Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias (Capítulo XXIX.)

LIBRO: Anti-imperialismo en la Era de la Rivalidad de las Grandes Potencias 

 

Los factores detrás de la Rivalidad acelerada entre los E.U, China, Rusia, la U.E y Japón. Una crítica del análisis de la izquierda y una semblanza de la Perspectiva Marxista.

 

 

La CCRI publicó este libro en Enero de 2019. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

 

 

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XXIX: Construyendo el Partido Revolucionario Mundial en la Era de la Rivalidad de Grandes Poderes

 

 

 

Nadie con los ojos abiertos puede negar que el mundo se encamina hacia un período de catástrofes y profundas convulsiones. La decadencia del capitalismo empuja a las grandes potencias, tanto a las antiguas como a las nuevas, a luchar entre sí y a reforzar la explotación de los pueblos oprimidos. Esto provoca inevitables guerras comerciales, tensiones diplomáticas y, en última instancia, grandes guerras y una guerra mundial entre las potencias imperialistas. Tiene como resultado, igualmente inevitable, el apretón económico de los países pobres por parte de las corporaciones multinacionales, así como un número creciente de intervenciones militares para asegurar la dominación imperialista.

 

Tal desarrollo no es causado por individuos particularmente malos. Si Trump fuera reemplazado por otra persona, Estados Unidos podría tener un presidente que envíe menos mensajes de Twitter y que domine la gramática inglesa. Pero la dinámica fundamental de la política mundial no sería diferente. Es el capitalismo en su decadencia, y no los lunáticos individuales, lo que amenaza con llevar al mundo al abismo.

 

La salvación no sucederá sola. La salvación solo puede llegar impuesta de forma consciente. Impuesta contra los monopolios y gobiernos imperialistas. Impuesta por la poderosa intervención de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos. Una intervención que no se hará y que no puede realizarse de forma espontánea pero que hay que planificar y organizar. No puede haber plan sin planificadores ni organización sin organizadores. En otras palabras, no puede haber una intervención consciente de la clase obrera y los pueblos oprimidos sin un partido revolucionario. Y ningún partido puede existir sin la creación y construcción previas de una organización previa al partido.[1] Un partido así puede elaborar un programa, una perspectiva, un plan de lucha. La tesis explícita de la Internacional Comunista no ha perdido vigencia: “el partido comunista es el arma principal, esencial, de la emancipación del proletariado.” [2]

 

León Trotsky resumió esta conclusión en 1924 en uno de sus documentos fundamentales, Las lecciones de octubre, con las siguientes palabras mordaces: “La revolución proletaria no puede triunfar sin el partido, fuera del partido o con un sucedáneo del partido. Tal es la principal enseñanza de los diez últimos años.[3]

 

Dado que el capitalismo existe, y solo puede existir, como sistema mundial, la clase trabajadora debe organizarse y luchar no solo en el terreno nacional sino, simultáneamente, también en el internacional. Es imposible luchar contra las potencias imperialistas en América, Europa y Asia con una organización nacionalmente aislada. El centralismo nacional siempre está mal. Pero es devastador en la era de la rivalidad entre las grandes potencias cuando la clase trabajadora necesita una organización que sea capaz de resistir las inevitables presiones nacionales y que pueda elevar su programa por encima de las fronteras nacionales y por encima de cualquier interés nacional.

 

Repetimos lo que la CCRI/RCIT ya ha subrayado muchas veces: desde sus inicios, un partido o una organización prepartido verdaderamente revolucionaria debe ser una formación internacional. Solo como organización internacional podemos desarrollar una perspectiva verdaderamente internacionalista, internalizar la experiencia internacional y trabajar como revolucionarios internacionalistas. Si un grupo existe durante demasiado tiempo como organización nacional, corre grave peligro de desarrollar una experiencia y una perspectiva centradas en la nación. ¡Y esto significa, en última instancia, una experiencia y una perspectiva no revolucionarias!

