LIBRO: El marxismo y la táctica del Frente Unido hoy

La Lucha por la Hegemonía del Proletariado en el Movimiento de Liberación en los Países Semi-Coloniales e Imperialistas en el Periodo actual

La CCRI publicó este libro en Enero de 2016. El autor es Michael Pröbsting, Secretario Internacional de la CCRI.

 

Nota del Comité Editorial: El siguiente capítulo contiene varias figuras. Debido a razones técnicas, estas solo pueden verse en la versión PFD del libro, el cual puede descargarse aquí.

 

Translator: Rubén Jaramilllo

 

 

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Introducción

El siguiente documento tiene la intención de proporcionar un trasfondo explicativo de las Tesis sobre la táctica del Frente Unido que la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI) adoptó recientemente en una reunión internacional de líderes. [1] Por lo tanto, sugerimos que cuando los lectores estudien estas Tesis lo hagan junto con el presente documento.

 

El propósito de este documento es tanto resumir las ideas principales de la táctica marxista del frente único como explicar el desarrollo y modificación de esta táctica que hemos elaborado en las Tesis.

 

Como hemos dicho en el prefacio del documento anterior, las tesis que presentamos allí se basan en otras similares presentadas por la organización predecesora de la CCRI, la Liga por una Internacional Comunista Revolucionaria, que adoptamos en enero de 1994. Sin embargo, la lucha de clases y las formaciones políticas de la clase trabajadora y los oprimidos han experimentado cambios y desarrollos importantes en las últimas dos décadas. Además, nuestra experiencia también ha demostrado que las tesis adoptadas entonces, independientemente de su corrección general y carácter de principios, contenían algunas debilidades que debían corregirse para aplicar la táctica del frente único de una manera auténticamente comunista.

 

En consecuencia, la CCRI ha reelaborado sustancialmente las tesis antiguas para que las Tesis y el presente documento explicativo puedan caracterizarse como nuevos.

 

En los siguientes capítulos, primero resumiremos brevemente las principales características de la táctica del frente único y elaboraremos el enfoque de los clásicos marxistas sobre este tema. [2] A continuación, esbozaremos importantes desarrollos sociales en la clase trabajadora y las masas populares, así como en sus formaciones políticas en las últimas décadas. Luego pasaremos a discutir cómo se debe aplicar la táctica del frente único a la luz de una serie de nuevos desarrollos (el surgimiento de los partidos populistas pequeñoburgueses, el declive de los partidos reformistas clásicos, el papel de las minorías nacionales y los migrantes en los países imperialistas, etc.).

 

Finalmente, hacemos notar que cuando se habla del partido revolucionario, lo escrito se aplica igualmente a las formaciones prepartido más pequeñas, es decir, al estado en el que se encuentran actualmente los revolucionarios.

 

Deseamos expresar nuestro agradecimiento especial al camarada Gerard Stephens, quien realizó la edición en inglés de este libro.

 



[1] RCIT-Theses on United Front Tactic. Theses on the Principles of the United Front Tactic and their Application under the Current Conditions of the Class Struggle, Document of the International Executive Committee of the RCIT, 9 de abril de 2016, http://www.thecommunists.net/theory/theses-united-front-tactic/

[2] Una breve nota sobre las citas de las obras de Marx, Engels, Lenin y Trotsky: Hemos utilizado las versiones de sus obras impresas que están en nuestro poder. Sin embargo, algunos de sus escritos (en el caso de Lenin, más o menos todos) también se pueden encontrar en el sitio web del Marxist Internet Archive: http://www.marxists.org/

 

I. Resumen de la naturaleza de la táctica del Frente Unido

El objetivo de la táctica del frente único es ayudar a los comunistas a profundizar sus relaciones e influencia entre la clase trabajadora y los oprimidos. La Internacional Comunista resumió este objetivo en su Tercer Congreso Mundial en 1921 con el lema “Hacia las masas”. Para lograr esto, los comunistas deben poder trabajar juntos lo más cerca posible con los trabajadores que, al menos por ahora, no comparten sus opiniones. Esto es para establecer la mayor unidad posible con todos los trabajadores y oprimidos en nuestra lucha común contra la clase dominante y el imperialismo.

 

Al mismo tiempo, los comunistas deben utilizar esta experiencia conjunta de luchar al lado de los trabajadores no revolucionarios y oprimidos con el fin de elevar la conciencia política de este último ya que -como el padre del marxismo ruso, Georgi Plejánov, de manera conmovedora formuló- “el único propósito y el deber directo y sagrado de los socialistas es la promoción del crecimiento de la conciencia de clase del proletariado”. Utilizando las propias experiencias de los trabajadores y oprimidos, los comunistas deben ayudarlos a comprender mejor el fracaso y la traición de sus líderes tradicionales y convencerlos de la superioridad del partido revolucionario.

 

Los principios de la táctica del frente único se pueden resumir en la metáfora militar “atacar juntos, marchar por separado”. Esto significa que los revolucionarios unen sus fuerzas con otras organizaciones no revolucionarias para organizar acciones prácticas y comunes con fines específicos contra un enemigo específico. Sin embargo, mientras lo hacen, los comunistas conservan su total independencia política y organizativa. En otras palabras, la organización revolucionaria difunde su propia propaganda y agitación, que puede diferir significativamente de los respectivos puntos de vista de las diversas fuerzas con las que está aliada en el frente único. Dicha propaganda y agitación pueden, en situaciones extremas, incluso incluir importantes advertencias, críticas o denuncias de estos mismos aliados, por ejemplo, cuando estos últimos están a punto de traicionar la lucha por los objetivos acordados conjuntamente. En breve, los comunistas deben utilizar la táctica del frente único para lograr la unidad de acción contra un enemigo común con otras fuerzas, manteniendo siempre su propia independencia política y organizativa. Por esta razón, los comunistas no deben emprender la producción de propaganda conjunta con fuerzas no revolucionarias con las que se alían en un frente único. Las únicas publicaciones comunes a las que los comunistas pueden contribuir deben estar específicamente asociadas con las actividades del frente único (por ejemplo, boletines de comités de huelga, preparación de folletos para anunciar manifestaciones, etc.), y estas solo deben enfocarse en agitar las demandas y objetivos del frente único.

 

Al mismo tiempo, se debe acordar de antemano la libertad ilimitada de propaganda para los revolucionarios (así como para todas las fuerzas que participan en el frente único). Como está implícito en lo que escribimos anteriormente, esta libertad debe incluir el derecho a criticar, si es necesario, a los líderes reformistas y populistas que participan en la acción común.

 

El frente único debe basarse en demandas concretas y precisas. Los revolucionarios se oponen a las declaraciones políticas autoindulgentes o la propaganda conjunta para objetivos a largo plazo. Estos últimos solo sirven para oscurecer el verdadero propósito del frente único y pueden fácilmente crear la impresión errónea de que revolucionarios y no revolucionarios están de acuerdo sobre una agenda política común de largo alcance.

 

En general, como primera prioridad, los comunistas dirigen la táctica del frente único a las organizaciones de masas que tienen una base dentro de la clase trabajadora; pero también se acercan a grupos con raíces entre otras capas y clases oprimidas (por ejemplo, el campesinado, los pobres urbanos, las naciones oprimidas, los migrantes). Por lo general, se trata de fuerzas reformistas (socialdemócratas o estalinistas) o pequeñoburguesas-populistas (por ejemplo, organizaciones castro-chavistas en América Latina, varias organizaciones islamistas-populistas en Oriente Medio y Asia, nacionalistas pequeñoburgueses de naciones oprimidas, etc.) que en ocasiones chocan objetivamente con fuerzas reaccionarias o se enfrentan a ellas (por ejemplo, la clase dominante, las potencias imperialistas, las fuerzas racistas o fascistas). Naturalmente, el papel de las fuerzas populistas pequeñoburguesas en la lucha de clases entre las clases y capas oprimidas es mucho más importante en el mundo semicolonial que en los países imperialistas. (Más sobre este tema a continuación).

 

En circunstancias excepcionales, la táctica del frente único también puede dirigirse hacia las fuerzas burguesas en el mundo semicolonial, por ejemplo, cuando estas últimas están luchando contra una invasión imperialista en un país semicolonial.

 

En este contexto, es importante destacar que la diferencia entre un frente único legítimo y un frente popular ilegítimo no es en sí misma la participación abierta de fuerzas burguesas o pequeñoburguesas, sino la subordinación política del proletariado a la plataforma de la burguesía. En otras palabras, un frente popular ilegítimo es un bloque entre fuerzas burguesas y organizaciones obreras en el que estas últimas aceptan programas que restringen a los trabajadores dentro de los límites establecidos por la propiedad privada y que protegen al estado burgués.

 

La historia ha demostrado en numerosas ocasiones que tal frente popular es una trampa mortal para la clase trabajadora y los oprimidos. Tiene como resultado la defensa oficial del sistema social capitalista por parte de las direcciones reformistas o populistas y, por lo tanto, solo fortalece a la burguesía, no a la clase trabajadora. La subordinación política del proletariado a la burguesía debilita a la primera y permite a la clase dominante o incluso a las fuerzas fascistas aplastar la resistencia de la clase obrera y los oprimidos. España en 1936, Chile en 1973 y Grecia en 2015 son solo algunos ejemplos de las devastadoras consecuencias de la estrategia del frente popular para el proletariado.

 

La táctica del frente único debe aplicarse en numerosos campos y en todos los temas relacionados con la lucha de clases. Debe dirigir el trabajo de los revolucionarios con y dentro de los sindicatos, otras organizaciones de masas de la clase trabajadora y los oprimidos, así como hacia los partidos (incluido el “trabajo de entrada” dentro de dichos partidos). Es una táctica crucial en la lucha diaria por las demandas económicas, por las demandas democráticas, contra las opresiones imperialistas o nacionales, etc. Estas diversas cuestiones dan lugar a las diferentes formas del frente único (frentes únicos obreros, o frentes únicos democráticos o antiimperialistas). Sin embargo, todas estas formas están básicamente sujetas a los mismos principios de la táctica general del frente único.

 

La táctica del frente único puede, en determinadas circunstancias, extenderse también al ámbito electoral. Los comunistas deberían utilizar los períodos electorales, que generalmente son períodos de mayor interés político entre las masas populares, para dirigirse a los trabajadores con conciencia de clase y oprimidos que todavía tienen ilusiones en los partidos reformistas de trabajadores o en los partidos populistas. En contraste con las afirmaciones de los sectarios, estos sectores de la clase trabajadora suelen ser mucho más grandes que el número de trabajadores y oprimidos que ya han superado tales ilusiones y han avanzado hacia una conciencia de clase más alta y de izquierda. Cuando los revolucionarios son demasiado débiles para presentar sus propios candidatos, deberían desplegar la táctica leninista de apoyo electoral crítico para los partidos reformistas de los trabajadores (normalmente son partidos socialdemócratas o estalinistas). Los revolucionarios pueden incluso aplicar legítimamente un apoyo electoral crítico a los partidos populistas pequeñoburgueses con una base fuerte entre los trabajadores militantes y oprimidos cuando los partidos socialdemócratas o estalinistas no existen en absoluto, simplemente constituyen un fenómeno numéricamente insignificante, o donde ya han estado completamente aburguesados.

