Manifiesto por la Liberación Revolucionaria: V. La crisis de dirección y la construcción del Partido Revolucionario Mundial

 

 

La tarea central en el próximo período consiste en la necesidad de superar la dramática crisis de liderazgo. El desarrollo objetivo del capitalismo -su decadencia y carácter de crisis - sin duda ayudará a las masas a comprender la quiebra de este sistema y la necesidad de su derrocamiento. Sin embargo, con el fin de ayudar a las masas en este proceso, la vanguardia obrera debe aplicar un programa de reivindicaciones transitorias que crée un puente entre las luchas de hoy y la conciencia actual de las masas con la tarea estratégica de la revolución socialista. Esta es la razón por la que los revolucionarios tienen que combinar una propaganda implacable de este tipo de programa con el trabajo ejemplar de masas y la aplicación de la táctica del frente único hacia las organizaciones de masas de los trabajadores y los oprimidos.

 

El colapso programático y organizativo de la IV Internacional trotskista en 1948-1952 interrumpió la continuidad revolucionaria que duró desde la época de los liderazgos de Karl Marx y Friedrich Engels en la Liga Comunista, pasó por la Segunda Internacional hasta 1914, continuó con la revolucionaria Internacional Comunista de Lenin hasta la IV Internacional de Trotsky. Hoy, las pequeñas fuerzas como la CCRI están retomando el hilo revolucionario en su lucha por la construcción del partido revolucionario mundial. Tal partido mundial será la quinta vez que la clase obrera habría establecido una Internacional (de ahí que la llamamos la Quinta Internacional).

 

Sin embargo, hay grandes obstáculos en el camino de construir el partido revolucionario mundial. Además de las potencias imperialistas y el estado burgués, la clase obrera se enfrenta a numerosos enemigos, adversarios y partidarios poco confiables dentro de sus propias filas. La falta de continuidad revolucionaria durante muchas décadas ha llevado a que las organizaciones de masas de trabajadores y populares esten dominadas por direcciones burocráticas reformistas y populistas. Estas fuerzas reformistas son el principal obstáculo para transformar el enorme potencial revolucionario que objetivo del período histórico actual en verdaderas revoluciones proletarias.

 

Guerras, revoluciones y contrarrevoluciones son las pruebas más decisivas para cualquier organización política. Tales situaciones revelan su verdadero carácter político detrás de cualquier declaración programatica formal, así como su relación con la lucha de los trabajadores y oprimidos. Los últimos años han demostrado que, las direcciones oficiales de los sindicatos y organizaciones populares, de los partidos populistas burgueses y pequeño burgueses reformistas (por ejemplo, los Castro-Chavistas, Kirchneristas y el PT de Roussef y Lula en América Latina, SYRIZA en Grecia y otros socialdemócratas en Europa, el estalinista PCI (M) en la India y los maoístas en Nepal), así como, las distintas corrientes del islamismo (por ejemplo, los Hermanos Musulmanes, varios grupos rebeldes en Siria o los huzíes en Yemen) todos fallaron para ofrecer a los trabajadores y las masas populares una salida de la miseria capitalista y la humillación. Su naturaleza política - con independencia de sus proclamas oficiales "radicales" - es seguir siendo o convertirse en parte del aparato estatal de la clase dominante capitalista. Por lo tanto, no es sorprendente que a menudo hayan sido, o aspiran a ser, un aliado de uno o varios grandes potencias imperialistas. El centrismo, con independencia de sus zigzags políticos y su uso de la terminología "marxista", siempre tiende a adaptarse a una u otra facción de la burocracia reformista y servir como sus tropas auxiliares de "izquierda".

 

La vanguardia obrera y todos los socialistas deben romper con todas estas variaciones de callejones políticos. Debemos elegir un camino diferente. Mientras la clase obrera y los oprimidos no posean un partido de combate revolucionario -a nivel nacional, así como en todo el mundo- no pueden tener éxito en su lucha de liberación. Con el fin de tener éxito contra sus poderosos enemigos, la clase obrera debe tener un partido con un programa claro -determinando el camino a partir de la situación actual hasta la conquista del poder. Se necesita un partido que concretice un programa de este tipo en una serie de estrategias y tácticas en relación a las condiciones cambiantes de la lucha de clases. Y debe tener un partido que acompañe un programa de este tipo con una organización de combate de cuadros acerados que actúen de una manera centralizada como un solo puño de la lucha de clases proletaria.

 

Por lo tanto, la tarea más urgente en el actual período es la oportuna fundación de partidos revolucionarios y de un nuevo Partido Mundial de la Revolución Socialista.