 

Además, el carácter internacional del partido se corresponde con la naturaleza del programa y la actividad revolucionarios. Así como el programa revolucionario sólo puede vivir, respirar y desarrollarse en una organización de militantes revolucionarios, el programa internacional, así como el internacionalismo y la solidaridad proletarios, sólo pueden existir en una organización internacional. Sin él, el centralismo nacional y finalmente las desviaciones nacionalistas son inevitables. Trotsky una vez comentó con razón: " La táctica marxista en "un solo país "es tan imposible como la construcción de una sociedad socialista "en un solo país". [4]

 

Tal concepción es cierta tanto para un partido como para una organización previa al partido, como Trotsky explicó en numerosos artículos y cartas:

 

Por lo tanto, la Oposición debe actuar desde el co­mienzo como una fracción internacional, como hicieron los comunistas en la época del Manifiesto Comunista, o en la época de la primera Internacional, o como la Iz­quierda de Zimmerwald a principios de la guerra. En todos estos casos se trataba de grupos numéricamente reducidos, o de individuos aislados; no obstante, actua­ron como organización internacional. En la época del imperialismo esta posición es cien veces más imperati­va que cuando vivía Marx.

 

Quienes creen que la Izquierda Internacional se es­tructurará algún día como mera suma de grupos nacio­nales, y que por lo tanto la unificación internacional puede postergarse por tiempo indeterminado hasta tan­to los grupos nacionales se “hagan fuertes", atribuyen al factor internacional una importancia secundaria y por eso mismo se lanzan por la senda del oportunismo nacional.

 

Es innegable que cada país posee sus propias pecu­liaridades y que éstas revisten gran importancia; pero en nuestra época estas peculiaridades no se pueden analizar y aprovechar de manera revolucionaria si no es con un enfoque internacionalista. Por otra parte, sólo una organización internacional puede ser la portadora de una ideología internacional.

 

¿Se puede creer seriamente que grupos nacionales de la oposición aislados, divididos entre sí y abandona­dos a sus propios recursos pueden ser capaces de en­contrar por sí solos el camino correcto? No, esta línea conduce inexorablemente a la degeneración nacional, al sectarismo y a la ruina. Las tareas que tiene planteada la Oposición Internacional son tremendamente difíciles. Sólo si se vinculan indisolublemente, sólo si ela­boran en forma conjunta las respuestas a los problemas planteados, si elaboran su programa internacional, si verifican mutuamente sus respectivas tácticas, en fin, sólo si se unifican en un organismo internacional, los grupos nacionales de la Oposición podrán realizar su tarea histórica.” [5]

 

 

 

Cambios en las condiciones para construir un partido mundial revolucionario

 

 

 

Algunos críticos podrían objetar que las condiciones para la construcción de un partido revolucionario son muy diferentes a las de la época de Lenin. Esto es, por supuesto, cierto. Pero hay que entender en qué radica exactamente la diferencia. El desarrollo de las fuerzas productivas tiene ciertamente consecuencias importantes para el nivel educativo, las habilidades, las tecnologías de la comunicación, etc. Hoy en día, el nivel educativo de la clase trabajadora es definitivamente mucho más alto hoy que en el pasado. Esto facilita que los revolucionarios difundan su agitación y propaganda. Internet y los teléfonos inteligentes también cambian la forma de comunicación y facilitan mucho la colaboración internacional. Matar también se ha vuelto mucho más fácil para los ejércitos con ametralladoras modernas, drones y armas nucleares.

 

Pero todos estos desarrollos tecnológicos no han alterado la esencia del capitalismo y el imperialismo. Sigue existiendo la explotación de la clase obrera y la miseria de los campesinos pobres. Las armas han cambiado, pero el carácter reaccionario de las guerras imperialistas sigue siendo el mismo.

 

Esto no es para negar que ha habido cambios significativos que afectan el trabajo revolucionario. Como ya hemos elaborado en El gran robo del sur y también brevemente en este libro, ha habido un cambio significativo de la producción capitalista y, en consecuencia, de la clase obrera internacional de los viejos países imperialistas a China y el Sur semicolonial. Esto tiene profundas consecuencias para las prioridades de la construcción de un Partido Revolucionario Mundial, ya que tal organización debe tener un enfoque en aquellos países donde hoy en día trabaja y lucha alrededor del 85% del proletariado internacional.