 

Naturalmente, existen importantes excepciones o limitaciones a la aplicación de apoyo electoral crítico. Como dijimos en las Tesis: “En situaciones en las que un partido obrero burgués (generalmente como partido gubernamental) actúa como látigo o verdugo de ataques graves contra la clase trabajadora: programas de austeridad, guerras imperialistas, odio racista, ataque a los derechos democráticos, etc. - es necesario que los revolucionarios no llamen al apoyo electoral de un partido así para ayudar a los trabajadores de vanguardia a romper con él.”

 

La táctica del frente único también fue extendida por Lenin y Trotsky a la adopción de consignas sobre el gobierno que debía ser convocado. Donde grandes sectores de trabajadores con conciencia de clase y capas militantes oprimidas todavía tienen ilusiones en los “partidos de la democracia pequeñoburguesa" (Trotsky) -es decir, socialdemócratas, estalinistas, populistas pequeñoburgueses- los comunistas deberán llamarlos a romper con la burguesía y luchar respectivamente por “un gobierno obrero y campesino” (en un país semicolonial) o un gobierno de los trabajadores (en la mayoría de los países imperialistas). Además, las consignas adoptadas deben exigir que dichos gobiernos tomen acciones decisivas para expropiar y desarmar a la burguesía, nacionalizar los sectores clave de la economía bajo el control de los trabajadores, expropiar a los grandes terratenientes y entregar la tierra a los campesinos pobres, etc. Un gobierno así es un auténtico gobierno obrero aliado con los campesinos pobres y los pobres urbanos si se basa en consejos y milicias obreras y populares y si implementa un programa que abra el camino al establecimiento de la dictadura del proletariado. De lo contrario, se trata simplemente de un gobierno reformista y, en última instancia, un gobierno “obrero y campesino” burgués que constituirá invariablemente un obstáculo objetivo para la lucha obrera y que, en última instancia, defenderá el sistema capitalista.

 

Finalmente, bajo ciertas circunstancias, los revolucionarios también tendrán que aplicar la táctica del frente único al campo de la construcción de partidos. Naturalmente, el objetivo central de los comunistas es la construcción de un Partido Mundial de la Revolución Socialista con secciones nacionales en cada país. Sin embargo, a la luz de la debilidad numérica de los revolucionarios, y dado que en muchos países ni siquiera los partidos obreros burgueses existen (y en aquellos países donde existen, a menudo están completamente aburguesados), los revolucionarios tienen que aplicar la táctica del frente único en la forma en que llaman a los sindicatos y otras organizaciones de masas de la clase trabajadora para construir un Nuevo Partido de los Trabajadores (o Partido Laborista). Tales partidos involucrarían, al principio, no solo a los trabajadores revolucionarios y oprimidos, sino también a muchos no revolucionarios. De hecho, los revolucionarios probablemente constituirían solo una pequeña minoría del partido cuando se funde por primera vez. Sin embargo, defenderían abiertamente su programa, es decir, un programa revolucionario y no reformista. Pero no necesariamente abandonarían un nuevo partido de los trabajadores si no logran ganar la mayoría de los miembros para su punto de vista, sino que continuarían luchando por un programa revolucionario desde adentro.

 

 

 

II. La táctica del frente único en la historia del movimiento obrero revolucionario

 

Estos principios de la táctica del frente único nacieron y se probaron en la lucha de clases y han formado parte del arsenal del marxismo desde el principio, cuando Marx y Engels los desarrollaron por primera vez poco antes de la revolución de 1848. Sobre la base de su experiencia y la que posteriormente adquirieron los bolcheviques, la Internacional Comunista codificó estas lecciones a principios de la década de 1920. Después de su degeneración por la burocracia estalinista, Trotsky y las fuerzas de la futura Cuarta Internacional desarrollaron aún más esta táctica basada en las ricas lecciones de las intensas luchas de clases durante las décadas de 1920 y 1930.

 

Marx y Engels en el frente único

 

Friedrich Engels, primero en sus Principios del comunismo y luego junto con Marx en el Manifiesto comunista, estableció las ideas fundamentales de la táctica del frente único. En estos documentos explicaban la necesidad de emprender acciones conjuntas con organizaciones obreras reformistas, con grupos pequeñoburgueses radicales y, en situaciones en las que la burguesía aún no se ha convertido en la clase dominante, incluso con estos últimos.

 

Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista contra la burguesía conservadora y radical, más sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria. En Suiza apoyan a los radicales, sin ignorar que este partido es una mezcla de elementos contradictorios: de demócratas socialistas, a la manera francesa, y de burgueses radicales. En Polonia, los comunistas apoyan al partido que sostiene la revolución agraria, como condición previa para la emancipación nacional del país, al partido que provocó la insurrección de Cracovia en 1846. En Alemania, el partido comunista luchará al lado de la burguesía, mientras ésta actúe revolucionariamente, dando con ella la batalla a la monarquía absoluta, a la gran propiedad feudal y a la pequeña burguesía. Pero todo esto sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros, hasta afirmar en ellos con la mayor claridad posible la conciencia del antagonismo hostil que separa a la burguesía del proletariado, para que, llegado el momento, los obreros alemanes se encuentren preparados para volverse contra la burguesía, como otras tantas armas, esas mismas condiciones políticas y sociales que la burguesía, una vez que triunfe, no tendrá más remedio que implantar; para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía. (…) Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante. En todos estos movimientos se ponen de relieve el régimen de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos progresiva que revista, como la cuestión fundamental que se ventila. Finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y la inteligencia de los partidos democráticos de todos los países. Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente.” [1]

 

Estas pautas tácticas también fueron puestas en práctica por Marx y Engels y sus partidarios. En Colonia y otras ciudades alemanas, los miembros de la Liga de los Comunistas liderada por Marx y Engels colaboraron con demócratas radicales mientras avanzaban en el programa comunista. [2]

 

Al elaborar las lecciones de las luchas revolucionarias y sus derrotas en la revolución de 1848-49 en Europa, Marx y Engels advirtieron a los comunistas que se cuidaran de no confundir sus consignas con las de los demócratas pequeñoburgueses, ya que la traición de estos últimos era inevitable. En su famoso “Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas” de marzo de 1850, los fundadores del movimiento comunista enfatizaron la necesidad de independencia organizativa y política, al mismo tiempo que se preparaban para la acción conjunta con tales fuerzas pequeñoburguesas.

 

Así pues, mientras el partido democrático, el partido de la pequeña burguesía, fortalecía más y más su organización en Alemania, el partido obrero perdía su única base firme, a lo sumo conservaba su organización en algunas localidades, para fines puramente locales, y por eso, en el movimiento general, cayó por entero bajo la influencia y la dirección de los demócratas pequeñoburgueses. Hay que acabar con tal estado de cosas, hay que restablecer la independencia de los obreros. (…) El partido democrático pequeñoburgués es muy poderoso en Alemania. Abarca no solamente a la enorme mayoría de la población burguesa de las ciudades, a los pequeños comerciantes e industriales y a los maestros artesanos, sino que también le siguen los campesinos y el proletariado rural, en tanto este último no ha encontrado aún el apoyo del proletariado urbano independiente. La actitud del partido obrero revolucionario ante la democracia pequeñoburguesa es la siguiente: marcha con ella en la lucha por el derrocamiento de aquella fracción a cuya derrota aspira el partido obrero; marcha contra ella en todos los casos en que la democracia pequeñoburguesa quiere consolidar su posición en provecho propio. (…) En los momentos presentes, cuando la pequeña burguesía democrática es oprimida en todas partes, ésta predica en general al proletariado la unión y la reconciliación, le tiende la mano y trata de crear un gran partido de oposición que abarque todas las tendencias del partido democrático, es decir, trata de arrastrar al proletariado a una organización de partido donde han de predominar las frases socialdemócratas de tipo general, tras las que se ocultarán los intereses particulares de la democracia pequeñoburguesa, y en la que las reivindicaciones especiales del proletariado han de mantenerse reservadas en aras de la tan deseada paz. Semejante unión sería hecha en exclusivo beneficio de la pequeña burguesía democrática y en indudable perjuicio del proletariado. Este habría perdido toda su posición independiente conquistada a costa de tantos esfuerzos y habría caído una vez más en la situación de simple apéndice de la democracia burguesa oficial. Tal unión debe ser, por tanto, resueltamente rechazada. En vez de descender una vez más al papel de coro destinado a jalear a los demócratas burgueses, los obreros, y ante todo la Liga, deben procurar establecer junto a los demócratas oficiales una organización propia del partido obrero, a la vez legal y secreta, y hacer de cada comunidad centro y núcleo de sociedades obreras, en las que la actitud y los intereses del proletariado puedan discutirse independientemente de las influencias burguesas. (…) Para luchar contra un enemigo común no se precisa ninguna unión especial. Por cuanto es necesario luchar directamente contra tal enemigo, los intereses de ambos partidos coinciden por el momento, y dicha unión, lo mismo que ha venido ocurriendo hasta ahora, surgirá en el futuro por sí misma y únicamente para el momento dado.” [3]

 

Marx y Engels aplicarían más tarde la táctica del frente único a muchas otras situaciones, incluso cuando fundaron la Primera Internacional en 1864. David Riazanov, un marxista ruso y el mejor experto de Marx y Engels durante su tiempo antes de su arresto y ejecución por Stalin en 1938, describe en su libro sobre la historia de la vida política de Marx y Engels cómo tuvieron que luchar cuidadosamente contra la política de los proudhonianos franceses, los sindicalistas ingleses, los partidarios anarquistas de Bakunin y otros. Al mismo tiempo, intentaron evitar divisiones prematuras y ganarse a los partidarios de base de sus oponentes.

 

Aplicación de la táctica del Frente Unido por Lenin y los bolcheviques

 

Posteriormente, los bolcheviques aplicaron la misma táctica en la lucha contra el zarismo. Concluyeron numerosos acuerdos prácticos (sobre manifestaciones, huelgas, resistencia armada, cuestiones prácticas del trabajo clandestino, etc.) con otras organizaciones de trabajadores, campesinos, como los mencheviques, el Bund judío, los socialistas revolucionarios. (SR), los Trudoviki, los SR maximalistas, varios nacionalistas, etc.- y estudiantes e incluso liberales burgueses en la lucha contra la autocracia zarista. Esta táctica incluía no solo la colaboración práctica, sino también, en ocasiones, incluso la creación de un partido formal conjunto con los mencheviques. Bajo la presión de la vanguardia obrera, los bolcheviques incluso estaban dispuestos a unirse formalmente con los mencheviques entre 1905 y 1912, aunque continuaron librando una difícil lucha entre facciones contra ellos, y en realidad la mayor parte del tiempo actuaron como una fuerza independiente. Los bolcheviques también concluyeron repetidamente acuerdos prácticos con las fuerzas campesinas democráticas pequeñoburguesas (los Trudoviki y los SR) y, al comienzo de la Revolución Rusa de 1905, Lenin incluso trató de colaborar con el sacerdote ortodoxo ruso Georgy Gapon. Los bolcheviques también llevaron a cabo acuerdos tácticos con los Trudoviki y los SR en las elecciones a la Duma de 1907 y 1912. [4]

 

Durante el proceso revolucionario entre febrero y octubre de 1917, los bolcheviques aplicaron la táctica del frente único y exigieron a los principales partidos reformistas que representaban a los obreros y campesinos de la época, los mencheviques y los socialistas revolucionarios, romper con la burguesía y tomar el poder en sus manos. Después de que los bolcheviques tomaron el poder con éxito en octubre, formaron una coalición con el ala izquierda de los SR. Durante todos estos períodos en los que aplicaron la táctica del frente único, a pesar de estas actividades prácticas combinadas, los bolcheviques mantuvieron su propaganda independiente y criticaron duramente a las otras organizaciones que participaban en el frente.

