Manifiesto por la Liberación Revolucionaria: III. La ofensiva reaccionaria de la clase dominante

 

 

Desde el principio del presente periodo en 2008, hemos sido testigos de las distintas fases de la lucha de clases. Cuando las masas populares sintieron las consecuencias de la Gran Recesión, se levantaron en contra de la clase dominante. El movimiento revolucionario más importante tuvo lugar en el mundo árabe, donde las masas derrocaron a los dictadores en Tunisia, Egipto, Libia y Yemen en 2011 y continuaron su heroica resistencia en otros países en los cuales los gobernantes han defendido y logrado retener el poder por todos los medios militares posibles (Siria, Bahrain, etc.)

 

Además, del heroico levantamiento armado de la gente en Siria en contra del gobierno de Assad y la continua resistencia en contra de la dictadura militar en Egipto, una serie de otras luchas de clase importantes han tomado lugar en los años recientes: la lucha de los maestros en México; las protestas populares en Brasil en 2013, así como la resistencia en contra del golpe de estado en 2015/16; la huelga de los mineros de Marikana en 2012 en África del Sur, la mayor de las huelgas generales en la historia de la humanidad en India, en la cual participaron entre 150 y180 millones de personas en Septiembre del 2015 y 2016, el movimiento Black Live Matters en Estados unidos; más las 35 huelgas generales en Grecia; y las protestas de masas en contra de la Reforma Laboral en Francia del 2016.

 

Sin embargo, estas luchas de masas son mayoritariamente espontáneas, y por desgracia, carecieron de una dirección con una perspectiva que les permitiera derrocar, no solo a gobernantes específicos, sino a toda la clase dominante de sus respectivos países. Como resultado de la ausencia de líderes revolucionarios, estas luchas se enfrentaron a inmensos obstáculos. Una y otra vez, la clase dominante logró, ya sea, pacificar estos movimientos o suprimirlos brutalmente y derrotarlos.

 

Como resultado, la clase obrera ahora experimenta ofensivas reaccionarias por la clase dominante local en muchos lugares del mundo. No solamente es la burguesía quien continúa e intensifica sus peligrosos ataques de austeridad y programas privatizadores, manejando largos y largos sectores de la clase obrera y oprimida hacia la pobreza y la inseguridad social: también está el incremento al ataque de los derechos democráticos básicos de los ciudadanos De esta forma, por ejemplo, hemos presenciado ofensivas reaccionarias como el golpe de estado en Egipto; el regreso de la camarilla de Ben Ali en Tunes; el golpe de estado institucional en Brasil; el avance de las alas derechistas en Argentina y Venezuela; el golpe de estado militar en Tailandia; la exacerbación de la Islamofobia, el racismo contra migrantes y refugiados; el incremento en la militarización a través del mundo occidental y también entre el imperialismo Chino y Ruso.

 

 Con sus arsenales llenos al máximo, los grandes poderes imperialistas han aumentado sus intervenciones militares en el mundo semi-colonial con tal de derrocar cualquier resistencia popular. Como resultado, decenas de miles son sacrificados por cohetes, bombas y bombardeos de Estados Unidos, Francia, Bretaña, Rusia e Israel, o por sus lacayos locales en Afganistán, Iraq, Siria, Palestina, Libia, Somalia y otros países.

 

Más allá de ello, las grandes potencias --Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón y Rusia--están provocando el militarismo y el chovinismo, así como el uso de sanciones económicas para incrementar sus respectivas esferas de influencia a expensas de sus rivales y concentrar su población doméstica detrás de sus programas expansionistas.

 

Por ahora, hemos visto un incremento en el proteccionismo económico, la desglobalización, la creación de bloques regionales y el aislacionismo. La salida de Gran Bretaña de la unión Europea (Brexit) es un ejemplo de esto. El alza de los rabiosos chovinistas (por ejemplo Trump, Le Pen, Strache, Farange) es otro indicador. Una desintegración de la Unión Europea como resultado de Le pen y figuras que piensan igual que él en países clave de la Unión Europea o una interrupción del OTAN entre Estados Unidos y la Unión Europea bajo un presidente Trump devendrá en eventos políticos dramáticos mundiales y al aumento masivo de contradicciones políticas y económicas.

 

En pocas palabras, en el mundo de ahora somos testigos de una exacerbación masiva de las contradicciones en incremento a lo largo de los 3 ejes de los antagonismos políticos y económicos--la lucha de clases entre los capitalistas contra los obreros y los oprimidos; la lucha entre las Grandes Potencias y las corporaciones multinacionales contra los países del sur; y el conflicto entre las Potencias imperialistas rivales.

 

Estas ofensivas reaccionarias de las clases dominantes han resultado en un número de derrotas serias para la clase trabajadora y oprimida. Pero también han provocado, inevitablemente, nuevos recrudecimientos--luchas económicas, huelgas generales, movimientos populares, resistencia armada contra invasores e insurrectos. Ante nosotros resta un periodo de agudas y explosivas luchas de clases llenas de potencial revolucionario y peligros contrarrevolucionarios.

 

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