 

Hace cien años, cuando del proletariado mundial estaba ubicado en Europa y América del Norte, existía una cierta justificación para enfocar el trabajo revolucionario en estas regiones. Sin embargo, incluso en ese momento, los comunistas enfatizaron la importancia del trabajo entre el pueblo colonial. Sin embargo, hoy, cuando la relación de fuerzas ha cambiado y cuando más de 4/5 del proletariado mundial está ubicado en los nuevos países imperialistas como China y Rusia, así como en el Sur semicolonial, bajo tales condiciones consideramos cualquier insistencia atrasado en centrar la construcción del partido todavía en los viejos estados imperialistas como un primermundismo atrasado. ¡Tal primermundismo es completamente reaccionario y un obstáculo para la construcción del Partido Revolucionario Mundial!

 

Otro cambio que hay que tener en cuenta es el hecho de que los estados imperialistas se han enriquecido mucho. Esto significa que la clase dominante ha ganado la oportunidad de construir una superestructura más finamente tejida para integrar y manipular a la clase trabajadora y la juventud. Asimismo, se han incrementado sus recursos para sobornar e integrar a la aristocracia laboral.

 

Además, podemos observar el siguiente desarrollo altamente contradictorio: en las últimas décadas de globalización ha surgido una peculiar discrepancia y se ha reforzado. Por un lado, el mundo se ha "integrado" más que nunca, no solo económicamente sino también socialmente a través del acceso a la información (Internet, teléfonos inteligentes, etc.), la migración, los viajes, etc. Por otro lado, la desigualdad social, tanto entre países, así como dentro de los países, también ha aumentado sustancialmente.

 

Como resultado de esta combinación, se está produciendo un choque intensificado entre dos mundos: entre los países ricos y pobres, entre los estratos superiores y los estratos inferiores. Un reflejo de la derecha de este desarrollo es la famosa tesis de Samuel Huntington sobre “el choque entre civilizaciones”. [6] Tal choque empuja a la clase media liberal y la aristocracia obrera a defender obstinadamente sus privilegios contra “la plebe” en el centro de las ciudades y suburbios y contra los “bárbaros atrasados” del Sur. Esto encuentra su justificación ideológica en ideologías como la defensa del laicismo burgués contra los “musulmanes fanáticos” o la defensa de las instituciones dominadas por la “gente educada” contra la “gente estúpida y manipulada con noticias falsas”. Por supuesto, la clase media y la aristocracia laboral también están sufriendo en la era de la austeridad. Pero en comparación con la gran mayoría de la clase trabajadora mundial, con la que la clase media y la aristocracia obrera entran en contacto cada vez más, siguen siendo muy privilegiados. Esta contradicción se intensifica por el hecho de que, mientras tanto, la mayor parte del valor capitalista global ya no se crea en los viejos países imperialistas.

 

Este es un factor importante, aunque no el único [7], de la creciente polarización dentro de la "llamada" izquierda en los países imperialistas y de la hostilidad de muchos reformistas y centristas contra los levantamientos de la juventud migrante y contra la Revolución Árabe.

 

En otras palabras, estos desarrollos están reforzando masivamente las tendencias del aristocratismo entre la izquierda reformista y centrista. Esto hace que sea aún más urgente que los revolucionarios luchen contra el aristocratismo y se orienten a los estratos más bajos del proletariado y a las masas populares en el mundo semicolonial.

 

Finalmente, y lo más importante, las fuerzas revolucionarias son hoy mucho más débiles y la conciencia de clase del proletariado está más atrasada que hace cien años. Al mismo tiempo, la influencia de la burocracia reformista y de las fuerzas populistas pequeñoburguesas ha aumentado sustancialmente.

 

Reconocer un desarrollo tan desventajoso no equivale a pesimismo y ciertamente no justifica el escepticismo y el cinismo que está tan extendido entre la llamada izquierda.