 

En su libro La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo escrito en 1920, Lenin explicó que los revolucionarios rusos tuvieron que aplicar la táctica del frente único muchas veces y bajo diversas condiciones:

 

“¡No es posible que los izquierdistas alemanes ignoren que toda la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobra, de acuerdos y de compromisos con otros partidos, incluidos los partidos burgueses! (...) Los socialdemócratas revolucionarios de Rusia aprovecharon repetidas veces antes de la caída del zarismo los servicios de los liberales burgueses, es decir, concluyeron con ellos innumerables compromisos prácticos, y en 1901-02, antes incluso del nacimiento del bolchevismo, la antigua redacción de Iskra (de la que formábamos parte Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Mártov, Potrésov y yo) concertó (es cierto que no por mucho tiempo) una alianza política formal con Struve, jefe político del liberalismo burgués, sin dejar de sostener a la vez la lucha ideológica y política más implacable contra el liberalismo burgués y contra las menores manifestaciones de su influencia en el seno del movimiento obrero. Los bolcheviques practicaron siempre esa misma política. Desde 1905 defendieron sistemáticamente la alianza de la clase obrera con los campesinos contra la burguesía liberal y el zarismo, sin negarse nunca, al mismo tiempo, a apoyar a la burguesía contra el zarismo (por ejemplo, en la segunda etapa de las elecciones o en las segundas vueltas electorales) y sin interrumpir la lucha ideológica y política más intransigente contra el partido campesino revolucionario burgués, los “socialrevolucionarios”, los cuales eran denunciados como demócratas pequeño-burgueses que se incluían falsamente entre los socialistas. En 1907, los bolcheviques constituyeron, por poco tiempo, un bloque político formal con los “socialrevolucionarios” para las elecciones a la Duma. Con los mencheviques hemos estado formalmente durante varios años, desde 1903 a 1912, en un partido socialdemócrata único, sin interrumpir jamás la lucha ideológica y política contra ellos como portadores de la influencia burguesa en el seno del proletariado y como oportunistas. Durante la guerra concertamos una especie de compromiso con los “kautskianos”, los mencheviques de izquierda (Mártov) y una parte de los “socialrevolucionarios” (Chernov, Natansón). Asistimos con ellos a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal45 y lanzamos manifiestos conjuntos, pero nunca interrumpimos ni atenuamos la lucha política e ideológica contra los “kautskianos”, contra Mártov y Chernov (Natansón murió en 1919 siendo un “comunista revolucionario”-populista muy afín a nosotros y casi solidario nuestro). En el mismo momento de la Revolución de Octubre concertamos un bloque político, no formal, pero muy importante (y muy eficaz) con el campesinado pequeñoburgués, aceptando íntegro, sin el menor cambio, el programa agrario de los socialrevolucionarios, es decir, contrajimos un compromiso indudable para probar a los campesinos que no queríamos imponernos, sino llegar a un acuerdo con ellos. Al mismo tiempo, propusimos a los “socialrevolucionarios de izquierda”47 (y poco después lo realizamos) un bloque político formal, con la participación en el gobierno, bloque que ellos rompieron después de la paz de Brest, llegando en julio de 1918 a la insurrección armada y más tarde a la lucha armada contra nosotros” [5]

 

Como es bien sabido, los bolcheviques se vieron fortalecidos por estas diversas aplicaciones de la táctica del frente único. Sin embargo, estas alianzas y maniobras temporales no disminuyeron en absoluto su lucha ideológica y política. Solo la combinación de estos dos elementos -independencia organizativa y política, por un lado, junto con acciones conjuntas por el otro- permitió a los bolcheviques crecer y fortalecerse como partido.

 

Codificación de la táctica del Frente Unido por la Internacional Comunista

 

La Internacional Comunista (Comintern), fundada por iniciativa de los bolcheviques en marzo de 1919, intentó generalizar las lecciones del pasado, habiendo jugado naturalmente un papel particularmente significativo el de los revolucionarios rusos. No fue una tarea fácil, y Lenin y Trotsky se enfrentaron a enormes obstáculos en sus intentos de convencer al Komintern de sus puntos de vista. Por un lado, tuvieron que lidiar con los vestigios del pasado oportunista de la socialdemocracia, mientras que por el otro se enfrentaron a varios matices de aventurerismo ultraizquierdista basado en la inexperiencia de muchos partidos comunistas anteriores.

 

Sin embargo, finalmente Lenin y Trotsky lograron convencer al Comintern de los principios de la táctica del frente único, y los congresos III (1921) y IV (1922) los codificaron. El siguiente pasaje extenso resume las lecciones que el Comintern acordó en su Cuarto Congreso:

 

En consecuencia, existe una necesidad obvia de la táctica del frente único. El lema del III Congreso, “Hacia las masas”, es ahora más relevante que nunca. La lucha por establecer un frente único proletario en toda una serie de países apenas comienza. (…) La Internacional Comunista exige que todos los partidos y grupos comunistas se adhieran estrictamente a la táctica del frente único, porque en el período actual es la única forma de guiar a los comunistas en la dirección correcta, hacia la conquista de la mayoría de los trabajadores. En la actualidad los reformistas necesitan una escisión, mientras que los comunistas están interesados en unir todas las fuerzas de la clase trabajadora contra el capital. Usar la táctica del frente único significa que la vanguardia comunista está a la vanguardia de la lucha diaria de las amplias masas por sus intereses más vitales. Por el bien de esta lucha, los comunistas incluso están dispuestos a negociar con los líderes de los socialdemócratas y la Internacional de Amsterdam. Cualquier intento de la Segunda Internacional de interpretar el frente único como una fusión organizativa de todos los "partidos obreros" debe, por supuesto, ser repudiado categóricamente. (…)

 

La existencia de partidos comunistas independientes y su total libertad de acción en relación con la burguesía y la socialdemocracia contrarrevolucionaria es el logro histórico más importante del proletariado, y al que los comunistas no renunciarán en ningún caso. Solo los partidos comunistas defienden los intereses generales de todo el proletariado. Del mismo modo, la táctica del frente único no tiene nada que ver con las llamadas 'combinaciones electorales' de líderes en pos de uno u otro objetivo parlamentario. La táctica del frente único es simplemente una iniciativa mediante la cual los comunistas proponen unirse a todos los trabajadores pertenecientes a otros partidos y grupos y a todos los trabajadores no alineados en una lucha común para defender los intereses básicos e inmediatos de la clase obrera contra la burguesía. Cada acción porque incluso la demanda cotidiana más trivial puede conducir a una conciencia revolucionaria y una educación revolucionaria; es la experiencia de la lucha la que convencerá a los trabajadores de la inevitabilidad de la revolución y de la importancia histórica del comunismo. Es particularmente importante cuando se usa la táctica del frente único para lograr resultados no solo de agitación sino también organizacionales. Se debe aprovechar cada oportunidad para establecer puntos de apoyo organizativos entre las propias masas trabajadoras (comités de fábrica, comisiones supervisoras integradas por trabajadores de todos los partidos y trabajadores no alineados, comités de acción, etc.). El principal objetivo de la táctica del frente único es unificar a las masas trabajadoras mediante la agitación y la organización. El verdadero éxito de la táctica del frente único depende de un movimiento "desde abajo", de la base de las masas trabajadoras. Sin embargo, hay circunstancias en las que los comunistas no deben negarse a mantener conversaciones con los líderes de los partidos obreros hostiles, siempre que las masas estén siempre plenamente informadas del curso de estas conversaciones. Durante las negociaciones con estos líderes, la independencia del Partido Comunista y su agitación no deben circunscribirse.” [6]

 

La Comintern exigió a sus secciones que siguieran los mismos principios en los países coloniales y semicoloniales, mientras se adaptaban allí a un conjunto diferente de circunstancias concretas. La misma resolución declaró:

 

En los países coloniales y semicoloniales, la Internacional Comunista tiene dos tareas: 1) crear un embrión de partido comunista que defienda los intereses generales del proletariado; y 2) apoyar con todas sus fuerzas al movimiento nacional revolucionario dirigido contra el imperialismo, convertirse en la vanguardia de ese movimiento y fortalecer el movimiento social en el seno del movimiento nacional.” [7]

 

El Comintern entró en más detalles sobre el frente único antiimperialista en una resolución especial que fue discutida y adoptada en el mismo congreso. Esta resolución explicó la importancia de que los revolucionarios se sumen a la lucha por tareas democráticas, por la independencia nacional, contra la dominación imperialista, etc.

 

La tarea fundamental, común a todos los movimientos nacional-revolucionarios consiste en realizar la unidad nacional y la autonomía política. La solución real y lógica de esta tarea depende de la importancia de las masas trabajadoras que un determinado movimiento nacional sepa arrastrar en su desarrollo, tras haber roto todas las relaciones con los elementos feudales y reaccionarios y encarnado en su programa las reivindicaciones sociales de esas masas. Consciente de que en diversas condiciones históricas los elementos más variados pueden ser los portavoces de la autonomía política, la Internacional Comunista apoya todo movimiento nacional-revolucionario dirigido contra el imperialismo. Sin embargo, a la vez, no pierde de vista que únicamente una línea revolucionaria consecuente, basada en la participación de las grandes masas en la lucha activa y la ruptura sin reservas con todos los partidarios de la colaboración con el imperialismo, puede conducir a las masas oprimidas a la victoria.” [8]

 

Al mismo tiempo, la resolución enfatizó la necesidad de que los comunistas mantengan su independencia organizativa y programática dado el carácter vacilante de los líderes burgueses y pequeñoburgueses de las luchas antiimperialistas.

 

La oportunidad de esa consigna está condicionada por la perspectiva de una lucha a largo plazo contra el imperialismo mundial, lucha que exige la movilización de todas las fuerzas revolucionarias. Esta lucha es mucho más necesaria desde el momento en que las clases dirigentes autóctonas tienden a establecer compromisos con el capital extranjero y que esos compromisos afectan a los intereses básicos de las masas populares. Así como la consigna del frente proletario único ha contribuido y contribuye todavía en occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antiimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones y las incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués. Por otra parte, esa consigna ayudará al desarrollo de la voluntad revolucionaria y a la educación de la conciencia de clase de los trabajadores, incitándolos a luchar en primera fila, no solamente contra el imperialismo sino, también, contra todo tipo de resabio feudal.” [9]

 

Los comunistas ponen en práctica estos principios de muchas formas. Una de las primeras aplicaciones fue una iniciativa de los metalúrgicos alemanes en el local de Stuttgart de la federación sindical ADGB en diciembre de 1920. Aquí el Partido Comunista (KPD) tuvo una influencia importante y consiguieron que el local adoptara una resolución llamando a la dirección de su sindicato, y de todos los sindicatos, para lanzar una lucha conjunta por demandas inmediatas para mejorar las condiciones de los trabajadores. (Reducción de los precios de los alimentos; aumento de las prestaciones por desempleo; reducción de los impuestos pagados por los trabajadores y aumento de los impuestos a las grandes fortunas privadas; establecimiento del control obrero del suministro y distribución de materias primas y alimentos; desarme de las bandas reaccionarias y armamento de los trabajadores.)

