han tratado de utilizar las luchas democráticas para sus propios fines e interferir en ellas. A tal injerencia deben oponerse las fuerzas marxistas. Pero como dijo Lenin, En la época del imperialismo las grandes potencias siempre intentarán interferir y utilizar los conflictos nacionales y democráticos. Sin embargo, este hecho no debería llevar a los marxistas a adoptar automáticamente una posición derrotista en lugar de revolucionaria-defensista en tales conflictos. Los marxistas deberían depender de qué factor se vuelve dominante: la lucha nacional por la liberación democrática o la guerra imperialista de conquista”. [21]

 

 

 



[1] Consulte los capítulos 12 y 13 de El gran robo del sur.

[2] Véase el capítulo II de Michael Pröbsting: World Perspectives 2018: A World Pregnant with Wars and Popular Uprisings. Theses on the World Situation, the Perspectives for Class Struggle and the Tasks of Revolutionaries, RCIT Books, Vienna 2018, https://www.thecommunists.net/theory/world-perspectives-2018/

[3] Leon Trotsky: Petty-Bourgeois Democrats and Moralizers (1938-39); in: Writings of Leon Trotsky, Supplement 1934-40, p. 866

[4] Communist International: Theses on the Fight against the War Danger (1922), en: Jane Degras: The Communist International 1919-1943. Documents Volume I 1919-1922, p. 330

[5] V. I. Lenin: Imperialismo: Fase Superior del Capitalismo (191), Ed. Fundación Federico Engels, p. 50, https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_imperialismo.pdf

[6] V. I. Lenin: Imperialismo: Fase Superior del Capitalismo (191), p. 52 https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_imperialismo.pdf

[7] V. I. Lenin: El folleto de Junius (1916), Lenin. Obras Escogidas, Tomo VI, Ed. Progreso, p.7, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas06-12.pdf

[8] V. I. Lenin y G. Zinoviev: El Socialismo y La Guerra (1915), https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915sogu.htm

[9] Leon Trotsky: Speech at the Fourth Congress of the Communist International (1 December 1922), in: John Riddell (Ed.): Toward the United Front. Proceedings of the Fourth Congress of the Communist International, 1922, Historical Materialism Book Series, Brill, Leiden 2012, p. 1000

[10] John West (James Burnham): War and the Workers (1936), Workers Party Pamphlet, https://www.marxists.org/history/etol/writers/burnham/1936/war/index.htm

[11] Leon Trotsky: Resolution on the Antiwar Congress of the London Bureau (1936), in: Documents of the Fourth International, New York 1973, p. 99

[12] Ver, p.e., UNICEF: Results of the 1999 Iraq Child and Maternal Mortality Surveys. El informe fue publicado por la Federación de Científicos Estadounidenses (fas.org/news/iraq/1999/08/990812-unicef.htm) pero, como era de esperar, ha sido eliminado recientemente.

[13] V.I Lenin: La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación (1916), https://fundacionfedericoengels.net/index.php/2-uncategorised/31-autodeterminacion-lenin

[14] V. I. Lenin: El Proletariado Revolucionario y el Derecho de las Naciones a la Autodeterminación (1915), Lenin. Obras Completas, Ed. Progreso, Tomo XXVII, p. 66

[15] León Trotsky: Combatir al imperialismo para combatir al fascismo (1938), https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/escritos/libro6/T10V106.htm

[16] Cita de: David H. Slavin: The French Left and the Rif War, 1924-25: Racism and the Limits of Internationalism, in: Journal of Contemporary History, Vol. 26, No. 1, enero de 1991, p. 10; ver también numerosos documentos del PCF reprodcidos (en alemán) en Jakob Moneta: Die Kolonialpolitik der französischen KP, Hannover 1968, S. 42-61

[17] La táctica antiimperialista del frente único enfatizó la naturaleza progresiva de la lucha contra la dominación imperialista, incluso si tiene lugar bajo el liderazgo de fuerzas (pequeño) burguesas: "La tarea fundamental, común a todos los movimientos nacional-revolucionarios consiste en realizar la unidad nacional y la autonomía política. La solución real y lógica de esta tarea depende de la importancia de las masas trabajadoras que un determinado movimiento nacional sepa arrastrar en su desarrollo, tras haber roto todas las relaciones con los elementos feudales y reaccionarios y encarnado en su programa las reivindicaciones sociales de esas masas. Consciente de que en diversas condiciones históricas los elementos más variados pueden ser los portavoces de la autonomía política, la Internacional Comunista apoya todo movimiento nacional-revolucionario dirigido contra el imperialismo." (Internacional Comunista: Tesis sobre la cuestión oriental, 5 de diciembre de 1922, Cuarto Congreso de la Internacional Comunista, en Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro primeros

congresos de la Internacional Comunista (1919-1923) Textos completos, p.226, https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf.

La Internacional Comunista enfatizó que los marxistas no deben hacerse ilusiones con las fuerzas (pequeño) burguesas en la cima de los movimientos de liberación nacional. Deben aplicar la táctica del frente único para maximizar el poder de movilización y para debilitar la influencia de estos liderazgos.

"La oportunidad de esa consigna está condicionada por la perspectiva de una lucha a largo plazo contra el imperialismo mundial, lucha que exige la movilización de todas las fuerzas revolucionarias. Esta lucha es mucho más necesaria desde el momento en que las clases dirigentes autóctonas tienden a establecer compromisos con el capital extranjero y que esos compromisos afectan a los intereses básicos de las masas populares. Así como la consigna del frente proletario único ha contribuido y contribuye todavía en occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antiimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones y las incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués." (Idem, p.229)

[18] Rudolf Klement: Principios y tácticas en la guerra, https://www.marxists.org/espanol/klement/1937/1937a.htm

[19] Ver Capítulo II “Excurse: Different Types of Wars in the Present Period and Consequential Revolutionary Tactics” en Michael Pröbsting: World Perspectives 2018: A World Pregnant with Wars and Popular Uprisings; Michael Pröbsting: Dialectics and Wars in the Present Period. Preface to Rudolf Klement's Principles and Tactics in War, Junio de 2017, https://www.thecommunists.net/theory/dialectics-war/; Michael Pröbsting: Liberation Struggles and Imperialist Interference. The failure of sectarian “anti-imperialism” in the West: Some general considerations from the Marxist point of view and the example of the democratic revolution in Libya in 2011”, en: RCIT: Revolutionary Communism, No. 5; http://www.thecommunists.net/theory/liberation-struggle-and-imperialism

[20] Abram Deborin: Lenin als revolutionärer Dialektiker (1925); en: Nikolai Bucharin/Abram Deborin: Kontroversen über dialektischen und mechanistischen Materialismus, Frankfurt a.M. 1974, p. 125 (traducido por nosotros)

[21] Michael Pröbsting: Liberation Struggles and Imperialist Interference