 

Primero, no hay que olvidar que los principales factores para el desarrollo de la conciencia de las masas son los desarrollos objetivos de las contradicciones del sistema capitalista, así como entre las clases y los estados. En primer lugar, no fue la pequeña literatura clandestina de los bolcheviques la que galvanizó la conciencia de los trabajadores y los campesinos pobres, sino más bien sus brutales condiciones de vida y las guerras de 1904/05, respectivamente, en 1914-17, en particular cuando la clase dominante sufrió severas derrotas y perdió su prestigio. No cabe duda de que el período venidero está lleno de catástrofes económicas y ecológicas, crisis políticas y desastres militares.

 

En segundo lugar, es cierto que los revolucionarios de hoy son mucho más pequeños que hace cien años. Pero la aceleración de las contradicciones entre los estados y entre las clases debilitará y socavará inevitablemente el aparato reformista y populista y abrirá el camino a los auténticos marxistas. Las ideas del socialimperialismo y el pacifismo serán expuestas por la política reaccionaria de las Grandes Potencias y la crisis política. La línea del internacionalismo de la clase trabajadora basada en la independencia de todas las grandes potencias y en el apoyo a todas las luchas de liberación ganará en atractivo.

 

En nuestra opinión, los revolucionarios deberían sacar las siguientes consecuencias de tal evaluación: a) que unir las pequeñas fuerzas sobre una base de principios es muy urgente y b) que un nuevo partido solo puede construirse fusionando nuestro programa con las nuevas capas de trabajo activistas de clase y jóvenes que están ganando experiencia en las luchas. Puede que sigan siendo políticamente crudos, pero militantes y abiertos a nuevas ideas. ¡Este es el medio al que deben orientarse los revolucionarios y con cuya ayuda se construirá el Partido Revolucionario Mundial!

 

 

 

Orientación a las nuevas capas militantes de la clase trabajadora y la juventud

 

 

 

En este punto es útil llamar la atención sobre el siguiente tema. Una de las principales líneas divisorias de hoy entre el marxismo revolucionario y los diversos matices del centrismo es el acercamiento a las masas "atrasadas". Tales masas "atrasadas" podrían ser los trabajadores y campesinos pobres que se unen contra las grandes potencias y sus dictadores locales bajo ideologías pequeñoburguesas inspiradas en la religión, un pueblo oprimido que lucha por la libertad bajo la bandera del nacionalismo, la juventud migrante en los banlieues (barrios pobres) alrededor de París en 2005, los jóvenes negros y migrantes en Tottenham en 2011 o las masas periurbanas que se manifiestan con chalecos amarillos en Francia en 2018.

 

Como hemos discutido en numerosas ocasiones, los marxistas deben apoyar enérgicamente tales luchas, a pesar de la dirección pequeñoburguesa y a pesar de una conciencia de las masas políticamente menos desarrollada.[8] A diferencia de varios centristas que miran con arrogancia a las masas "atrasadas" y que prefieren mantenerse al margen de sus luchas (¡o incluso apoyar a sus enemigos en nombre del "secularismo" o de la "seguridad pública"!), Los revolucionarios están totalmente del lado de y únete a esas luchas de liberación de los trabajadores y oprimidos. Los centristas dicen que esas masas están irremediablemente atrasadas y que hay que esperar hasta que aprendan y sólo entonces se podría unir fuerzas con ellas. Por el contrario, los marxistas insisten en unirse a las masas combatientes ya ahora, mientras todavía siguen ideologías equivocadas, pero luchan contra sus opresores y, durante y en medio de tales luchas, les ayudaremos a aprender políticamente y hacer avanzar su conciencia.

 

Trotsky resumió acertadamente estos diferentes enfoques: “Sin embargo, la posición de Ledebour incluso sobre esta cuestión no abandona los recintos del centrismo. Ledebour exige que se libere una batalla contra la opresión colonial; está dispuesto a votar en el parlamento contra los créditos coloniales; está dispuesto a asumir una valiente defensa de las víctimas de una insurrección colonial aplastada. Pero Ledebour no participará en la preparación de una insurrección colonial. Ese trabajo lo considera golpismo, aventurerismo, bolchevismo. Y ahí está todo el meollo del asunto.