 

Si bien el liderazgo sindical primero ignoró esta campaña, pronto recibió el apoyo de muchos otros sindicatos locales. Como resultado, los líderes del KPD, principalmente Paul Levi y Karl Radek, redactaron una carta abierta que se basó en una versión ampliada de la iniciativa de Stuttgart. Esta carta estaba dirigida tanto a los partidos reformistas de los trabajadores (SPD, USPD; y también al pequeño KAPD de ultraizquierda) como a todos los sindicatos. Si bien la burocracia laboral no estuvo de acuerdo con acciones conjuntas con los comunistas, esta campaña aumentó la influencia de los comunistas en la clase trabajadora y en particular en los sindicatos. [10]

 

El Comintern extendió la táctica del frente único también al campo de las consignas gubernamentales y desarrolló las consignas respectivas para un “gobierno obrero” y un “gobierno obrero y campesino”. El Comintern declaró: "Los partidos de la II Internacional tratan de “salvar” la situación en esos países predicando y llevando a la práctica la coalición de los burgueses y de los socialdemócratas. (…) A la coalición abierta o solapada de la burguesía y la socialdemocracia, los comunistas le oponen el frente único de todos los obreros y la coalición política y económica de todos los partidos obreros contra el poder burgués para la derrota definitiva de este último. En la lucha común de los obreros contra la burguesía, todo el aparato de estado deberá pasar a manos del gobierno obrero y de ese modo las posiciones de la clase obrera resultarán fortalecidas.” [11]

 

Lenin explicó de manera similar la necesidad de que los comunistas utilicen la táctica del frente único en las campañas electorales. Tomando el ejemplo de Gran Bretaña, donde el Partido Comunista era pequeño y el Partido Laborista reformista dominaba el movimiento obrero, Lenin abogó por que los comunistas dieran un apoyo electoral crítico a los reformistas.

 

El Partido Comunista propone a los Henderson y a los Snowden un “compromiso”, un acuerdo electoral: marchemos juntos contra la coalición de Lloyd George y los conservadores, repartámonos los puestos en el parlamento en proporción al número de votos dados por los obreros al Partido Laborista o a los comunistas (no en las elecciones, sino en una votación especial), conservemos la libertad más completa de agitación, de propaganda y de acción política. Sin esta última condición es imposible, naturalmente, hacer el bloque, pues sería una traición. Los comunistas ingleses deben reivindicar para ellos y lograr la libertad más completa que les permita desenmascarar a los Henderson y los Snowden, de un modo tan absoluto como lo hicieron (durante 15 años, de 1903 a 1917) los bolcheviques rusos con respecto a los Henderson y los Snowden de Rusia, esto es, los mencheviques. Si los Henderson y los Snowden aceptan el bloque en estas condiciones, habremos ganado, pues lo que nos importa no es, ni mucho menos, el número de actas. No es eso lo que perseguimos; en este punto seremos transigentes (...). Habremos ganado porque llevaremos nuestra agitación a las masas en un momento en que las habrá “irritado” el propio Lloyd George, y ayudaremos no sólo al Partido Laborista a formar más de prisa su gobierno, sino también a comprender mejor toda nuestra propaganda comunista, que realizaremos contra los Henderson sin ninguna limitación, sin silenciar nada.

 

Si los Henderson y los Snowden rechazan el bloque con nosotros en estas condiciones, habremos ganado todavía más, pues habremos mostrado en el acto a las masas (…) que los Henderson prefieren su intimidad con los capitalistas a la unión de todos los obreros. Habremos ganado en el acto ante la masa, la cual, sobre todo después de las explicaciones brillantísimas, extremadamente acertadas y útiles (para el comunismo) dadas por Lloyd George, simpatizará con la idea de la unión de todos los obreros contra la coalición de Lloyd George con los conservadores. Habremos ganado desde el primer momento, pues habremos demostrado a las masas que los Henderson y los Snowden temen vencer a Lloyd George, temen tomar el poder solos y aspiran a lograr en secreto el apoyo de Lloyd George, el cual tiende abiertamente la mano a los conservadores contra el Partido Laborista. Hay que advertir que, en Rusia, después de la revolución del 27 de febrero de 1917 (viejo calendario), el éxito de la propaganda de los bolcheviques contra los mencheviques y socialrevolucionarios (es decir, los Henderson y los Snowden rusos) se debió precisamente a las mismas circunstancias. Nosotros decíamos a los mencheviques y a los socialrevolucionarios: tomad todo el poder sin la burguesía, puesto que tenéis la mayoría en los soviets (en el I Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de 1917, los bolcheviques no tenían más que un 13% de los votos). Pero los Henderson y los Snowden rusos tenían miedo de tomar el poder sin la burguesía, y cuando ésta aplazaba las elecciones a la Asamblea Constituyente porque sabía a la perfección que los socialrevolucionarios y los mencheviques lograrían la mayoría* (unos y otros formaban un bloque político muy estrecho, representaban prácticamente a una sola democracia pequeño-burguesa), los socialrevolucionarios y los mencheviques resultaron ser impotentes para luchar con energía y hasta el fin contra esos aplazamientos. En caso de que los Henderson y los Snowden se negaran a formar un bloque con los comunistas, éstos saldrían ganando en el acto, pues conquistarían la simpatía de las masas, mientras que los Henderson y los Snowden se desacreditarían. Poco nos importaría entonces perder algunos escaños a causa de ello. No presentaríamos candidatos sino en un ínfimo número de circunscripciones absolutamente seguras, es decir, donde esto no diera la victoria a un liberal contra un laborista. Realizaríamos nuestra campaña electoral distribuyendo hojas en favor del comunismo e invitando en todas las circunscripciones en que no presentáramos candidato a votar por el laborista contra el burgués. (…)

 

A los comunistas ingleses les es hoy difícil con mucha frecuencia incluso acercarse a las masas, hacer que éstas los escuchen. Pero si yo me presento como comunista y, al mismo tiempo, invito a votar por Henderson contra Lloyd George, seguramente se me escuchará. Y podré explicar de modo accesible no sólo por qué los soviets son mejores que el parlamento, y la dictadura del proletariado mejor que la dictadura de Churchill (cubierta con el rótulo de “democracia” burguesa), sino también que yo querría sostener a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado; que el acercamiento de los Henderson a un gobierno formado por ellos probará, asimismo, mi razón, atraerá a las masas a mi lado y acelerará la muerte política de los Henderson y los Snowden, igual que sucedió con sus correligionarios en Rusia y en Alemania.[12]

 

Más tarde, en el Segundo Congreso de la Comintern en 1920, Lenin también abogó por la entrada del Partido Comunista Británico en el Partido Laborista para influir mejor en los trabajadores de base.

 

Como explicó Lenin, todas estas tácticas no tenían nada en común con la suavidad hacia el reformismo, sino que eran una aplicación del deseo urgente de los comunistas de estrechar lazos con las masas aún no revolucionarias, así como la urgente necesidad de desacreditar a los líderes reformistas antes de sus propios seguidores; esto demostrándoles en la práctica que estos líderes no están dispuestos y son incapaces de luchar consistentemente por los intereses de la clase trabajadora.

 

De manera similar, los comunistas aplicaron la táctica antiimperialista del frente único en los países coloniales y semicoloniales. En China, apoyaron la lucha de Sun Yat-sen contra los reaccionarios señores de la guerra que actuaron como agentes de potencias imperialistas extranjeras. En otoño de 1922, los comunistas, por sugerencia de Henk Sneevliet (un holandés que más tarde se unió a la Cuarta Internacional durante algún tiempo), incluso ingresaron al partido de Sun Yat-sen: el Kuomintang. Esta táctica ofreció a los comunistas, que inicialmente eran solo un pequeño grupo de intelectuales sin raíces entre la clase trabajadora, la posibilidad de superar su aislamiento y convertirse en un partido de masas. Desafortunadamente, los estalinistas transformaron más tarde esta táctica exitosa en una capitulación oportunista ante Chiang Kai-shek, el nuevo líder del Kuomintang después de la muerte de Sun Yat-sen, en lugar de dividirse auspiciosamente con este partido populista pequeñoburguesa cuando se convirtió en un obstáculo para la lucha de clases. Esto resultó en la infame masacre de decenas de miles de comunistas en 1927 a manos del ejército de Chiang Kai-shek.

 

Incluso antes, Sneevliet jugó un papel crucial en la construcción de una organización revolucionaria en Indonesia (una colonia holandesa en ese momento): la Indische Sociaal-Democratische Vereeniging (ISDV). Esta organización participó en actividades antiimperialistas y más tarde se uniría a una organización de masas islamista activa contra la administración colonial: la Sarekat Islam (Unión Islámica). Cuando la dirección conservadora de la organización islamista finalmente expulsó a los revolucionarios en 1921, los comunistas ya se habían ganado a muchos trabajadores y campesinos. Continuarían para fundar la primera sección asiática del Komintern: Perserikatan Komunis di Hindia (PKH; Unión Comunista de Indias). [13]

 

Asimismo, la Unión Soviética apoyó la lucha de Turquía liderada por el nacionalista burgués Kemal Pasha contra el imperialismo británico y sus aliados griegos.

 

Trotsky y la Cuarta Internacional sobre la táctica del Frente Unido

 

León Trotsky, continuando la lucha por la bandera revolucionaria de la lucha de la clase trabajadora después de que la burocracia estalinista tomó el poder en 1924, defendió el método marxista de la táctica del frente único tal como lo habían desarrollado Lenin y el Comintern. De hecho, fue, además de Lenin, el principal defensor de la táctica del frente único cuando fue adoptada por el Comintern en su Tercer Congreso.

 

Contra las maniobras oportunistas estalinistas con la burocracia sindical británica a mediados de la década de 1920, Trotsky defendió los principios fundamentales de la táctica del frente único: “La táctica del frente único aún conserva todo su poder como método más importante en la lucha por las masas. Un principio básico de esta táctica es: “Con las masas, siempre; con los líderes vacilantes, a veces, pero solo mientras estén a la cabeza de las masas”. Es necesario hacer uso de líderes vacilantes mientras las masas los empujan hacia adelante, sin abandonar ni un momento las críticas a estos líderes. Y es necesario romper con ellos en el momento oportuno cuando pasan de la vacilación a la acción hostil y la traición. Es necesario aprovechar la ocasión de la ruptura para desenmascarar a los líderes traidores y contrastar su posición con la de las masas. Precisamente en esto consiste la esencia revolucionaria de la política del frente único. Sin esto, la lucha por las masas siempre amenaza con convertirse en una reverencia oportunista…[14]

 

Más tarde, los estalinistas distorsionaron la táctica del frente único y la reemplazaron con su teoría del "social fascismo" según la cual la socialdemocracia era sólo el "gemelo" del fascismo de Hitler. En consecuencia, los estalinistas rechazaron cualquier frente único con los socialdemócratas, postura que ayudó a los líderes reformistas a justificar su traición y que les permitió apoyar a varios gobiernos bonapartistas de derecha y no tomar ninguna medida contra el surgimiento del NSDAP antes de 1933.

