Manifiesto por la Liberación Revolucionaria: VI. El trabajo en organizaciones de masas y la táctica del Frente Único

 

La necesaria lucha contra el reformismo y el populismo en ningún caso debe ser confundido con cualquier forma de sectarismo hacia las organizaciones de masas de la clase obrera. En un período de creciente lucha de clases, la dominación de la burocracia reformista y populista en los trabajadores y las organizaciones de masas populares y el pequeño tamaño de las fuerzas revolucionarias auténticas, la aplicación de la táctica del frente único posee un lugar central en el arsenal de los revolucionarios. Es un elemento fundamental en la consecución del objetivo estratégico de apartar a la clase trabajadora lejos de la burocracia sindical traidora. Estas tácticas deben estar centradas en actividades prácticas y tienen que incluir la movilización y organización de miembros ordinarios, plantear exigencias a los líderes, advirtiendo a los trabajadores en contra de tener ilusiones en la dirección burocrática, así como la agitación y la propaganda independiente. Por lo tanto, la táctica del frente único debe ir de la mano con denuncias afiladas hacia la burocracia y el rechazo de cualquier bloque estratégico con cualquier facción de "izquierda" de la burocracia. Esta es la única manera de mantener la independencia política de la clase obrera de todas las influencias burguesas.

Es crucial trabajar dentro de los sindicatos y otras organizaciones obreras y populares de masas con el fin de revolucionarlos. Los comunistas deben organizarse en corrientes y ayudar a construir un movimiento amplio de las bases para luchar contra la burocracia privilegiada y en última instancia para expulsarla. Sin embargo, los revolucionarios también son conscientes de que los sindicatos suelen organizar sólo una pequeña minoría de la clase obrera. Del mismo modo, los sindicatos suelen estar dominados por la aristocracia laboral o por los sectores más acomodados del proletariado. Por lo tanto, es crucial aprovechar todas las oportunidades para construir comités de fábrica y órganos similares en las luchas con el fin de ampliar la base de los trabajadores organizados. Por otra parte, los revolucionarios deben esforzarse para organizar las capas inferiores de la clase obrera y las capas oprimidas de los sindicatos y de llevar a los representantes de estas capas a posiciones de liderazgo por lo que el dominio de la capa aristocrática pueda ser eliminado.

Tal orientación a los estratos inferiores de la clase obrera y los oprimidos es particularmente crucial en el presente período en que muchos socialdemócratas, partidos estalinistas y centristas están más que nunca dominados por sectores de la aristocracia obrera e intelectuales de clase media. Esto ha dado lugar a la creación de una cultura de la "aristocracia" en la izquierda de clase media pequeñoburguesa llena de arrogancia y aislada de los estratos inferiores del proletariado, los migrantes y los oprimidos.

En contraste a éste elitismo, la CCRI orienta sus esfuerzos para construir partidos revolucionarios principalmente entre el proletariado del Sur y de los estratos inferiores de la clase obrera y los oprimidos en los países imperialistas.

La decadencia y la degeneración de los partidos reformistas, la falta de existencia de cualquier partido de los trabajadores en muchos países, y la intensificación de la lucha de clases hacen de la aplicación de la táctica del frente único una tarea muy urgente. En los países donde no existen partidos obrero burgueses (ni siquiera un reformista), o cuando los partidos obreros burgueses existentes están ya tan degenerados que repelen a la vanguardia de los trabajadores, los revolucionarios llaman a los trabajadores de vanguardia y a las organizaciones de masas a fundar un nuevo partido de los trabajadores (o "Partido del Trabajo"). En la lucha por esos nuevos partidos obreros, etapas intermedias son concebibles. Los revolucionarios podrían apoyar alianzas hacia ese objetivo o la fundación de nuevas organizaciones de capas oprimidas (por ejemplo, organizaciones de migrantes) que también podrían apoyar en las elecciones. La entrada en los reformistas o populistas pequeñoburgués existentes, sobre la base de un programa revolucionario, es también una táctica legítima.

Hemos visto intentos de fundar nuevos partidos de trabajadores en Brasil en la década de 1980 y en Sudáfrica y Bolivia actualmente. El ejemplo del PT de Lula en Brasil demuestra que los revolucionarios tienen que luchar contra el peligro de una degeneración reformista de tales nuevos partidos de los trabajadores. Lo hacen contraponiendo una estrategia revolucionaria, es decir, un programa de transición completo como el programa de ese partido, contra el programa reformista. Los revolucionarios deben encontar una tendencia revolucionaria dentro de tales partidos quienes lucharan por la dirección del partido denunciando la traición de los reformistas y centristas en las luchas actuales. Esto se puede hacer mediante la presentación de una serie de exigencias mínimas y transitorias adecuadas que unifiquen y movilicen a los trabajadores y los oprimidos contra el enemigo de clase capitalista. Sobre esta base, los revolucionarios deben utilizar la táctica del frente único con otras fuerzas contra el enemigo común de acuerdo con el principio de "marchar separados, golpear juntos".

Sin embargo, los revolucionarios no deben ser ultimatistas. En otras palabras, ellos no entran en un partido del trabajo de este tipo, presentan su programa y si se rechaza abandonan inmediatamente el partido. Tal táctica sectaria sólo sería en el servicio de las fuerzas reformistas que intentan controlar un partido así. Los comunistas deben intentar ganarse a los trabajadores de base y las fuerzas de la juventud y de izquierda dentro del partido, proponiendo campañas concretas que ayuden a avanzar en la lucha de clases y el desarrollo político del partido en una dirección militante y socialista.

Por supuesto, tarde o temprano, el partido se situará en una disyuntuva: o bien se convertirá en una dirección revolucionaria y en un verdadero partido socialista o degenerará burocráticamente y se transformará en una fuerza reformista. Cuando los revolucionarios resultan demasiado débiles para detener la degeneración reformista de tal partido, se verán obligados a escindirse.


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