 

Lo que caracteriza al bolchevismo en la cuestión nacional es que, en su actitud hacia las naciones oprimidas, incluso las más atrasadas, las considera no solo el objeto sino también el sujeto de la política. El bolchevismo no se limita a reconocer su “derecho” a la autodeterminación ya protestas parlamentarias contra el pisoteo de este derecho. El bolchevismo penetra en medio de las naciones oprimidas; los levanta contra sus opresores; vincula su lucha con la lucha del proletariado en los países capitalistas; instruye a los chinos, hindúes o árabes oprimidos en el arte de la insurrección y asume la plena responsabilidad de este trabajo frente a los verdugos civilizados. Sólo aquí comienza el bolchevismo, es decir, el marxismo revolucionario en acción.”

 

Esto está relacionado con la diferencia estratégica entre el marxismo y el centrismo, entre el bolchevismo y el menchevismo sobre el tema hacia qué capas enfocarse en la construcción del partido. Los mencheviques siempre se orientaron hacia la intelectualidad y los estratos superiores de la clase trabajadora, mientras que los bolcheviques se orientaron principalmente hacia los estratos inferiores de la clase trabajadora (incluida la juventud). Trotsky resumió este enfoque en la fórmula bien redactada:

 

La fuerza y el significado del bolchevismo consiste en el hecho de que atrae a las masas oprimidas y explotadas y no a los estratos superiores de la clase obrera[9].

 

Esta diferencia entre bolchevismo y menchevismo en la construcción del partido estaba relacionada con las diferencias en las líneas estratégicas de la revolución. Los mencheviques consideraban a la burguesía liberal como el aliado central del proletariado en la revolución que se avecinaba. Por otro lado, pensaban en el campesinado como una masa conservadora y atrasada que no podía jugar ningún papel progresista en la lucha de clases. En contraste, los bolcheviques consideraban a la burguesía liberal como un enemigo central en la lucha revolucionaria, mientras que veían a las masas pobres del campesinado como el aliado más importante de la clase trabajadora. Lenin resumió estas diferencias en la orientación estratégica así:

 

La experiencia de la revolución rusa de 1905 y del subsiguiente período contrarrevolucionario nos enseña que en nuestro país pudieron observarse dos líneas de la revolución, en el sentido de que hubo una lucha entre dos clases, el proletariado y la burguesía liberal, por asegurarse la influencia dirigente sobre las masas. El proletariado actuó de un modo revolucionario y fue llevando tras de sí al campesinado democrático al asalto de la monarquía y los terratenientes. La prueba de que el campesinado manifestó tendencias revolucionarias en el sentido democrático fue suministrada en una escala de masas por todos los grandes acontecimientos políticos(...) La primera línea de la revolución democrática burguesa rusa, tal como se desprende de los hechos y no de la charlatanería sobre "estrategia", consistía en que el proletariado combatió resueltamente, mientras que el campesinado lo siguió con indecisión. Ambas clases se levantaron contra la monarquía y los terratenientes. La falta de fuerza y de decisión en dichas clases provocaron la derrota (aunque se abrió, de todos modos, una brecha parcial en la muralla de la autocracia).

 

La segunda línea fue la actitud de la burguesía liberal. Nosotros, los bolcheviques, siempre hemos dicho, sobre todo desde la primavera de 1906, que esta línea estaba representada por los demócratas constitucionalistas y los octubristas, considerados como una fuerza única. La década de 1905 a 1915 confirmó nuestra opinión. En los momentos decisivos de la lucha, los demócratas constitucionalistas, junto con los octubristas, traicionaron a la democracia y "acudieron" en ayuda del zar y de los terratenientes. (...)

 

Los bolcheviques ayudaron conscientemente al proletariado a seguir la primera línea, a lu½har con audacia y abnegación y llevar tras de sí al campesinado. Los mencheviques se deslizaban constantemente hacia la segunda línea, corrompieron al proletariado adaptando su movimiento a los liberales (...)