 

Trotsky defendió de manera similar la aplicación de la táctica del frente único en las luchas antiimperialistas y democráticas. Por ejemplo, pidió un apoyo crítico pero incondicional a la lucha de Chiang Kai-shek contra los invasores japoneses a finales de los años veinte y treinta (¡a pesar de que estos últimos asesinaron a decenas de miles de comunistas en 1927!): “Perfectamente: frente al imperialismo, es menester ayudar inclusive a los verdugos de Chiang Kai-shek.” [15]

 

Trotsky rechazó enérgicamente las críticas de aquellos ultraizquierdistas que se negaron a unirse a una lucha antiimperialista bajo una dirección burguesa con el argumento de que esto constituiría una forma de frente popular. Llamó a los revolucionarios en 1937 a participar y apoyar la lucha militar contra Japón bajo el liderazgo de Chiang Kai-shek, siempre y cuando no sean lo suficientemente fuertes para reemplazarlo. Comparó la táctica necesaria para los revolucionarios con las de una huelga de trabajadores bajo el liderazgo de burócratas reformistas traidores. Sería deber de todo trabajador con conciencia de clase unirse a tal huelga sin dar ningún apoyo político a los burócratas. La actitud de Trotsky queda clara en un documento que escribió sobre la guerra de China contra Japón en 1937 del que citaremos extensamente:

 

Pero, ¿y Chiang Kai-shek? No tenemos que hacernos ilusiones con Chiang Kaishek, su partido y toda la clase dominante china, así como Marx y Engels no se las hicieron con las clases dominantes de Irlanda y Polonia. Chiang Kai-shek es el verdugo de los obreros y campesinos chinos. Pero hoy se ve obligado, contra su voluntad, a luchar contra Japón por lo que resta de la independencia china. Puede que mañana vuelva a traicionar. Es posible. Es probable. Hasta es inevitable. Pero hoy está luchando. Sólo los cobardes, imbéciles totales o canallas, pueden negarse a participar en esa lucha.

 

Utilicemos el ejemplo de una huelga para clarificar el problema. No apoyamos todas las huelgas. Si alguien llama a la huelga para echar a los obreros negros, chinos o japoneses, de una fábrica, nos oponemos. Pero si el objetivo de la huelga es mejorar (en la medida de lo posible) la situación de los obreros, participamos en primera fila cualquiera que sea la dirección. En la inmensa mayoría de las huelgas, los dirigentes son

 

reformistas, traidores profesionales, agentes del capital. Se oponen a todas las huelgas. Pero de vez en cuando la presión de las masas o de la situación objetiva los obliga a embarcarse en el camino de la lucha. Imaginemos por un momento a un obrero que se dice: “No quiero tomar parte en esta huelga porque los dirigentes son agentes del capital”. La doctrina de ese imbécil ultraizquierdista serviría para darle su verdadero

 

nombre: rompehuelgas. Desde este punto de vista, el caso de la guerra chino-japonesa es enteramente análogo. Si Japón es un país imperialista, y si China es víctima del imperialismo, estamos a favor de China. El patriotismo japonés es la máscara odiosa del pillaje mundial. El patriotismo chino es legítimo y progresista. Colocar a ambos en el mismo plano y hablar de “socialpatriotismo” es patrimonio de quienes jamás han leído a Lenin, jamás han entendido la posición de los bolcheviques en la guerra imperialista, y que sólo pueden vender y prostituir las enseñanzas de Marx. (...) Pero Japón y China no están en el mismo plano histórico. La victoria de Japón significará la esclavización de China, el fin de su desarrollo económico y social, y un tremendo fortalecimiento del imperialismo japonés. La victoria de China significará, por el contrario, la revolución social en Japón y el desarrollo libre, es decir, sin opresión externa, de la lucha de clases china.

 

¿Pero puede Chiang Kai-shek garantizar la victoria? No lo creo. Sin embargo, él inició la guerra y él la dirige hoy. Para reemplazarlo es necesario ganar una influencia decisiva en el proletariado y el ejército, y para ello es menester no quedar suspendido en el aire, sino meterse en la lucha. Debemos ganar prestigio e influencia en la lucha militar contra la invasión extranjera y en la lucha política contra las debilidades, las deficiencias y la traición internas. En cierto momento, que no podemos fijar a priori, esta oposición política puede y debe transformarse en conflicto armado, puesto que la guerra civil, como cualquier otra guerra, no es más que la continuación de la lucha política. Es necesario, empero, saber cuándo y cómo transformar la oposición política en insurrección armada.

 

Durante la revolución china de 1925-1927 atacamos la política de la Comintern. ¿Por qué? Es necesario comprender bien las razones. Los eiffelistas dicen que hemos cambiado de actitud en la cuestión china. Eso se debe a que los infelices no comprendieron para nada cuál fue nuestra posición en 1925-1927. Jamás negamos que el partido comunista tenía el deber de participar en la guerra de la burguesía y la pequeña burguesía del sur contra los generales del norte, agentes del imperialismo foráneo. Jamás negamos la necesidad de un bloque militar del partido comunista y el Kuomintang. Por el contrario, fuimos los primeros en proponerlo. Exigimos, sin embargo, que el partido comunista mantuviera su independencia política y organizativa, es decir, que, tanto en la guerra civil contra los agentes locales del imperialismo como en la guerra nacional contra el imperialismo, la clase obrera, a la vez que permanecía en el frente de la lucha militar, preparara él derrocamiento político de la burguesía. Mantenemos la misma política en esta guerra. No cambiamos un ápice nuestra posición. Los oehleristas y eiffelistas, por su parte, no entendieron nada, de nuestra política, ni de la de 1925-1927, ni de la actual.

 

En mi declaración a la prensa burguesa al comienzo de la actual guerra entre Tokio y Nankín, subrayé sobre todo la necesidad de que los obreros revolucionarios participen activamente en la guerra contra los opresores imperialistas. ¿Por qué? Primero, porque es correcto desde el punto de vista marxista; segundo, porque era necesario desde el punto de vista de la situación de nuestros amigos chinos. Mañana la GPU, aliada al Kuomintang (como se alió a Negrín en España), calificará a nuestros amigos chinos de “derrotistas” y agentes de Japón. Es posible que los mejores, con Chen Tu-hsiu a la cabeza, se vean en un compromiso nacional e internacional y los asesinen. Era necesario aclarar enérgicamente que la Cuarta Internacional abraza la causa de China contra Japón. Y agregué: sin abandonar el programa ni la independencia.

 

Los imbéciles eiffelistas tratan de bromear con esta “reserva”. “Los trotskistas [dicen] quieren servir a Chiang Kai-shek en la acción y al proletariado en las palabras.” Participar activa y conscientemente en la guerra no significa “servir a Chiang Kai-shek” sino servir a la independencia del país colonial a pesar de Chiang Kai-shek. Y las palabras dirigidas contra el Kuomintang son los medios para educar a las masas para el derrocamiento de Chiang Kai-shek. Al participar en la lucha militar bajo las órdenes de Chiang Kai-shek, puesto que desgraciadamente él tiene el mando de la guerra por la independencia, nos preparamos políticamente para el derrocamiento de Chiang Kai-shek esa es la única política revolucionaria. Los eiffelistas contraponen la política “de lucha de clases”, a esta política “nacionalista y socialpatriota”. Lenin combatió esta oposición abstracta y estéril durante toda su vida. Para él, los intereses del proletariado mundial dictaban el deber de ayudar a los pueblos oprimidos en su lucha nacional y patriótica contra el imperialismo. Quienes no lo hayan comprendido aún, casi un cuarto de siglo después de la guerra imperialista y veinte años después de la Revolución de Octubre, deben ser rechazados implacablemente por la vanguardia revolucionaria como los peores enemigos internos. ¡Este es el caso de Eiffel y sus compinches!” [16]

 

En el Programa de Transición, el documento fundacional de la Cuarta Internacional escrito en 1938, Trotsky una vez más intentó generalizar la experiencia de los bolcheviques y mostrar cuán importante es para los comunistas presentar demandas a los partidos de masas reformistas y pequeñoburgueses de los trabajadores y los oprimidos para llegar a sus bases.

 

La fórmula de “gobierno obrero y campesino” aparecida por primera vez en 1917 en la agitación de los bolcheviques fue definitivamente admitida después de la insurrección de octubre. No representaba en este caso más que una denominación popular de la dictadura del proletariado, ya establecida. La importancia de esta denominación consiste sobre todo en que ponía en primer plano la idea de la alianza del proletariado y de la clase campesina colocada en la base del poder soviético.

 

Cuando la Internacional Comunista de los epígonos trató de hacer revivir la fórmula de “dictadura democrática de los obreros y campesinos”, enterrada por la historia, dio a la fórmula de “gobierno obrero y campesino” un contenido completamente diferente, puramente “democrático”, vale decir, burgués, oponiéndola a la dictadura del proletariado. Los bolcheviques leninistas rechazaron resueltamente la consigna de “gobierno obrero y campesino” en su interpretación democrático burguesa. Afirmaban entonces y afirman ahora que cuando el partido del proletariado renuncia a salir de los cuadros de la democracia burguesa, su alianza con la clase media no es otra cosa que un apoyo al capital, como ocurrió con los mencheviques y los socialistas revolucionarios en 1917, como ocurrió con el partido comunista chino en 1925-1927 y como pasa ahora con los “frentes populares” de España, de Francia y de otros países.

 

En abril-septiembre de 1917, los bolcheviques exigían que los socialistas revolucionarios y los mencheviques rompieran su ligazón con la burguesía liberal y tomaran el poder en sus propias manos. Con esta condición los bolcheviques prometían a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios representantes pequeño burgueses de obreros y campesinos, su ayuda revolucionaria contra la burguesía renunciando, no obstante, categóricamente a entrar en el gobierno y a tomar ninguna responsabilidad política por ellos. Si los mencheviques y socialistas revolucionarios habían realmente roto con los cadetes liberales y con el imperialismo extranjero, “el gobierno obrero y campesino” creado por ellos, no hubiera hecho más que acelerar y facilitar la instauración de la dictadura del proletariado. Pero es precisamente por esto que la dirección de la democracia pequeño burguesa se opuso con todas sus fuerzas a la instauración de su propio poder. La experiencia de Rusia demuestra, la experiencia de España y de Francia confirma de nuevo, que aún en las condiciones más favorables los partidos de la democracia pequeño burguesa (socialistas revolucionarios, social-demócratas, estalinistas, anarquistas) son incapaces de crear un gobierno obrero y campesino, vale decir un gobierno independiente de la burguesía.