 

Sólo estas corrientes, la bolchevique y la menchevique, se manifestaron en la política de las masas, en 1904-1908, y después, en 1908-1914. ¿Por qué? Porque sólo estas dos corrientes tenían sólidas raíces de clase; la primera, en el proletariado; la segunda, en la burguesía liberal.[10]

 

Naturalmente, la situación concreta en el capitalismo mundial a principios del siglo XXI difiere de la de Rusia de hace un siglo. Pero las diferencias básicas en la orientación de clase entre el oportunismo y el marxismo siguen siendo las mismas. Los reformistas se orientan hacia una alianza con un sector “progresista” de la burguesía, con una Gran Potencia que se opone al imperialismo estadounidense, con la intelectualidad ilustrada, etc. jóvenes migrantes de mentalidad religiosa, la gente "fanática" en el sur gritando "Allahu akbar”, Etc. Los centristas suelen seguirlos y prefieren la compañía de los reformistas, de la gente “educada” de las universidades y de los burócratas laborales que los trabajadores políticamente crudos y la juventud migrante de las banlieues.

 

El bolchevismo del siglo XXI se opone categóricamente a cualquier alianza con sectores de la burguesía imperialista o con cualquier gran potencia. Mientras aplican la táctica del frente único a los burócratas laborales y académicos progresistas siempre que sea necesario para movilizar a las masas, los revolucionarios se enfocan en trabajar entre estas masas “atrasadas”. ¡Es imposible construir un partido revolucionario en el siglo XXI sin entender completamente esta pregunta!

 

 

 

Reformismo y centrismo como obstáculos

 

 

 

La lucha contra el imperialismo y la guerra debe basarse en dos principios fundamentales e interrelacionados:

 

a) Lucha contra todas las grandes potencias, tanto en Oriente como en Occidente;

 

b) Apoyar todas las luchas de liberación de los trabajadores y pueblos oprimidos contra cualquier Gran Potencia o su lacayo reaccionario.

 

Sin basar su política en estos dos principios interrelacionados, ninguna organización puede implementar un programa antiimperialista consistente. [11]

 

Es evidente, y lo hemos demostrado en detalle en este libro, que la lucha para unir a la clase trabajadora contra el imperialismo y la guerra no se lleva a cabo en el vacío. De hecho, el movimiento obrero oficial está dominado por socialimperialistas pro-occidentales y pro-orientales. Las diversas fuerzas centristas, vacilantes en el medio, son prisioneras de sus fracasos programáticos del pasado y de su adaptación oportunista a la burocracia reformista.

 

Por tanto, la lucha de cualquier organización revolucionaria por ganar la vanguardia obrera y, a través de la vanguardia obrera, las masas proletarias, está inevitablemente ligada a la lucha contra estas fuerzas socialimperialistas y socialpacifistas.

 

Los marxistas han enfatizado repetidamente que la clase dominante no ha logrado mantener su dominio debido a su fuerza interior, sino por el apoyo que recibe de la burocracia laboral. James P. Cannon, el líder histórico del comunismo y el trotskismo estadounidenses, dijo una vez: “La fuerza del capitalismo no está en sí mismo ni en sus propias instituciones; sobrevive sólo porque tiene bases de apoyo en las organizaciones de los trabajadores. Como lo vemos ahora, a la luz de lo que hemos aprendido de la Revolución Rusa y sus secuelas, el siglo XIX de la lucha por el socialismo es la lucha contra la influencia burguesa en las organizaciones obreras, incluido el partido”. [12]

 

Y en efecto, todas las fuerzas socialimperialistas pro-occidentales y pro-orientales son agentes de tal influencia burguesa, ya que ayudan a esta o aquella Gran Potencia y porque, con esto, dividen y confunden a la clase obrera internacional.