 

No obstante, la reivindicación de los bolcheviques dirigidas a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios: "¡Romped con la burguesía, tomad en vuestras manos el poder!" tiene para las masas un enorme valor educativo. La negación obstinada de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios a tomar el poder, que apareció tan trágicamente en las jornadas de julio, los perdió definitivamente en el espíritu del pueblo y preparó la victoria de los bolcheviques.

 

La tarea central de la Cuarta Internacional consiste en liberar al proletariado de la vieja dirección, cuyo espíritu conservador está en completa contradicción con la situación catastrófica del capitalismo en su decadencia y es el principal freno del progreso histórico. La acusación capital que la IV Internacional lanza contra las organizaciones tradicionales del proletariado es la de que ellas no quieren separarse del semi-cadáver de la burguesía.

 

En estas condiciones la reivindicación dirigida sistemáticamente a la vieja dirección: "¡Romped con la burguesía, tomad el poder!" es un instrumento extremada­mente importante para descubrir el carácter traidor de los partidos y organizaciones de las II y III Internacional es así como también de la Internacional de Amsterdam.

 

La consigna de “gobierno obrero y campesino” es empleada por nosotros, únicamente, en el sentido que tenía en 1917 en boca de los bolcheviques, es decir, como una consigna antiburguesa y anticapitalista, pero en ningún caso en el sentido “democrático” que posteriormente le han dado los epígonos haciendo, de ella, que era un puente a la revolución, la principal barrera en su camino.

 

Nosotros exigimos de todos los partidos y organizaciones que se apoyan en los obreros y campesinos, que rompan políticamente con la burguesía y tomen el carro campesino. En este camino de la lucha por el poder obrero prometemos un completo apoyo contra la reacción capitalista. Al mismo tiempo desarrollamos una agitación incansable alrededor de las reivindicaciones que deben constituir, en nuestra opinión, el programa del “gobierno obrero y campesino”.

 

¿Es posible la creación del gobierno obrero y campesino por las organizaciones obreras tradicionales? La experiencia del pasado demuestra, como ya lo hemos dicho, que esto es por lo menos, poco probable. No obstante, no es posible negar categórica­mente a priori la posibilidad teórica de que bajo la influencia de una combinación muy excepcional (guerra, derrota, crack financiero, ofensiva revolucionaria de las masas, etc.…) Los partidos pequeño burgueses sin excepción a los estalinistas, pueden llegar más lejos de lo que ellos quisieran en el camino de una ruptura con la burguesía. En cualquier caso, una cosa está fuera de dudas: aún en el caso de que esa variante poco probable llegara a realizarse en alguna parte y un “gobierno obrero y campesino” - en el sentido indicado más arriba- llegara a constituirse, no representaría más que un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado.

 

Pero es inútil perderse en conjeturas. La agitación bajo la consigna de gobierno obrero y campesino tiene en todos los casos un enorme valor educativo. Y no es por azar: esta consigna, completamente general sigue la línea del desarrollo político de nuestra época (bancarrota, disgregación de los viejos partidos burgueses, quiebre de la democracia, auge del fascismo, aspiración creciente de los trabajadores a una política más activa y más ofensiva). Es por eso que cada una de nuestras reivindicaciones transitorias debe conducir a una sola y misma conclusión política: los obreros deben romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer en común con los campesinos su propio poder”. [17]

 

Vemos así el significado que Trotsky le dio al tema de la táctica del frente único como herramienta para fortalecer y unir la lucha de clases de los obreros y oprimidos, así como para incrementar la influencia del partido revolucionario entre la clase obrera y las masas populares, y socavar la hegemonía de los “partidos de la democracia pequeñoburguesa. Además, Trotsky consideró la táctica del frente único como una herramienta crucial para los revolucionarios, no solo en relación con los partidos obreros burgueses (tipo menchevique), sino también con las fuerzas populistas pequeñoburguesas (tipo Social Revolucionarios) que tienen una masa de seguidores entre las clases y capas oprimidas no proletarias.

 

 

 



[1] Karl Marx y Frederick Engels: Manifiesto del Partido Comunista (1848), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm ; ver también, F. Engels: Principios del Comunismo (1847), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm. Como nota al margen, queremos señalar que la traducción al español de esta cita es engañosa con respecto a un tema. Al final del primer párrafo se dice que los comunistas luchan "contra la monarquía absoluta, la escudería feudal y la pequeña burguesía". Sin embargo, en el original alemán Marx y Engels no usan la frase “pequeña burguesía” (Kleinbürgertum) sino que usan las palabras “Kleinbürgerei” que significa ideologías y actitudes pequeñoburguesas. Obviamente, una traducción incorrecta cambia el significado. Mientras Marx y Engels proclamaban la lucha contra la monarquía, la clase feudal y las ideologías pequeño burguesas, la traducción española da la impresión errónea de que también pretendían luchar contra la pequeña burguesía como clase.

[2] Vea sobre esto, entre muchas otras fuentes, F. Engels: Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas (1885), https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/1885-hist.htm#:~:text=%5B1%5D%20Engels%20escribi%C3%B3%20el%20trabajo,de%20los%20comunistas%20en%20Colonia%22.&text=Precisamente%20por%20eso%20Engels%20estim%C3%B3%20necesario%20reeditar%20esa%20publicaci%C3%B3n%20de%20Marx.; David Riazanov: Marx y Engels (1922), Quinta Conferencia, https://www.marxists.org/espanol/riazanov/1927/d-riazanov-1927-marx-y-engels.pdf ; ver también el excelente estudio de August H. Nimtz: Marx and Engels: Their contribution to the democratic breakthrough, Albany, New York 2000, capítulos 3 y 4); Otto Rühle: Karl Marx. Leben und Werk, Avalun-Verlag, Hellerau 1928, p. 182-188; August Nimtz: Marx and Engels – The Unsung Heroes of the Democratic Breakthrough, en: Science & Society, Vol. 63, No. 2 verano de 1999), pp. 203-231

[3] Karl Marx y Frederick Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas (1850), https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe1/mrxoe107.htm

[4] Sobre esto, véanse las resoluciones pertinentes de la conferencia del partido de julio de 1907 y enero de 1912 respectivamente en: Robert H. McNeal and Richard Gregor: Resolutions and decisions of the Communist Party of the Soviet Union, Vol.2, The Early Soviet Period: 1917-1929, University of Toronto Press, Toronto 1974, pp.116-117 and 150-153. Véanse también, por ejemplo, los dos excelentes volúmenes del historiador marxista August Nimtz: Lenin's Electoral Strategy from Marx and Engels through the Revolution of 1905. The Ballot, the Streets—o también Lenin's Electoral Strategy from 1907 to the October Revolution of 1917. Both have been published by Palgrave Macmillan US in 2014. Ver también Aleksei E. Badayev: The Bolsheviks in the Tsarist Duma, Co-operative Pub. Society of Foreign Workers in the U.S.S.R, Moscow.

[5] V. I. Lenin: La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo (1920), https://centromarx.org/images/stories/PDF/la%20enfermedad%20infantil%20web%20centro%20marx.pdf

[6] Communist International: Theses on Comintern Tactics, adopted on 5th December 1922 at the Fourth Congress of the Communist International; in: The Communist International 1919-1943. Documents Selected and Edited by Jane Degras, Volume I 1919-1922, pp. 424-425. Hacemos notar que existen traducciones al español de este documento, sin embargo, en el apartado X, donde debería estar “X. La Táctica del Frente único”, lo que se encuentra es la segunda parte del apartado “IX. La Conquista de la Mayoría”, bajo el título de “X. En los Países Coloniales”.

[7] Communist International: Theses on Comintern Tactics (1922), p. 424. Hacemos notar que, en la versión en inglés de este documento, este párrafo se encuentra dentro del apartado “IX. La Conquista de la Mayoría”, mientras que en las traducciones al español se encuentra como “X. En los Países Coloniales”, sustituyendo al apartado original “X. La Táctica del Frente Único”.

[8] Internacional Comunista: Tesis Generales Sobre la Cuestión de Oriente, en el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (1922), en Tesis, Manifiestos y Resoluciones Adoptados por los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista (1919-1923), p.226. https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf. Con respecto a la comprensión marxista de la táctica antiimperialista del frente único, remitimos a los lectores a los capítulos 12 y 13 de nuestro libro Michael Pröbsting: The Great Robbery of the South. Continuity and Changes in the Super-Exploitation of the Semi-Colonial World by Monopoly Capital. Consequences for the Marxist Theory of Imperialism. Vienna 2013, Publicado por La Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (El libro se puede descargar gratis en www.great-robbery-of-the-south.net.)

[9] Internacional Comunista: Tesis Generales Sobre la Cuestión de Oriente, en el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (1922), en Tesis, Manifiestos y Resoluciones Adoptados por los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista (1919-1923), p.229. https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf

[10] Sobre esto, ver, p. Dirk Hemje-Oltmanns: Arbeiterbewegung und Einheitsfront. Zur Diskussion der Einheitsfronttakitk in der KPD 1920/21, Verlag für das Studium der Arbeiterbewegung GmbH, Westberlin 1973; Arnold Reisberg: An den Quellen der Einheitsfrontpolitik, Dietz Verlag, Berlin 1971, Vol. 1 y 2, John Riddell: The Comintern in 1922. The Periphery Pushes Back, en: Historical Materialism 22.3–4 (2014), pp. 52-103; Larry Peterson: German Communism, Workers' Protest, and Labor Unions. The Politics of the United Front in Rhineland - Westphalia 1920-1924, Springer Science+Business Media, B.V. 1993

[11] Internacional Comunista: Tesis Generales Sobre la Cuestión de Oriente, en el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (1922), en Tesis, Manifiestos y Resoluciones Adoptados por los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista (1919-1923), p.206. https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf

[12]V. I. Lenin: La Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo (1920), https://centromarx.org/images/stories/PDF/la%20enfermedad%20infantil%20web%20centro%20marx.pdf

[13] Para fuentes sobre estos interesantes desarrollos en Indonesia y China, ver más abajo en el capítulo V donde discutimos esta experiencia nuevamente.

[14] Leon Trotsky: Resolution on the General Strike in Britain submitted to the Centrals Committee and Centrals Control Commission joint plenum, Julio de 1926; en: Trotsky’s Writings on Britain, Vol. 2, New Park Publications, London 1974, p. 191

[16] Leo Trotzki: Über den chinesisch-japanischen Krieg (1937), in: Schriften 2.2, pp. 865-867; in Englisch: Leon Trotsky: On the Sino-Japanese War (1937). (León Trotsky: Sobre la guerra sino-japonesa (1937), https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1937.Sobreguerchino-japonesa.pdf, Énfasis en el original)

[17] León Trotsky: La Agonía del Capitalismo y las Tareas de la IV Internacional (El Programa de Transición) (1938), https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm

 

III. La lucha por la hegemonía proletaria en las condiciones actuales: cambios sociales y económicos

 

Nota del Comité Editorial: El siguiente capítulo contiene varias figuras. Solo se pueden ver en la versión pdf del libro aquí por razones técnicas.

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En los dos capítulos anteriores hemos esbozado los principios de la táctica del frente único y hemos mostrado cómo los clásicos marxistas desarrollaron su comprensión de la misma. Antes de discutir algunas cuestiones específicas de la aplicación de la táctica del frente único en la actualidad, debemos tener en cuenta los cambios importantes que han tenido lugar desde los tiempos de Lenin y Trotsky. Comenzaremos con un resumen de la evolución económica y social.

En nuestro libro El gran robo del sur analizamos cambios importantes en la composición del proletariado mundial. [1] Resumamos aquí las conclusiones más importantes combinadas con datos reales.

 

El cambio hacia el sur del proletariado mundial de hoy

 

La CCRI siempre ha enfatizado que el foco de la producción capitalista global, y por lo tanto del proletariado internacional, se ha desplazado durante el último medio siglo de las viejas metrópolis imperialistas (es decir, América del Norte, Europa Occidental y Japón) hacia el Sur (es decir, el mundo semicolonial más nuevas potencias imperialistas, en particular China). La base de este cambio ha sido un proceso de industrialización masiva en los países del Sur global. Esto fue causado, por un lado, por el repunte económico general durante el largo auge de los años cincuenta y sesenta (acompañado de un aumento de la productividad en la agricultura, urbanización acelerada, etc.) y por el desplazamiento masivo de las exportaciones de capital de los monopolios imperialistas al Sur, en su deseo de incrementar sus ganancias intensificando la superexplotación. [2] Durante parte de este tiempo, la industrialización de los estados obreros degenerados estalinistas en Europa del Este, Asia del Este y Cuba también contribuyó a este desarrollo.

 

El crecimiento masivo de la fuerza laboral mundial durante las últimas décadas tuvo lugar principalmente en el mundo semicolonial. En 2014, el 51,5% de la población activa mundial se dedicaba al trabajo asalariado de un total de tres mil millones de trabajadores [3] (véase el gráfico 1). Como se muestra en este gráfico, desde 1991 la proporción de trabajadores asalariados ha aumentado en todos los continentes. [4]

Figura 1. Salarios y empleo asalariado (% del empleo total), mundo y regiones, 1991-2014 [5]

 

Esta proletarización también se ha producido entre las mujeres. Hoy, el 46% de todas las mujeres trabajadoras son asalariadas. [6]

 

La Tabla 1 expresa el crecimiento de la clase trabajadora en las regiones del mundo en porcentajes desde poco antes del cambio de milenio.

 

Tabla 1. Trabajadores asalariados como porcentaje del empleo total, 1999 y 2013 [7]

 

Región                                                                                       1999                       2013

 

África                                                                                           24,6%                    26,2%

 

Asia                                                                                              30.7%                    40.2%

 

América Latina y el Caribe                                                      59,0%                    62,8%

 

Medio Oriente                                                                           71,9%                    80,3%

 

Europa del Este y Asia Central                                              74,9%                    78,3%

 

Economías desarrolladas                                                       84,1%                    86,4%

 

 

El proceso de industrialización necesariamente ha llevado a un cambio masivo en el peso del proletariado desde las metrópolis imperialistas hacia los países más pobres y en particular hacia Asia (donde vive hoy el 60% de la fuerza laboral industrial global). Hace cien años, en la época de Lenin y Trotsky, el proletariado en el mundo colonial y semicolonial era todavía bastante pequeño. La industrialización capitalista fuera de Europa, América del Norte y Japón se había producido sólo en un grado relativamente pequeño.

 

Desde entonces, el crecimiento de la clase trabajadora en el Sur se ha acelerado. Como resultado, la gran mayoría de la clase trabajadora mundial vive hoy fuera de las viejas metrópolis imperialistas. Esto se demuestra claramente en las siguientes tablas y figuras. La Tabla 2 muestra el aumento de los trabajadores asalariados que viven en los denominados “países en desarrollo” del 65,9% (1995) al 72,4% (2008/09). Si se excluyen los estados semicoloniales de la UE, la cifra para 2008/09 es aún mayor (75%). En otras palabras, tres cuartas partes de los trabajadores asalariados de hoy viven y trabajan en los países imperialistas emergentes y semicoloniales.

 

Tabla 2.  Distribución de los trabajadores asalariados en diferentes regiones, 1995 y 2008/09 [8]

 

Asalariados (en porcentaje)                                                    1995                    2008/09

 

Mundo                                                                                            100%                                   100%

 

Países de ingresos bajos y medios                                           65,9%                                  72,4%

 

Países con ingresos altos                                                            34,1%                                  27,6%

 

Países con ingresos altos

 

(sin Estados de la UE semicoloniales)                                    -                                         25%

 

Países con ingresos bajos y medios

 

(incluidos los Estados de la UE semicoloniales)                   -                                         75%

 

 

Este cambio también es visible si examinamos el sector central de la clase trabajadora: los trabajadores industriales. En la Tabla 3 vemos que, en 2013, el 85,3% - o más de 617 millones - de todos los empleados industriales (la inmensa mayoría de ellos trabajadores) vivían fuera de las viejas metrópolis imperialistas, donde “solo” el 14,7% - o 106,8 millones - de todos los empleados en la industria vivían. Al mismo tiempo, casi dos tercios (62,5%) de todos los trabajadores industriales vivían en Asia (excepto Rusia y las repúblicas ex-URSS).

 

Tabla 3. Distribución de la población activa en la industria en diferentes regiones, 2013 [9]

 

Distribución de la fuerza laboral en la industria en diferentes regiones

 

Mundo                                                                                        724,4                                   100%

 

Economías desarrolladas                                                       106,8                                  14,7%

 

Europa del Este y ex URSS                                                      44,8                                    6,2%

 

Asia oriental                                                                              250,1                                  34,5%

 

Asia sudoriental                                                                        59,0                                     8,1%

 

Asia meridional                                                                        144,3                                   19,9%

 

América Latina                                                                          58,3                                     8,0%

 

Medio Oriente                                                                           18,7                                       2,6% 

 

África del Norte                                                                        13,0                                     1,8%

 

África subsahariana                                                                  29,3                                     4,0%

 

 

Los gráficos 2 y 3 confirman este tremendo cambio al mostrar el aumento en la proporción de trabajadores manufactureros que viven en el Sur de alrededor del 50% (1980) a alrededor del 73% (2008). Tenga en cuenta que en 1950 solo el 34% de los trabajadores industriales de todo el mundo vivían en el Sur. [10] Sin embargo, tenga en cuenta que las cifras de empleo en la industria manufacturera y el empleo industrial en las estadísticas proporcionadas aquí no son sinónimos, ya que la manufactura incluye a toda la fuerza de trabajo industrial, pero, a diferencia del empleo industrial, excluye a los empleados en sectores de la minería y la construcción.

 

Figura 2. Participación de los países en desarrollo en el empleo manufacturero mundial, 1980-2008 [11]

 

Figura 3. Fuerza de trabajo industrial mundial en países desarrollados y en desarrollo, 1950-2010 [12]

 

La CCRI ha señalado repetidamente que, de hecho, el desplazamiento real del proletariado hacia los países imperialistas emergentes y semicoloniales es incluso mayor de lo que indican las estadísticas oficiales. ¿Por qué? Porque, como se señaló anteriormente, la categoría burguesa "asalariados" incluye no solo a los trabajadores. En términos generales, se puede decir que, en los países imperialistas ricos, una minoría considerable de asalariados no forma parte de la clase obrera, sino que forma parte de la clase media asalariada (personal de supervisión, policía, gerente de grado inferior, etc.). [13] En un análisis extenso de la estructura de clases, hemos estimado que, en los países imperialistas, el número de asalariados - que representan hasta el 90% de la población activa total - se puede dividir en dos, con aproximadamente 2/3 de la clase trabajadora 1/3 son capa intermedia. [14] En los países más pobres, las clases medias asalariadas son mucho más pequeñas.

 

Además, también debemos tener en cuenta a la aristocracia obrera, la parte más alta de la clase trabajadora (por ejemplo, ciertos sectores de trabajadores calificados altamente remunerados, etc.). Es el sector del proletariado que es literalmente sobornado por la burguesía con diversos privilegios. En los países imperialistas, esta capa constituye una proporción mucho mayor de la clase trabajadora que entre el proletariado semicolonial. Las fuentes financieras para mantener pagada a la aristocracia obrera en los países imperialistas y, por lo tanto, socavar su solidaridad de la clase trabajadora, se derivan precisamente de las ganancias adicionales que los capitalistas monopolistas obtienen tan fácilmente al sobreexplotar a los países semicoloniales y a los migrantes en el país. las metrópolis imperialistas. Sin humo ni espejos el capital monopolista utiliza parte de estos beneficios adicionales para ganar el apoyo de sectores de la clase trabajadora en los países imperialistas, porque es en casa donde los capitalistas necesitan estabilidad, ante todo. Así, la aristocracia obrera "comprada" puede ser un sector mucho más pequeño del proletariado en el mundo semicolonial.

 

Junto a esto, la aristocracia obrera -junto con su gemela, la burocracia obrera- juega un papel dominante dentro de los sindicatos y los partidos reformistas en los países imperialistas.

Al mismo tiempo, como hemos elaborado en otra parte, [15] los estratos más bajos de la clase trabajadora -y en particular los migrantes- han ganado significativamente en su número relativo dentro de los países imperialistas. En los EE. UU., por ejemplo, la proporción de migrantes entre la población general aumentó del 5,2% (1960) al 12,3% (2000) a más del 14% (2010). En Europa occidental, la proporción de migrantes en la población aumentó de aproximadamente un 4,6% (1960) a casi un 10% (2010). [16] Según los últimos datos de Naciones Unidas, 172,6 millones de migrantes viven oficialmente en los viejos países imperialistas (“países de altos ingresos”), lo que representa el 13% de la población total. [17] Como hemos señalado repetidamente, tales Las estadísticas oficiales subestiman invariablemente el número de migrantes, ya que no incluyen a los migrantes sin estatus legal ni a los de la segunda o tercera generación.

 

La proporción comparable de migrantes extranjeros en países de “ingresos medios” y “países de ingresos bajos”, es decir, los países semicoloniales y la China imperialista emergente, es solo del 1%. [18]

 

En particular, los migrantes constituyen un sector crucial del proletariado en los centros urbanos de las metrópolis imperialistas. Por ejemplo, a principios de la década de 2000, la mitad de todos los trabajadores residentes en Nueva York eran negros, latinos o pertenecían a otras minorías nacionales. En el interior y exterior de Londres, el 29% y el 22% de los residentes fueron clasificados como minorías étnicas en 2000, respectivamente. [19] En nuestro estudio sobre el racismo y los migrantes, mostramos que en Viena (la capital de Austria) los migrantes representan el 44% de la población. Dos tercios de ellos proceden de la ex Yugoslavia, Turquía o los Estados de la UE de Europa del Este. [20]

 

También es importante darse cuenta de que los trabajadores de baja y mediana calificación constituyen la gran mayoría de los trabajadores asalariados y oprimidos, mientras que los trabajadores altamente calificados constituyen solo una minoría (incluso en los viejos países imperialistas). Si bien las cifras que se muestran en las Tablas 4 y 5, a continuación, no son exclusivamente para la clase trabajadora, y mientras que el nivel de habilidad no es directamente paralelo a estar ubicado en los estratos bajos o medios frente a los estratos altos y aristocráticos de la clase trabajadora, estas cifras todavía proporcionan una aproximación útil de las proporciones relativas que componen el proletariado, tanto a nivel mundial como por región específica.