 

Como hemos demostrado en los capítulos anteriores, las fuerzas estalinistas, ex-estalinistas y semi-reformistas sirven, abierta o encubiertamente, a una u otra Gran Potencia imperialista. Varios centristas son incapaces de comprender el verdadero carácter de Rusia y China y, por lo tanto, no reconocen la naturaleza del período histórico actual como uno de acelerada rivalidad entre las grandes potencias en el que los revolucionarios deben luchar contra todos los estados imperialistas. Asimismo, muchos de ellos no apoyan de manera consistente las luchas de liberación de los pueblos oprimidos contra una u otra Gran Potencia.

 

Es obvio que estas fuerzas reformistas y centristas son un obstáculo para la lucha de liberación de la clase obrera internacional. Por tanto, la lucha por ganar la vanguardia obrera para un programa antiimperialista coherente no puede avanzar sin la lucha enérgica contra la influencia de los socialimperialistas y social-pacifistas.

 

De hecho, muchas de estas fuerzas reformistas y centristas se han podrido tanto que no se puede esperar que desempeñen un papel progresista en la lucha de clases que se avecina. La CCRI/RCIT considera un error de varios revolucionarios esperar una especie de proceso de autocuración de esas fuerzas que se están adaptando desde hace años y décadas al orden burgués. No, el futuro partido de la revolución no se construirá principalmente a partir de fragmentos de partidos reformistas o centristas, sino más bien a partir de las nuevas capas militantes emergentes de la clase trabajadora y los oprimidos. Estos nuevos elementos en bruto proporcionarán el material dinámico y fructífero para construir un partido revolucionario con espíritu sano y dedicación militante a la causa de la lucha por la liberación.

 

Como dijimos anteriormente, la lucha contra el imperialismo es simultáneamente una lucha por la liberación de los trabajadores y oprimidos. Una organización revolucionaria no puede librar una lucha como la lucha sustitucionalista para el proletariado, sino sólo con y a través de fuertes raíces entre las masas proletarias. Las numerosas capitulaciones de las fuerzas reformistas y centristas en los países imperialistas ante la presión chovinista se relacionan con su incapacidad de apoyarse en los estratos más bajos de la clase trabajadora, las masas oprimidas, los migrantes, la gente de color, etc. De hecho, una organización revolucionaria debe esforzarse por tener una membresía y una dirección que no esté dominada por intelectuales y aristócratas laborales, sino por activistas de los estratos más bajos y oprimidos de la clase trabajadora.

 

Asimismo, una Internacional revolucionaria hoy no debe tener su base principal en las viejas metrópolis imperialistas de América del Norte y Europa Occidental. En tiempos en que la inmensa mayoría del proletariado mundial en el siglo XXI - alrededor del 85% - vive en el Sur, es decir, fuera de las viejas metrópolis imperialistas, cualquier partido revolucionario mundial debe enfocarse para construir entre estas masas.

 

Somos plenamente conscientes de que las auténticas fuerzas revolucionarias de hoy son débiles. Un nuevo Partido Mundial de la Revolución Socialista no caerá del cielo. Construir un partido así requiere un proceso más largo de arraigo entre las masas, educación de cuadros, pruebas prácticas, etc. ¡Pero reconocer las dificultades y debilidades no es motivo de desesperación, sino más bien para abordar conscientemente los problemas existentes y ponerse a trabajar enérgicamente!

 

Las palabras de Séneca, el célebre filósofo romano, no han perdido su significado: Fata volentem ducunt, nolentem trahunt (las Parcas conducen a los que quieren y arrastran a los que no quieren). Sin duda, el "destino" (es decir, las leyes de la lucha de clases) arrastrará a los revisionistas a un callejón sin salida. Sin embargo, los revolucionarios que estén dispuestos a luchar y aprender, pueden utilizar las crisis del capitalismo que se avecinan y las tormentas de las luchas de clases para avanzar en la construcción de un poderoso instrumento para la lucha por la liberación.