 

Tabla 4. Número y porcentaje de empleo por ocupación amplia (cualificación), mundo y regiones, 2013 (en miles) [21]

 

Región del mundo                       Baja cualificación           Media cualificación       Alta cualificación

 

Mundo                                            502,153                            2,077,789                             566,584

 

                                                         100%                                100%                                    100%

 

Economías desarrolladas          46,668                              241,654                               186,693

 

                                                         9.3%                                 11.6%                                   32.4%

 

Economías en desarrollo           455,485                           1,836, 135                           379,891

 

                                                          91.7%%                            88.4%                                 67.6%

 

 

 

Tabla 5. Proporción del empleo por ocupación amplia (cualificación), mundo y regiones, 2013 [22]

 

Región del mundo                          Baja cualificación           Media cualificación       Alta cualificación

 

Total mundial                                16,0%                                66,0%                                    18,0% 

 

Economías desarrolladas             9,8%                                   50,9%                                 39,3%

 

Europa central y sudoriental       14,1%                                   52,4%                                    33,5%

 

Asia oriental                                    8,2%                                    79,7%                                  12,1%

 

Sudeste de Asia y el Pacífico       22,0%                                  65,6%                                   12,4%

 

Asia meridional                              27,7%                                  58,5%                                   13,8%

 

América Latina y el Caribe          19,0%                                   61,3%                                   19,8%

 

Oriente Medio

 

y África del Norte                           12,0%                                   65,7%                                   22,4%

 

África subsahariana                       16,2%                                   79,2%                                   4,6%

 

 

 

Estos datos reales de la Oficina Internacional del Trabajo de la ONU demuestran que los trabajadores de baja y mediana calificación representan el 82% de la fuerza laboral mundial, el 61,7% en los viejos países imperialistas y el 85,8% en el mundo semicolonial y los imperialistas emergentes, a saber, China y Rusia. Su participación es incluso mayor de lo que sugieren las cifras que se muestran en estas tablas porque, como hemos dicho antes, una minoría de los asalariados no forma parte de la clase trabajadora, sino que pertenece a la clase media. Naturalmente, la proporción de trabajadores altamente calificados es mucho mayor entre las capas medias que entre la clase trabajadora. En resumen, estos datos apoyan nuestras tesis sobre la composición de la clase trabajadora tal y como la planteamos en el Manifiesto de la CCRI, así como lo hemos descrito con mayor detalle en nuestro libro, El Gran Robo del Sur.

 

Además, el proletariado en los países más pobres es mayor de lo que parecen indicar las cifras de estas estadísticas oficiales. Una proporción considerable de los trabajadores en estos países no se cuentan formalmente como trabajadores asalariados, sino como autónomos, debido al gran sector informal. Sin embargo, de hecho, son parte de la clase trabajadora. [23]

 

En general, la creciente clase trabajadora y otras capas oprimidas son muy heterogéneas en términos de su situación laboral. Los datos de la OIT publicados recientemente sobre la situación laboral de la población activa en su conjunto (es decir, incluidos los trabajadores, los campesinos, los autónomos, los trabajadores familiares no remunerados, los empleadores [aunque los últimos son insignificantes en términos de cifras]) son sumamente interesantes. Según ellos, solo alrededor del 26,4% de los trabajadores tienen un contrato indefinido, alrededor del 13% tienen un contrato temporal o de duración determinada y la mayoría significativa (60,7%) trabaja sin contrato. Naturalmente, también aquí hay grandes diferencias entre la situación de los trabajadores en los viejos países imperialistas y los del Sur. En los viejos países imperialistas ("economías de altos ingresos"), más de las tres cuartas partes de los trabajadores tienen un contrato indefinido (de los cuales menos de dos tercios son a tiempo completo), un 9,3% más son contratados por contratos temporales y solo el 14% trabaja sin contrato. Entre las semicolonias avanzadas y los países imperialistas emergentes (“países de ingresos medios”), casi el 72% de todos los trabajadores están empleados sin contrato, mientras que sólo el 13,7% trabaja con contrato indefinido. En los países semicoloniales menos desarrollados, solo el 5,7% de los trabajadores tienen un contrato permanente, mientras que casi el 87% de los trabajadores no tienen ningún contrato; la mayoría de ellos trabajan como trabajadores por cuenta propia o como trabajadores familiares auxiliares. Entre las semicolonias avanzadas y los países imperialistas emergentes (“países de ingresos medios”), casi el 72% de todos los trabajadores están empleados sin contrato, mientras que sólo el 13,7% trabaja con contrato indefinido. En los países semicoloniales menos desarrollados, solo el 5,7% de los trabajadores tienen un contrato permanente, mientras que casi el 87% de los trabajadores no tienen ningún contrato; la mayoría de ellos trabajan como trabajadores por cuenta propia o como trabajadores familiares auxiliares. Entre las semicolonias avanzadas y los países imperialistas emergentes (“países de ingresos medios”), casi el 72% de todos los trabajadores están empleados sin contrato, mientras que sólo el 13,7% trabaja con contrato indefinido. En los países semicoloniales menos desarrollados, solo el 5,7% de los trabajadores tienen un contrato permanente, mientras que casi el 87% de los trabajadores no tienen ningún contrato; la mayoría de ellos trabajan como trabajadores por cuenta propia o como trabajadores familiares auxiliares. [24]

 

Si calculamos los datos existentes de la OIT para los trabajadores asalariados, llegamos a la conclusión de que solo el 51,2% de todos los trabajadores asalariados tienen un contrato indefinido, mientras que el resto solo están empleados con contratos temporales o sin ningún contrato (ver Tabla 6). Aquí nuevamente, existen diferencias extremas entre los viejos países imperialistas por un lado y los países semicoloniales y las potencias imperialistas emergentes por el otro. En los primeros, aquellos designados por la OIT como “economías de altos ingresos”, la proporción de trabajadores asalariados con contrato indefinido es del 88,1%. Sin embargo, esta proporción es mucho menor en los países del Sur global (30,7% y 32,4%).

 

Tabla 6. Distribución del tipo de contrato de los trabajadores asalariados (%) [25]

 

                                                          Permanente                     Temporal                           Sin contrato

 

Todos los países                            51,2%                                  25,0%                                   23,8%

 

Países de ingresos altos              88,1%                                   10,7%                                   1,3%

 

Países de ingresos medios         30,7%                                  32,3%                                   37,0%

 

Países de bajos ingresos             32,4%                                   42,6%                                  24,8%

 

 

 

Los trabajadores asalariados con contrato indefinido deberían volver a dividirse, comparando a los empleados a tiempo completo y a los que trabajan solo a tiempo parcial. Desafortunadamente, para este tema la OIT proporciona datos solo para los países imperialistas donde solo el 73,7% de todos los trabajadores a tiempo completo tienen un contrato indefinido (pero entre las mujeres la proporción es aún menor, 64,5%).

 

Además, hay que tener en cuenta el creciente número de trabajadores desempleados. El último informe de la OIT da la cifra oficial de 201,3 millones de trabajadores sin trabajo en 2014. Es decir, 5,9% a nivel mundial. [26]

 

Resumamos ahora nuestra breve reseña del proletariado mundial hoy. Hemos demostrado que la clase trabajadora internacional ha cambiado su enfoque hacia el Sur, donde se encuentran aproximadamente las tres cuartas partes de los trabajadores asalariados. Dada la mayor participación de la clase media asalariada en los viejos países imperialistas (en comparación con el Sur), la proporción del proletariado en los países semicoloniales y los países imperialistas emergentes en todo el mundo podría llegar al 80%. Siendo este el caso, podemos concluir que hoy el corazón del proletariado mundial está en el Sur y en particular en Asia.

 

Eso no significa que el proletariado en las viejas metrópolis imperialistas (es decir, los países relativamente ricos de Europa Occidental, América del Norte y Japón) se haya vuelto irrelevante. Nada más lejos de la verdad. El proletariado de Europa Occidental, América del Norte y Japón sigue desempeñando un papel central en la lucha de clases internacional. Pero es vital para los comunistas revolucionarios reconocer la creciente importancia de los países semicoloniales en Asia, América Latina, Medio Oriente y África, así como de los imperialistas emergentes, China (y Rusia). En otras palabras, el proceso de la Revolución Mundial no es uno en el que se ubique el frente y todo el tema se decidirá en los viejos países imperialistas. Más bien, el proletariado en el mundo semicolonial y la China imperialista emergente jugarán un papel decisivo. La Revolución Árabe reforzó esta tesis de la creciente importancia del proletariado semicolonial.

 

Hemos resumido las ramificaciones de estos importantes cambios en la composición de la clase trabajadora mundial en nuestro programa “El Manifiesto Comunista Revolucionario.” Las organizaciones internacionales de trabajadores deben prestar especial atención al Sur. El enorme peso del proletariado del Sur debe reflejarse no solo en su participación masiva en las organizaciones internacionales de trabajadores, sino también en los liderazgos de estas fuerzas. Y cuestiones de particular importancia para la clase obrera del Sur -su superexplotación, sus luchas de liberación nacional contra el imperialismo, etc.- deben jugar un papel central en el trabajo propagandístico y práctico de las organizaciones. [27]

 

 

La miseria del campesinado pobre y de los pobres urbanos

 

Independientemente del crecimiento del proletariado global, los marxistas no deben ignorar el hecho de que casi la mitad de la población trabajadora global - y una clara mayoría en el mundo semicolonial - todavía pertenece al campesinado pobre o la pequeña burguesía urbana. Las cifras de la Tabla 6 dan una indicación sobre la composición social general de la población activa. Sin embargo, aquí también repetimos que, por las razones expuestas anteriormente, la categoría de trabajadores asalariados de la OIT no es sinónimo del concepto marxista de la clase trabajadora. Esta reserva también se aplica a los trabajadores por cuenta propia de la OIT categoría que tampoco es equivalente a la categoría marxista del campesinado no explotador y la pequeña burguesía urbana. No obstante, las cifras que se dan a continuación son aproximaciones útiles.

 

Si dejamos de lado el número muy reducido de capitalistas (empleadores), que son más numerosos en los países imperialistas, vemos que los campesinos y los autónomos (y sus familiares contribuyentes) representan el 55,4% de la población activa en los países del Sur. Sin embargo, incluso aquí hay que hacer importantes distinciones. Por ejemplo, mientras que en la China imperialista emergente la proporción de trabajadores asalariados es del 56% de la población activa y los trabajadores por cuenta propia y sus familiares auxiliares "sólo" el 42,4%, [28] los trabajadores autónomos y sus familiares auxiliares constituyen 80,8% (¡!) De todos los trabajadores en los países semicoloniales menos desarrollados. (Ver Tabla 7)

 

Tabla 7. Porcentaje de estatus en el empleo total, mundo y regiones, 2013 (%) [29]

 

                                             Obreros               Empleadores      Obreros                               Trabajadores

 

                                               Asalariados                                       Autoempleados Familiares

 

Economías

 

avanzadas                          86,3%                  3,6%                    9,0%