 

Hoy, la CCRI/RCIT es una organización previa al partido comprometida con la construcción de ese partido mundial. Todavía somos una organización pequeña, pero en el transcurso de los últimos siete años hemos logrado construir una organización internacional con secciones y grupos fraternos en 18 países de todos los continentes. Nos acercamos a todas las organizaciones revolucionarias y activistas de todo el mundo que están de acuerdo con nosotros en los temas más importantes de la lucha de clases mundial. ¡Unamos nuestras fuerzas para construir un Partido Mundial Revolucionario! Construyamos una organización internacional conjunta que luche contra todas las grandes potencias, tanto en el este como en el oeste, y que apoye todas las luchas de liberación de los trabajadores y pueblos oprimidos contra cualquier gran potencia o su lacayo reaccionario.

 

 

 

¡Únase a nosotros en esta lucha! ¡Únase a la CCRI/RCIT!

 

 

 



[1] Sobre el análisis de la RCIT del partido revolucionario, ver p. Ej. Michael Pröbsting: Building the Revolutionary Party in Theory and Practice. Looking Back and Ahead after 25 Years of Organized Struggle for Bolshevism, Vienna 2014, https://www.thecommunists.net/theory/rcit-party-building/

[2] Internacional Comunista: Resolución sobre el papel del partido comunista en la revolución proletaria (1920), Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (1919-1923), Ed. Internacionals Sedov, p. 75

[4] León Trotsky: La Unificación de la Oposición de Izquierda (1930), https://ceip.org.ar/La-unificacion-de-la-Oposicion-de-Izquierda

[5] León Trotsky: Carta abierta a todos los militantes de la Leninbund (1930), https://ceip.org.ar/Carta-abierta-a-todos-los-militantes-de-la-Leninbund

[6] Véase, Samuel P. Huntington El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, Simon & Schuster, New York 1996

[7] Como razones para el fortalecimiento de los desarrollos reaccionarios entre sectores significativos del medio reformista y centrista en los viejos países imperialistas, hay que agregar a) la rivalidad acelerada entre las grandes potencias y b) las derrotas políticas que ha sufrido el movimiento obrero después de 1968 como mucho después del colapso del estalinismo en 1989-91 y que se expresa en su declive político, ideológico y organizativo.

[8] Ver, p. RCIT: France: Defend the “Yellow Vests” Movement against State Repression! 03.12.2018, https://www.thecommunists.net/worldwide/europe/france-defend-the-yellow-vests-movement-against-state-repression/; Nina Gunić and Michael Pröbsting: These are not "riots" – this is an uprising of the poor in the cities of Britain! The strategic task: From the uprising to the revolution!, 10.8.2011, http://www.rkob.net/new-english-language-site-1/uprising-of-the-poor-in-britain/; Michael Pröbsting: The August uprising of the poor and nationally and racially oppressed in Britain: What would a revolutionary organisation have done?, 18.8.2011, http://www.rkob.net/new-english-language-site-1/august-uprising-what-should-have-been-done/; Bericht der RKOB-Delegation über ihren Aufenthalt in Londres 2011, http://www.rkob.net/international/berichte-uprising-in-gb/, Michael Pröbsting: Britain: "The left" and the August Uprising, 1 septiembre 2011, https://www.thecommunists.net/theory/britain-left-and-the-uprising/

[9] Leon Trotsky: Perspectives and Tasks in the East. Speech on the third anniversary of the Communist University for the Toilers of the East (21 de abril de 1924); in: Leon Trotsky Speaks, Pathfinder 1972, p. 205

[10] V. I. Lenin: Acerca de las dos líneas de la Revolución (1915), Lenin. Obras Completas, Tomo 27, Ed. Progreso, p. 80-82

[11] Remitimos a los lectores a los documentos programáticos centrales de la CCRI/RCIT: "Manifiesto Comunista Revolucionario" (2012) y el "Manifiesto por la Liberación Revolucionaria" (2016). Ambos se pueden leer en línea o descargar en nuestro sitio web en https://www.thecommunists.net/home/espa%C3%B1ol/ccri-manifiesto/ y https://www.thecommunists.net/home/espa%C3%B1ol/ccri-manifiesto-2016/

[12] James P. Cannon: E.V. Debs (1956); in: James P. Cannon: The First Ten Years of American Communism, Pathfinder Press, New York 1962, p. 270